Obesidad en el embarazo

La obesidad durante el embarazo–aparte de sus consecuencias para la salud como la diabetes–puede representar el riesgo más alto de dar a luz un bebé atípicamente grande, según investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés). El estudio de estos investigadores se da a conocer en JAMA Pediatrics.

“Nuestros resultados subrayan la importancia de alcanzar un peso corporal saludable antes del embarazo”, dijo Cuilin Zhang, M.D., Ph.D., autora principal del estudio e investigadora de la División de Investigación Intramuros de la Salud de la Población del Instituto Nacional de la Salud Infantil y el Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver de los NIH. “También sugieren que los médicos deben vigilar cuidadosamente los embarazos de todas las mujeres obesas, independientemente de si padecen o no afecciones médicas relacionadas con la obesidad”.

La macrosomía–gran tamaño corporal al nacer–es común entre los niños nacidos de mujeres obesas, especialmente aquellas que padecen de diabetes gestacional (alto contenido de azúcar en la sangre durante el embarazo). La macrosomía aumenta el riesgo de que un bebé sufra una fractura ósea durante el nacimiento. También aumenta la probabilidad de que el bebé necesite nacer por cesárea. Tener un bebé grande también incrementa el riesgo de hemorragia postparto, o sangramiento excesivo al dar a luz, para una madre.

En el estudio actual, los investigadores analizaron ecografías tomadas durante el embarazo de más de 2,800 mujeres embarazadas: 443 mujeres obesas sin afecciones médicas acompañantes, como diabetes, y más de 2300 mujeres no obesas. Los investigadores categorizaron el peso de las mujeres según la puntuación de su índice de masa corporal (IMC). Las mujeres con un IMC entre 30 y 44.9 fueron clasificadas como obesas, mientras que aquellas con un IMC de 29.9 fueron consideradas como no obesas.

A partir de la semana 21 del embarazo, las ecografías revelaron que para los fetos de mujeres obesas, el fémur (hueso del muslo) y el húmero (hueso de la parte superior del brazo) eran más largos que los de los fetos de mujeres no obesas. Las diferencias entre los fetos de mujeres obesas y no obesas continuaron hasta la semana 38 del embarazo. Para los fetos en el grupo obeso, la longitud promedio del fémur fue 0.8 milímetro más larga (aproximadamente 0.03 pulgada), en comparación con el grupo no obeso, y la longitud del húmero fue aproximadamente 1.1 milímetros más larga (aproximadamente 0.04 pulgada), en comparación con el grupo no obeso.

El peso promedio al nacer fue aproximadamente 100 gramos (aproximadamente 0.2 libras) más pesado en el grupo obeso. Además, los bebés nacidos de mujeres obesas tuvieron más probabilidad de ser clasificados como grandes para la edad gestacional (peso al nacer superior al percentil 90), en comparación con los bebés nacidos de mujeres no obesas.

El estudio no pudo determinar exactamente por qué los fetos de mujeres obesas eran más grandes y pesados que los fetos en el grupo no obeso. Los investigadores teorizan que debido a que las mujeres obesas tienen más probabilidad de presentar resistencia a la insulina (dificultad para usar la insulina para hacer descender el nivel de azúcar en la sangre), los niveles más altos de azúcar en la sangre pudieran haber impulsado crecimiento excesivo en sus fetos.

Los autores señalaron que estudios previos han indicado que el riesgo más alto de desarrollo excesivo observado en recién nacidos de mujeres obesas puede predisponer a estos infantes a obesidad y enfermedad cardiovascular posteriormente en la vida. Pidieron la realización de estudios adicionales que den seguimiento a los niños nacidos de mujeres obesas para determinar cuáles problemas de salud pueden enfrentar. (Fuente: NIH/Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development)</p>

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Aumentan valor nutricional del maiz

Científicos de la Universidad Rutgers-Nuevo Brunswick, en Nueva Jersey, Estados Unidos, han encontrado una manera eficiente de aumentar el valor nutricional del maíz, el mayor cultivo de materias primas del mundo, insertando un gen bacteriano que hace que produzca un nutriente clave llamado metionina.

El hallazgo podría beneficiar a millones de personas en países en desarrollo, como Sudamérica y África, que dependen del maíz como alimento básico y podría reducir significativamente los costos de alimentación animal en todo el mundo. El coautor del estudio, Thomas Leustek, profesor del Departamento de Biología Vegetal de la Facultad de Ciencias Ambientales y Biológicas, que ha mejorado el valor nutricional del maíz, el mayor producto cultivado en la Tierra, señala: “La mayoría del maíz se utiliza para la alimentación animal, pero carece de metionina -un aminoácido clave- y encontramos una forma eficaz de añadirlo”.

