Niño pierde la vista por dieta extrema

Según un informe del caso publicado el pasado 2 de octubre en el portal JAMA NETWORK, los padres del chico de 11 años de ascendencia asiático-oriental le llevaron al hospital después de 8 meses de pérdida progresiva de visión, ceguera nocturna y sensibilidad a la luz.

Su historial médico incluyó un diagnóstico de eccema y múltiples alergias alimentarias. Debido a las preocupaciones sobre los factores desencadenantes de su eccema, los médicos descubrieron que el niño llevaba una dieta restrictiva que consistía únicamente en alimentarse a base de patatas, cerdo, cordero, manzanas, pepino y cereales Cheerios.

¿Qué tienen en común estos alimentos? Que ninguno es una buena fuente de vitamina A. De hecho, cuando los médicos midieron los niveles de vitamina A en la sangre del niño, encontraron que tenía una gran deficiencia. Los niveles sanguíneos de vitamina A del niño eran de 14,3 microgramos por decilitro; cuando el rango normal para esta vitamina es de 25,8 a 48,7.

“La deficiencia de vitamina A es muy común en las zonas más pobres del mundo, donde es una de las principales causas de ceguera”, decía el informe. “Pero en las partes más desarrolladas del mundo, es más raro”.

Aún así, “las personas que tienen dietas muy restringidas como la de este niño están en mayor riesgo de deficiencia de vitamina A y de otras deficiencias nutricionales”. La vitamina A es esencial para la visión ya que ayuda a que ciertas células de los ojos funcionen correctamente, por lo que no obtener suficiente vitamina puede llevar a anormalidades en la retina.

Los alimentos que contienen más vitamina A son las zanahorias, las patatas dulces, las verduras de hoja verde y el pescado. Para tratar la deficiencia de vitamina del niño, se le administró por vía intravenosa una “megadosis” de vitamina A diariamente durante dos días, consistente en 200.000 UI (Una dosis normal de vitamina A para un niño de 11 años es de 2.000 UI al día, según la Clínica Mayo). Seis semanas más tarde, la visión de los ojos del niño había mejorado significativamente, según el informe.

Actualmente, los padres del niño están tomando las medidas necesarias para asegurarse de que su hijo recibe suficiente vitamina A diariamente. Sin embargo, aunque en algunos casos la pérdida de la visión ligada a la deficiencia de vitamina A puede ser revertida, en el caso del niño se ha producido ya una gran pérdida de visión que probablemente será permanente, según dicho informe.

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Felicidad influye en la salud

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y apoyado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se basó en testimonios de personas con diferentes niveles de ingresos en nueve países, y ha sido publicado en Globalization and Health, también concluye que las emociones negativas tienen un mayor peso sobre la salud que las emociones positivas.

Tras entrevistar a más de 50.000 personas, los autores argumentan que la felicidad contribuye a tener un mejor estado de salud. El estudio evaluó dos componentes de la felicidad: la felicidad evaluada (cómo de satisfecha está una persona cuando piensa sobre su vida), y la felicidad experimentada (frecuencia e intensidad de las emociones positivas y negativas que siente una persona en su día a día). Así, los resultados mostraron que la felicidad está relacionada con la salud tras controlar el efecto de otros factores como el sexo, la edad, el nivel educativo, el nivel de ingresos, el estado civil y el lugar de residencia.

“La mayoría de la evidencia disponible hasta el momento provenía de países de ingresos altos, principalmente europeos y de Estados Unidos, pero nosotros hemos encontrado que esta relación también se da en países de menores ingresos de Asia, África y América Latina. Esto es importante si tenemos en cuenta que el 85% de la población mundial vive en países de ingresos medios y bajos”, afirma Marta Miret, primera autora del artículo.

Según los investigadores, estos resultados ponen de manifiesto que para mejorar la salud de una población no sólo es necesario elaborar políticas sanitarias. “También es importante realizar intervenciones que ayuden a que las personas se sientan más satisfechas con sus vidas y que pasen menos tiempo realizando actividades que les hacen experimentar menores niveles de felicidad, como disminuir el tiempo que dedican los ciudadanos a los desplazamientos”, ha añadido.