El estudio, dirigido por José Planta, estudiante de doctorado en el Instituto Waksman de Microbiología, se detalla este lunes en un artículo publicado en la edición digital de Proceedings of the National Academy of Sciences.

La metionina protege las células de los contaminantes y retrasa el envejecimiento celular La metionina, que se encuentra en la carne, es uno de los nueve aminoácidos esenciales que los seres humanos obtienen de los alimentos, según el Centro Nacional de Información Biotecnológica.

Es necesaria para el crecimiento y la reparación de tejidos, mejora el tono y la flexibilidad de la piel y el cabello, y refuerza las uñas. El azufre en la metionina protege las células de los contaminantes, retrasa el envejecimiento celular y es esencial para la absorción de selenio y zinc. Cada año, cuesta varios miles de millones de dólares añadir metionina sintética a la semilla de maíz, que carece de la sustancia en la naturaleza, apunta Joachim Messing, autor del estudio y director el Instituto Waksman de Microbiología.

El otro coautor es Xiaoli Xiang del Departamento de Biología Vegetal de Rutgers y la Academia de Ciencias Agrícolas de Sichuan en China. “Es un proceso costoso y consumidor de energía”, subraya Messing, cuyo laboratorio colaboró con el laboratorio de Leustek para este estudio. “La metionina se añade porque los animales no crecen sin ella, y en muchos países en desarrollo donde el maíz es un alimento básico, la metionina también es importante para las personas, especialmente para los niños”. Incremento de un 60% La alimentación de pollo se prepara normalmente como una mezcla de maíz y soja, y la metionina es el único aminoácido esencial que contiene el azufre que falta, según el estudio.

Los científicos de Rutgers introdujeron un gen bacteriano de E. coli en el genoma de la planta de maíz y cultivaron varias generaciones de maíz. La enzima estimuló la producción de metionina en las hojas de la planta en lugar de toda la planta para evitar la acumulación de subproductos tóxicos, detalla Leustek.

Como resultado, la metionina en los granos de maíz aumentó en un 57%, según los datos de la investigación. Luego, los científicos realizaron una prueba de alimentación de pollos en Rutgers y mostraron que el maíz genéticamente modificado era nutritivo para ellos, destaca Messing. “Para nuestra sorpresa, un resultado importante fue que el crecimiento de las plantas de maíz no se vio afectado”, afirma.

En el mundo desarrollado, incluyendo Estados Unidos, las proteínas de carne generalmente tienen un montón de metionina, describe Leustek; pero en el mundo en desarrollo, los agricultores de subsistencia cultivan maíz para el consumo de sus familias. “Nuestro estudio muestra que no tendrían que comprar suplementos de metionina o alimentos caros que tengan más metionina”, afirma.

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Niño pierde la vista por dieta extrema

Según un informe del caso publicado el pasado 2 de octubre en el portal JAMA NETWORK, los padres del chico de 11 años de ascendencia asiático-oriental le llevaron al hospital después de 8 meses de pérdida progresiva de visión, ceguera nocturna y sensibilidad a la luz.

Su historial médico incluyó un diagnóstico de eccema y múltiples alergias alimentarias. Debido a las preocupaciones sobre los factores desencadenantes de su eccema, los médicos descubrieron que el niño llevaba una dieta restrictiva que consistía únicamente en alimentarse a base de patatas, cerdo, cordero, manzanas, pepino y cereales Cheerios.

¿Qué tienen en común estos alimentos? Que ninguno es una buena fuente de vitamina A. De hecho, cuando los médicos midieron los niveles de vitamina A en la sangre del niño, encontraron que tenía una gran deficiencia. Los niveles sanguíneos de vitamina A del niño eran de 14,3 microgramos por decilitro; cuando el rango normal para esta vitamina es de 25,8 a 48,7.

“La deficiencia de vitamina A es muy común en las zonas más pobres del mundo, donde es una de las principales causas de ceguera”, decía el informe. “Pero en las partes más desarrolladas del mundo, es más raro”.

Aún así, “las personas que tienen dietas muy restringidas como la de este niño están en mayor riesgo de deficiencia de vitamina A y de otras deficiencias nutricionales”. La vitamina A es esencial para la visión ya que ayuda a que ciertas células de los ojos funcionen correctamente, por lo que no obtener suficiente vitamina puede llevar a anormalidades en la retina.

Los alimentos que contienen más vitamina A son las zanahorias, las patatas dulces, las verduras de hoja verde y el pescado. Para tratar la deficiencia de vitamina del niño, se le administró por vía intravenosa una “megadosis” de vitamina A diariamente durante dos días, consistente en 200.000 UI (Una dosis normal de vitamina A para un niño de 11 años es de 2.000 UI al día, según la Clínica Mayo). Seis semanas más tarde, la visión de los ojos del niño había mejorado significativamente, según el informe.

Actualmente, los padres del niño están tomando las medidas necesarias para asegurarse de que su hijo recibe suficiente vitamina A diariamente. Sin embargo, aunque en algunos casos la pérdida de la visión ligada a la deficiencia de vitamina A puede ser revertida, en el caso del niño se ha producido ya una gran pérdida de visión que probablemente será permanente, según dicho informe.

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Alimentos para controlar el apetito

Con el aumento general de los índices de obesidad, modular el apetito mediante la propia alimentación puede ser un gran aliado para la pérdida de peso y una alternativa al uso de medicamentos.
Algunos alimentos generan una sensación de saciedad prolongada y así favorecen el control del apetito.

“Generalmente las fibras y los granos, si se utilizan de manera adecuada, pueden ayudar a moderar el apetito”, afirma Denise Boia, nutricionista del Centro de Tratamiento de la Obesidad Mórbida del Hospital Badim, en Rio de Janeiro, Brasil.
A continuación te presentamos una lista de tres tipos de alimentos que pueden ayudarte con la sensación de saciedad y la pérdida de peso, y que elaboramos con la ayuda de expertos en nutrición.

1. Fibras y granos

Las frutas, las verduras, las legumbres, las leguminosas y los granos como la avena, la linaza, la chía y el sésamo son ricos en fibras solubles y ayudan a modular el apetito.
“En contacto con el agua las fibras solubles aumentan su volumen gástrico y dan una sensación de saciedad”, explica la nutricionista Tainá Gaspar, que trabaja en la reeducación alimentaria.

Para lidiar con los “ataques de hambre” los nutricionistas sugieren tener a mano opciones como uvas pasas, albaricoques o damascos secos, dátiles, nueces de Brasil y fruta deshidratada.
Otras alternativas son las hojas de lechuga o berro y los cereales en general (arroz integral, avena, centeno, cebada, mijo, maíz, quinua, trigo sarraceno), frutos de plantas oleaginosas (nuez de Brasil, nueces, almendras), semillas (chía, linaza, girasol) y frutos secos (albaricoques o damascos, dátiles y uvas pasas), enumera Boia.
“Estos alimentos, además de se una fuente de fibra, son ricos en triptófano, que es un aminoácido que participa en la síntesis de la serotonina, un neurotransmisor que regula el humor y el sueño”, explica Boia.

Además poseen buenas concentraciones de magnesio, cromo, selenio y vitaminas del complejo B. “Estos nutrientes participan en reacciones químicas vitales para el organismo, además de mejorar las defensas del cuerpo”, comenta.

Para aumentar la sensación de saciedad las fibras pueden incluirse en todas las comidas del día, así como en los refrigerios, recomiendan los nutricionistas.

Además, los alimentos ricos en fibras exigen un masticado exhaustivo y permanecen más tiempo en el estómago. “Así, inhiben la producción de grelina, que es una hormona que se produce cuando el estómago está vacío y genera la sensación de hambre”, dice Boia.

2. Proteínas y grasas no saturadas

Tanto las proteínas como las grasas no saturadas retardan el vaciado gástrico, es decir, la salida de los alimentos hacia el intestino, prolongando así la sensación de saciedad durante más tiempo tras las comidas, explica Gaspar.

Las grasas no saturadas ayudan al cuerpo a combatir el colesterol malo.
Entre los alimentos más proteicos están las leguminosas, como las habas, las lentejas, los guisantes, los garbanzos y la soja, además de las carnes, los huevos y los lácteos.

Entre los alimentos ricos en grasas no saturadas están el aguacate, las nueces de Brasil y otras semillas leguminosas, el aceite de oliva y otros aceites vegetales.

Este tipo de grasa, que se encuentra principalmente en los vegetales, también puede tener un efecto positivo en el cuerpo, ayudando al organismo a combatir el colesterol malo, los triglicéridos, y a controlar la presión arterial, además de ayudar a controlar el apetito.