Esto implicaría que, continúa la experta, “el sector sanitario puede colaborar con otros sectores como el sector cultural, de infraestructuras o de planificación urbana con el fin de contribuir a una mejor salud de la población”.

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Relacionan el azucar con el cancer

Científicos del Instituto Flamenco de Biotecnología y las universidades de Bruselas y Lovaina, en Bélgica, han aclarado por qué las células tumorales utilizan elevados niveles de azúcar para seguir creciendo, lo que se conoce como ‘efecto Warburg’, un hallazgo que puede tener un fuerte impacto en la dieta de los pacientes oncológicos.

Así se desprende de los resultados de un trabajo conjunto de investigación de más de 9 años que publica en su último número la revista ‘Nature Communications’, en el que vieron cómo los tumores convierten cantidades significativamente mayores de azúcar en alimento, en comparación con los tejidos sanos.

Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado e incluso utilizado para detectar tumores cerebrales, entre otras aplicaciones. Pero hasta ahora no estaba claro si su efecto era simplemente un síntoma del cáncer, o una causa.

Mientras que investigaciones previas sobre el metabolismo de las células tumorales se ha centrado en sus peculiaridades metabólicas, este estudio aclara el vínculo entre la desviación metabólica y el potencial oncogénico de estas células.

“Nuestra investigación revela cómo el consumo hiperactivo de azúcar de las células cancerosas lleva a un círculo vicioso de estimulación continua del desarrollo y crecimiento del cáncer. Así, es capaz de explicarse la correlación entre la fuerza del ‘efecto Warburg’ y la propia agresividad tumoral”, ha señalado Johan Thevelein.

Además, este vínculo entre el azúcar y el cáncer tiene consecuencias ya que proporciona la base necesaria para investigaciones futuras, pero con un enfoque mucho más preciso, han celebrado.
En este caso la investigación de células de levadura fue esencial ya que estas contienen las mismas proteínas ‘Ras’ que se encuentran habitualmente en muchas células tumorales, que pueden causar cáncer cuando presentan alguna mutación.

Así, utilizando la levadura como un organismo modelo, el equipo de investigación examinó la conexión entre la actividad Ras y el metabolismo altamente activo del azúcar.

“Observamos en la levadura que la degradación del azúcar está ligada a través de la fructosa-1,6-bisfosfato a la activación de las proteínas Ras, que estimulan la multiplicación tanto de células de levadura como en el cáncer”, ha señalado Thevelein.

Además, este experto señala que una de las principales ventajas de haber usado levadura en su estudio es que “no se vio afectada por otros mecanismos alternativos de regulación celular en mamíferos, que puede tapar otros procesos fundamentales subyacentes”.

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Alertan de resistencia contra los medicamentos

Científicos que asistieron a una reciente reunión de la Sociedad Americana de Microbiología informaron que habían descubierto una tendencia muy inquietante: las bacterias que contienen un gen conocido como mcr-1, que confiere resistencia al antibiótico colistina, se habían extendido por todo el mundo a un ritmo alarmante desde su descubrimiento hace 18 meses, informa ‘The Guardian’.

La colistina es conocida como el “antibiótico de último recurso”. En muchas partes del mundo los médicos recurren a su uso porque los pacientes ya no responden a ningún otro agente antimicrobiano. Ahora la resistencia a su uso se está extendiendo por todo el mundo: en una zona de China se descubrió que el 25 % de los pacientes hospitalizados la tenían.

En palabras de la asesora principal de asuntos médicos del Gobierno del Reino Unido, Sally Davies, “el mundo se enfrenta a un apocalipsis de los antibióticos”. A menos que se tomen medidas para detener la propagación de la resistencia a los antimicrobianos y se desarrollen nuevos tipos de antibióticos, podríamos volver a los días en los que las cirugías de rutina, las heridas simples o las infecciones directas podían representar amenazas reales a la vida, según la funcionaria.