Usados con moderación, estos alimentos pueden tener beneficios para la salud y el bienestar, incluso ayudar a la pérdida de peso, apunta Gaspar. “Además cuando estos nutrientes llegan al intestino, se produce la liberación de una hormona llamada colecistoquinina, que también juega un papel en la generación de saciedad”.

3. Alimentos de acción termogénica

Además de escoger los alimentos que ayudan a controlar el apetito se pueden elegir ingredientes que favorecen una acción termogénica en el organismo; es decir, que aumentan la temperatura corporal y aceleran el metabolismo basal para la producción de energía.
“Así las células de grasa se queman para producir energía”, explica Boia.

La canela es uno de los alimentos que aumentan la temperatura corporal, y así, aceleran el metabolismo basal para la producción de energía.
En general los alimentos que tienen esta característica son condimentos, como detalla a continuación el especialista:
Pimienta roja o chile: tiene la sustancia llamada capsaicina, que ayuda a acelerar la quema de grasa.

Canela: actúa como un hipoglicemiante natural, que ayuda a la quema de grasa al nivelar la glicemia, es decir, la cantidad de glucosa contenida en la sangre.

Cúrcuma: funciona como un antioxidante natural.

Gengibre: además de acelerar la quema de grasas tiene propiedades antiinflamatorias, que ayudan en los casos de obesidad.
“La obesidad es una enfermedad crónica y progresiva que genera inflamación en distintos tejidos del organismo, incluído el hígado y el páncreas, órganos clave de nuestro metabolismo”, explica Boia.

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No desperdiciar la comida, por nuestro bien

La FAO estima que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo (1.300 toneladas) se pierde o se desperdicia. En países desarrollados como España —que desperdicia unos 7,7 millones de toneladas de comida al año—, los alimentos desechados por los hogares, las industrias distribuidoras y el sector de la restauración liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero. En los países en desarrollo, las plagas, las estructuras de almacenamiento defectuosas y las cadenas de suministro ineficientes contribuyen en gran medida a las pérdidas de alimentos.

Esta realidad es especialmente dolorosa en una época en la que casi 800 millones de personas pasan hambre y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros bienes utilizados en la producción de alimentos. Si fuéramos capaces de salvar tan solo una cuarta parte de la comida que actualmente se desperdicia en todo el mundo, sería suficiente para alimentar a todas las personas que sufren de inseguridad alimentaria, sin dejar a nadie atrás.

España desperdicia unos 7,7 millones de toneladas de comida al año
Como parte de nuestro compromiso como embajadores de Buena Voluntad de la ONU, nos hemos involucrado en el proyecto Food Africa del Fondo de Naciones Unidas para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Fondo ODS), que está tratando de mejorar la vida de los habitantes de Kaduna, una región agrícola en el noroeste de Nigeria. En Kaduna, la producción de tomates y otras hortalizas es vital para alimentar a la población, así como para la generación de empleo e ingresos económicos. Lamentablemente, la falta de instalaciones adecuadas para su almacenaje y la limitada información sobre los mercados terminan traduciéndose en pérdidas del 70% de las cosechas cada año.

Junto a varias agencias especializadas de Naciones Unidas (la Organización Mundial de Alimentos, la Organización Mundial del Trabajo y el Centro Internacional de Comercio), el Gobierno regional, empresarios locales y cooperativas de agricultores, estamos trabajando para introducir buenas prácticas sostenibles en la cadena de valor del tomate, reducir las pérdidas de los cultivos e impulsar los beneficios de los pequeños propietarios agrícolas. Gracias a la contribución inicial de España al Fondo ODS, el programa construirá una instalación de procesamiento que servirá también como centro de excelencia para incrementar los beneficios de los agricultores y reducir las pérdidas de las cosechas. El centro, además, proporcionará formación relacionada con la seguridad alimentaria, el planeamiento de nuevos negocios y la diversificación de la producción.

Agricultores de Jere Kaduna toman notas de la demostracion de cocina con los hermanos Roca.
Agricultores de Jere Kaduna toman notas de la demostracion de cocina con los hermanos Roca. SDG FUND
Precisamente, este mismo mes hemos comenzado con los primeros cursos de formación con medio centenar de hombres y mujeres jóvenes agricultores. Con ellos estamos compartiendo técnicas de conservación, preparación y distribución sostenibles para sus producciones de tomate. Además de esta formación práctica y supervisión técnica, estamos explorando también nuevos canales, mercados y consumidores para dirigir parte de la producción local de tomates y darle una salida internacional.

Asimismo, coincidiendo hoy con el Día Mundial de la Alimentación, tendremos el placer de anunciar través de las redes sociales a los ganadores del primer concurso global de cocina sostenible.