Una perturbadora aritmética

De acuerdo con los expertos, la aritmética de esta aterradora perspectiva es clara y perturbadora. En la actualidad cerca de 700.000 personas al año mueren por infecciones resistentes a los medicamentos. Sin embargo, esta cifra mundial está creciendo implacablemente y podría llegar a 10 millones al año para 2050.

El mundo podría enfrentar los mismos riesgos que antes de que Alexander Fleming descubriera la penicilina en 1928. “Las cirugías de rutina, los reemplazos articulares, las cesáreas y la quimioterapia dependen de los antibióticos y también estarán en riesgo”, explicó al diario Jonathan Pearced, del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido. “Las infecciones comunes podrían ser letales de nuevo”, alertó.

En cuanto a las causas de esta creciente amenaza, los científicos apuntan al uso generalizado y excesivo de antibióticos y al fracaso de las compañías farmacéuticas para investigar y desarrollar nuevas fuentes de medicamentos generales para el futuro. Los médicos occidentales están prescribiendo demasiados antibióticos a los pacientes, que a su vez esperan recibir un medicamento para cualquier queja que tengan.

Además, el uso generalizado de los antibióticos como promotores del crecimiento de las aves de corral y el ganado ha fomentado la evolución de cepas resistentes y ahora se han propagado entre los seres humanos.

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Determinan proteina contra la obesidad

Investigadoras del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) de Madrid han identificado una proteína que podría servir como potencial objetivo terapéutico para reducir la obesidad en el futuro.

La investigación, dirigida por las científicas del CNIC Guadalupe Sabio y Nuria Matesanz, ha demostrado que la proteína denominada MKK6 controla la transformación de la grasa blanca —acumuladora de lípidos— en grasa marrón —la que quema los lípidos para mantener nuestra temperatura corporal (reduciendo así la obesidad)—. El estudio, hecho en colaboración con científicos del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de Santiago de Compostela y de la Universidad de Extremadura, se ha publicado esta semana en Nature Communications.

A día de hoy, la obesidad ya se considera epidemia: unos 2.200 millones de personas sufren sobrepeso u obesidad en el mundo. Con la colaboración de investigadores del Hospital Universitario de Salamanca, el grupo de investigación de Guadalupe Sabio analizó muestras de grasa de pacientes obesos y descubrió una proteína, la MKK6, que está presente en mayor cantidad de lo habitual.

Al analizar su funcionamiento, las investigadoras del CNIC encontraron que dicha proteína reduce la transformación de la grasa blanca (acumuladora de lípidos) en grasa marrón, que consume esos lípidos para generar calor. Y es que, la grasa corporal es esencial para mantener el equilibrio energético y ayudar a regular la temperatura del cuerpo, pero no toda la grasa es igual, sino que nuestro metabolismo cuenta con dos tipos de tejido graso: un tejido adiposo blanco que almacena calorías extra, y el marrón o pardo, una grasa ‘buena’ que quema energía para mantener la temperatura adecuada.

La incapacidad de transformar la grasa blanca en parda está causada por la proteína llamada MKK6 La grasa parda puede activarse por el frío y “genera calor en lugar de almacenar grasa”, explica Sabio. Pero lo más interesante es que la grasa blanca normal “puede llegar a transformarse en parda y aumentar así la temperatura corporal”, un hallazgo que ha convertido a la grasa parda en una posible diana terapéutica para tratar de eliminar el sobrepeso.

Según explica Nuria Matesanz, sus resultados indican que “las personas obesas pierden esta capacidad de activar la grasa parda o de transformar la grasa blanca en parda y, por tanto, de perder peso mediante este proceso”. En el estudio, las investigadoras han visto que esta incapacidad de transformar la grasa blanca en parda está causada por la proteína llamada MKK6, que está aumentada en la grasa de las personas obesas.

Con modelos animales han podido demostrar que dicha proteína provoca que la grasa blanca no se pueda transformar en parda. Así, los ratones que carecen de esta proteína tienen una mayor cantidad de grasa parda y, en consecuencia, se encuentran protegidos ante la obesidad al eliminar la energía sobrante en forma de calor.