Durante seis meses fuimos proponiendo diferentes retos de cocina sostenible para que los participantes las resolvieran a través Facebook, Twitter, YouTube o Instagram a partir de sus propias recetas originales. El resultado ha sido magnífico: hemos recibido más de 2.000 recetas desde todos los rincones del mundo. Y hemos descubierto que hay muchísimas personas comprometidas con la sostenibilidad y la nutrición que, además, son muy creativas en la cocina.

En definitiva, defendemos que alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible relativos a la lucha contra el hambre y para la seguridad alimentaria es una responsabilidad de todos. Los gobiernos y organismos internacionales deben contribuir a reducir al mínimo las pérdidas que se producen durante el almacenamiento y el transporte y disminuir el desperdicio de alimentos de distribuidores y consumidores; aumentar las opciones de los consumidores por medio de un etiquetado apropiado; alentar el compromiso de productores, minoristas y consumidores en todos los países; y lograr avances gracias a nuevos incentivos financieros, promesas colectivas, tecnologías adaptadas a las necesidades locales y cambios en el comportamiento del consumo.

Podemos comprar fruta fea, que es igual de sabrosa, y evitar que termine en la basura de los supermercados
Pero también, todos nosotros, desde nuestros hogares, podemos lograr cambios muy significativos introduciendo pequeñas acciones cotidianas a la hora de elegir y cocinar nuestros alimentos.

Por ejemplo, podemos comprar fruta fea, que es igual de sabrosa y tiene las mismas propiedades, y evitar que termine en el contenedor de la basura de los supermercados.

Es muy recomendable también planificar las comidas de la semana y hacer una lista de la compra detallada; nos evitará las compras compulsivas en el supermercado con productos que no necesitamos y que solo servirían para gastar más dinero y generar más desperdicios.

Si a esto le sumamos el buen uso de todos los productos disponibles en nuestra cocina a través de recetas creativas y saludables, entre todos estaremos aportando los ingredientes necesarios para reducir el desecho de alimentos en el mundo y acercarnos un poco más al objetivo de erradicar el hambre. Es, sin duda, una gran receta.

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Brocoli beneficia ante problemas intestinales

Científicos de la Penn State University (Estados Unidos) han descubierto que el consumo habitual de brócoli, u otras verduras como el repollo o las coles de Bruselas, puede ser beneficioso para evitar problemas intestinales, según los resultados de un estudio en ratones cuyos resultados publica en la revista ‘Journal of Functional Foods’.

“Hay muchas razones por las que queremos ayudar a la salud gastrointestinal, tanto para quienes ya tienen problemas como para evitar otras patologías también relacionadas con la inflamación intestinal, como la artritis o las enfermedades cardiovasculares\”, ha señalado Gary Perdew, principal autor del estudio.

Cuando la función de la pared intestinal está sana el órgano está protegido de toxinas y otros microorganismos que puedan ser perjudiciales, al tiempo que permite a los nutrientes continuar su recorrido.

Y, según Perdew, la clave del proceso puede ser un receptor en el intestino llamado receptor de hidrocarburo Aryl o AHR, que ayuda al cuerpo a regular su reacción a ciertos contaminantes ambientales, así como a desencadenar otras respuestas a la exposición a toxinas.

En su investigación, Perdew y su equipo observaron que algunas verduras como el brócoli, las coles de Bruselas o el repollo contienen un compuesto químico orgánico llamado indol glucosinolato, que se descompone en otros compuestos entre los que se encuentra el indolocarbazol (ICZ) en el estómago.

Cuando el ICZ se une y activa el receptor de hidrocarburo Aryl (AHR) en el revestimiento intestinal, ayuda a mantener un equilibrio saludable en la flora intestinal y la vigilancia inmunológica, y mejora la función de barrera ante los organismos huéspedes, según los investigadores.

Y esto puede ayudar a prevenir determinadas patologías como algunos tumores o enfermedad de Crohn, causada por la inflamación en el revestimiento del intestino.

Según Perdew, la hiperactivación de la AHR puede causar toxicidad, pero el uso de brócoli para activar el receptor localmente –en el intestino– en lugar de sistemáticamente podría ayudar a evitar algunos de estos problemas.

“La dioxina, por ejemplo, activa este receptor, y si lo hiperactiva con dioxina, causará toxicidad. Pero lo interesante es que activándolo localmente y de forma natural no causa una activación sistémica”, ha explicado.

Los investigadores usaron dos líneas genéticas de ratones en el estudio para centrarse en la AHR. Una línea tenía una baja capacidad para unir ICZ a la AHR, mientras que la otra línea tenía una alta capacidad.

Añadieron un 15 por ciento de brócoli a las dietas de ambos grupos de ratones. Y después de añadir una sustancia que causa problemas digestivos, los investigadores dijeron que los ratones con una mayor capacidad para unir ambos compuestos estaban protegidos contra un producto químico que indujo problemas digestivos.

La cantidad utilizada en el estudio equivaldría a 3,5 tazas de brócoli al día, según Perdew. “Ahora parece mucho, pero en realidad no es una gran cantidad si se tiene en cuenta que otras verduras pueden jugar el mismo efecto”, declaro.

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Buscan preservar metabolismo toda la vida

Investigadores han encontrado que, en un modelo de ratón, puede ser posible alcanzar la salud metabólica durante toda la vida. Científicos de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard,

En Boston, Massachusetts, Estados Unidos, descubrieron que los ratones que carecen de proteínas de unión a ácidos grasos (FABP, por sus siglas en inglés) exhiben una protección sustancial contra la obesidad, la inflamación, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y la enfermedad hepática grasa a medida que envejecen frente a roedores con FABP.

Sin embargo, no se detectó que esta notable extensión de la salud metabólica alargue la vida útil

“Desde una perspectiva de salud pública, extender el número de años que las personas son saludables sería un gran logro”, afirma Gökhan S. Hotamisligil, profesor de Genética y Metabolismo y presidente del Departamento de Genética y Enfermedades Complejas y del Centro Sabri Ülker en la Escuela Chan de Harvard.

“Nuestros resultados demuestran que esto puede ser posible a través de un mecanismo que puede traducirse a las poblaciones humanas a través de intervenciones farmacológicas y nutricionales”, agrega este experto, cuyo trabajo se detalla en la edición digital de este martes de ‘Cell Reports’.

Las FABP son proteínas escolta o “chaperones lípidos” que se enclavan en las moléculas de grasa, las transportan dentro de las células y dictan sus efectos biológicos. Trabajos previos del laboratorio de Hotamisligil revelaron que cuando los ratones deficientes en FABP recibían dietas altas en grasas o con alto contenido de colesterol, no desarrollaron diabetes tipo 2, hígado graso o enfermedad cardiaca.

La salud metabólica normalmente se deteriora con la edad y los investigadores creen que esto contribuye a las patologías crónicas asociadas con la edad y la mortalidad. Los estudios han demostrado que las dietas altas en calorías deterioran el metabolismo y aceleran el envejecimiento; por el contrario, se ha demostrado que la restricción calórica previene las enfermedades metabólicas relacionadas con la edad y prolonga la vida útil.

En el nuevo estudio, Hotamisligil, los coprimeros autores Khanichi Charles y Min-Dian Li, y colegas examinaron la función metabólica en múltiples cohortes de ratones carentes de FABP a lo largo de su vida.

Encontraron que la deficiencia de FABP redujo notablemente el aumento de peso relacionado con la edad, la inflamación, el deterioro de la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina y otras disfunciones metabólicas; un efecto que fue más fuertemente detectado en ratones femeninos que en machos.

Sin embargo, sorprendentemente, no encontraron ninguna mejora en la vida ni en la preservación de las funciones musculares, cognitivas o cardiacas con la edad.

Los investigadores observaron similitudes entre las alteraciones en la expresión génica de los tejidos y las firmas de metabolitos en el modelo genético con deficiencia de FABP desarrollado para este estudio y las alteraciones que se producen debido a la restricción de calorías.

Los hallazgos sugieren que puede ser posible imitar parte de los beneficios metabólicos de la restricción de calorías dirigiéndose a FABPs. Además, al examinar las diferencias moleculares entre estos modelos, también puede ser posible identificar otras vías que contribuyen a una mayor esperanza de vida o estrategias alternativas para prevenir enfermedades metabólicas.

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Acido lipoico ayuda el reducir peso

El ácido lipoico -que produce naturalmente nuestro cuerpo y que ingerimos a través de alimentos como el hígado, los tomates, las espinacas o las coles de Bruselas-, así como el ácido graso omega-3 EPA -presente en pescados grasos y pescados azules- favorecen la pérdida de peso y mejoran la inflamación asociada a obesidad. Así lo concluye un estudio llevado a cabo por Ana Elsa Huerta en el Centro de Investigación en Nutrición de la Universidad de Navarra (España).

“El ácido lipoico, junto con una dieta baja en calorías (hipocalórica), podría resultar efectivo para promover tanto la pérdida peso como la pérdida de masa grasa”, detalla la investigadora. “Asimismo”, añade, “la suplementación dietética con ácido lipoico podría mejorar algunos marcadores sistémicos de inflamación relacionados con el riesgo cardiovascular en personas que sufren sobrepeso u obesidad, independientemente de que estas logren o no perder peso con la ingesta adicional de estos suplementos”.

El estudio, que ha formado parte de su tesis doctoral, parece indicar también que el EPA, un ácido graso omega-3, tendría un efecto positivo en la regulación de la leptina, una hormona que participa en los mecanismos de saciedad del cuerpo. Precisamente esta hormona está relaciona con el temido efecto rebote o yo-yó, por el cual tras finalizar una dieta se recupera de nuevo el peso anterior e incluso se supera. “En nuestro trabajo observamos que este ácido puede prevenir la disminución de la leptina, de modo quepodría ser útil paraprevenir esa recuperación del peso anterior que sufren algunas personas al finalizar una dieta”, destaca la nueva doctora de la Facultad de Farmacia y Nutrición.

No obstante, la experta añade que estos trabajos deben completarse con nuevas investigaciones que confirmen si el ácido lipoico ayuda a contrarrestar la inflamación del tejido adiposo (graso): “La obesidad, además de asociarse a un exceso de masa grasa, está ligada a otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas, lo que lleva a pensar que estas pueden tener su origen precisamente en esa inflamación y en el estrés oxidativo. Todas estas premisas deben confirmarse para seguir avanzando en nuevos compuestos efectivos contra la obesidad”.

La tesis doctoral de Ana Elsa Huertas ha estado codirigida por los catedráticos de la Universidad de Navarra María Jesús Moreno Aliaga y Alfredo Martínez, ambos investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn).

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Obesidad infantil multiplicada por 10, desde 1975

La obesidad ataca también a los más pequeños. Las últimas cifras, recogidas hoy por la revista The Lancet, sostienen el incremento considerable ocurrido en las últimas cuatro décadas. Así, la tasa aumentó de menos del 1% (equivalente a cinco millones de niñas y seis millones de niños) en 1975 hasta casi el 6% en las niñas (50 millones) y casi el 8% en los niños (74 millones) en 2016.

El estudio, publicado un mes antes del Día Mundial de la Obesidad (12 de noviembre), analiza el peso y estatura de casi 130 millones de personas mayores de cinco años –31,5 millones de 5 a 19 años y 97,4 millones de 20 años o más–, lo que lo convierte en el estudio epidemiológico con mayor número de participantes.

Los resultados subrayan que el número de obesos de 5 a 19 años de edad aumentó más de diez veces en el mundo, pasando de 11 millones en la década de los 70 a 124 millones el año pasado. Otros 213 millones se registraron con sobrepeso en 2016, pero en un rango por debajo del umbral de la obesidad.

“En las últimas cuatro décadas, las tasas de obesidad en niños y adolescentes se dispararon en el mundo”, explica Majid Ezzati, investigador del Imperial College de Londres y uno de los autores principales del trabajo.

Según los autores, esta tendencia no hace sino reflejar el impacto de la comercialización de ciertos productos en todo el mundo, con alimentos nutritivos saludables demasiado caros para las comunidades pobres.

El estudio llega en un momento en el que muchos gobiernos comienzan a implementar distintas acciones para frenar la obesidad, como los impuestos a las bebidas azucaradas –una política que está demostrando ser eficaz para mejorar las dietas–.

“La obesidad se encuentra en niveles críticos. El resultado es un terrible aumento del sufrimiento humano, que también conlleva enormes costes económicos”, afirma por su parte Michael R. Bloomberg, embajador de la OMS para las enfermedades no transmisibles.

Al desglosar las cifras país por país, el aumento de las tasas de obesidad infantil y adolescente en los estados con altos ingresos se ha ralentizado y estabilizado. Sin embargo, en los países de ingresos bajos y medios, especialmente en Asia, la tasa se ha visto acelerada en los últimos años.

Con respecto a la tasa de obesidad más alta, en 2016 se dio en Polinesia y Micronesia tanto en niños (22,4%) como niñas (25,4%), seguida por la región de habla inglesa con altos ingresos, es decir, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, Irlanda y el Reino Unido.

Las áreas del mundo con el mayor aumento en el número de niños y adolescentes obesos fueron Asia oriental, la región de habla inglesa de altos ingresos, Oriente Medio y África del Norte. Nauru (Micronesia) fue el país con mayor prevalencia de obesidad en las niñas (33,4%) y las Islas Cook (Pacífico Sur) en los niños (33,3%).

En Europa, las niñas de Malta y los niños de Grecia tuvieron las tasas de obesidad más elevadas, con un 11,3 y un 16,7% de la población, respectivamente; mientras que las niñas y niños de Moldavia tuvieron las tasas más bajas, que comprendían el 3,2 y el 5%, respectivamente.

En cuanto al índice de masa corporal (IMC, una medida que indica si el peso de una persona es saludable), el mayor aumento durante las cuatro décadas se dio en Polinesia y Micronesia tanto para niños como para niñas, y en Centroamérica para las niñas.

De hecho, el país con el mayor aumento en el IMC de las niñas fue Samoa (Polinesia), que incrementó este valor en 5,6 kg/m2, y para los niños fue las islas Cook, con un 4,4 kg/m2 más.

El menor aumento en el IMC durante las cuatro décadas cubiertas por el estudio se observó en Europa oriental. En el caso de España, en 1975 la media del IMC de los jóvenes analizados era de 18,80 para los chicos y de 18,57 para las chicas. A pesar de que en 2016 creció hasta alcanzar un 20,13 y un 20,03, respectivamente, los valores continuan en un rango de peso normal.

Pero si los datos son malos ahora, los expertos sostienen que, de continuar las tendencias posteriores al año 2000, los niveles globales de obesidad infantil y adolescente superarán a los de los jóvenes con bajo peso moderado y severo de la misma edad en 2022.

En 2016, el número global de niñas y niños por debajo del peso normal fue de 75 millones y 117 millones, respectivamente. En estas cuatro décadas, el país con la mayor prevalencia de peso insuficiente ha sido la India (24,4% de las niñas y 39,3% de los niños en 1975, y el 22,7 y el 30,7% en 2016).

El problema radica en que los niños y los adolescentes han pasado rápidamente de ser una mayoría con bajo peso a una mayoría con sobrepeso en muchos países de ingresos medios, incluso en Asia oriental, América Latina y el Caribe.

Para los autores, esto refleja un aumento en el consumo de alimentos calóricos, especialmente carbohidratos altamente procesados que conducen al incremento de peso y a pobres resultados de salud.

Desde hace años, la OMS anima a los países a reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, altos en calorías y pobres en nutrientes, así como el tiempo que los niños gastan en actividades de ocio sedentarias. Una alimentación sana y una vida activa ayudarán a acabar con la lacra de la obesidad en las futuras generaciones.

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito OMS

El tiempo del cuerpo, influye en el peso

Un grupo de investigadores estadounidenses han investigado la influencia de las pautas de sueño en los hábitos alimenticios y parece que existe una asociación entre ambos.

El equipo analizó los datos de 110 voluntarios de entre 18 y 22 años, documentando el sueño y los comportamientos circadianos de sus rutinas diarias. Mediante una aplicación, se registró también la ingesta de alimentos a lo largo de siete días. La composición del cuerpo, así como el momento de liberación de la melatonina (que fija el inicio del sueño) se evaluaron en el laboratorio.

Se encontró que los participantes con mayores porcentajes de grasa corporal ingerían una parte importante de las calorías diarias poco antes de acostarse, lo que sugiere que el factor más importante a efectos de adelgazar es separar unas horas la cena y el irse a la cama, lo que daría tiempo al cuerpo para digerirla.

Por el contrario, los voluntarios con porcentajes más bajos de grasa corporal tendían a permanecer despiertos varias horas después de cenar.

“Encontramos que los mayor porcentajes de grasa corporal y más elevados índices de masa corporal estaban asociados al momento de la secreción de la melatonina, el marcador de la noche biológica de la persona, y no con la hora del día, ni con la cantidad o la composición de los alimentos”, afrimó el autor principal Dr. Andrew McHill, de la Oregon Health and Science University,en Portland, Oregon.

“Estos hallazgos sugieren que el momento en que se consumen las calorías, en relación con el propio momento biológico, es más importante para la salud que la hora real del día”, añadió. El estudio se publicó en la revista American Journal of Clinical Nutrition.

A pesar de la juventud de los voluntarios, con lo que la muestra podría no ser representativa, los resultados apuntan que comer conforme a los relojes corporales individuales podría desempeñar un papel importante en el control de peso a largo plazo.

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito American Journal of Clinical Nutrition