Las investigadoras han demostrado incluso que la eliminación de esta proteína, una vez los ratones son obesos, serviría para frenar la obesidad y reducir peso. Todos estos datos confirman que la MKK6 podría convertirse en una diana terapéutica en la lucha contra la obesidad.

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito Centro Nacional de Investigacion Cardiovascular Carlos III

Un buen desayuno para proteger las arterias

Un estudio realizado por la Progression and Early Detection of Atherosclerosis (PESA), del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) (España), liderado por su director, Valentín Fuster, determinaron que un desayuno escaso, que contenga menos del 5% de las calorías diarias recomendadas –100 calorías para una dieta de 2.000–, duplica el riesgo de lesiones ateroscleróticas independientemente de los factores de riesgo típicos, como el tabaco, el colesterol elevado y el sedentarismo.

Estos son algunas de las conclusiones de los resultados, publicados en The Journal of American College of Cardiology (JACC) indican que saltarse esta comida podría servir como marcador de unos hábitos alimenticios y de un estilo de vida poco saludables.

En el estudio PESA, más de 4.000 individuos de edad intermedia son controlados a largo plazo mediante técnicas de imagen. A edades tempranas, las placas ateroscleróticas –acumulación de grasas en las paredes de las arterias– ya empiezan a desarrollarse, aunque no haya síntomas. El objetivo de PESA es caracterizar la prevalencia y la tasa de progresión de las lesiones ateroscleróticas latentes –que no han dado ningún síntoma– y estudiar su asociación con factores moleculares y ambientales, incluyendo los hábitos alimentarios, la actividad física, los biorritmos, las características psicosociales y la exposición a contaminantes ambientales.

Los investigadores han analizado la relación entre tres patrones de desayuno y los factores de riesgo cardiovasculares para averiguar si saltarse el desayuno normal se asocia con aterosclerosis subclínica (que no ha dado ningún síntoma). Para ello se analizó la presencia de placas ateroscleróticas en diferentes regiones: arterias carótidas y femorales, aorta y coronarias, en una población sin antecedentes de enfermedad cardiovascular.

En este trabajo, el 20% de los participantes tomaba un desayuno con alto valor energético (20% de las calorías diarias), el 70% un desayuno de bajo valor energético (entre 5% y 20% de las calorías diarias), y un 3% desayunaba muy poco o nada (5% de las calorías diarias).

Estos últimos apenas invertían cinco minutos en desayunar un café o un zumo de naranja, o incluso omitían esta comida. Su dieta era menos saludable y tenían mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular. José María Ordovás, coautor del trabajo, agrega que “no desayunar podría ser un verdadero marcador o incluso un factor de riesgo para estas fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica”.

Gracias a los estudios con ecografía vascular, los investigadores observaron una presencia hasta 1,5 veces mayor en el número de placas ateroscleróticas y una afectación de hasta 2,5 veces más en el grupo que se saltaba el desayuno respecto al que tomaba un desayuno más potente, explica lIrina Uzhova, investigadora del CNIC y primera autora del trabajo.

Estudios poblacionales anteriores han demostrado que desayunar bien está relacionado con menor peso, una dieta más saludable y un menor riesgo de desarrollar factores de riesgo cardiovascular, como colesterol elevado, hipertensión o diabetes.

Además, se sabe que ciertos factores asociados con el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares son modificables mediante cambios en el estilo de vida. Por ello, la dieta es un objetivo principal de las estrategias de prevención.

El coordinador científico del estudio PESA, Antonio Fernández-Ortiz, señala que “necesitamos marcadores de riesgo más precoces y precisos en las fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica que nos permitan mejorar la prevención en el riesgo de sufrir un infarto, un ictus o muerte súbita. Y los resultados de este trabajo contribuyen definitivamente a ello”.

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Acido lipoico ayuda el reducir peso

El ácido lipoico -que produce naturalmente nuestro cuerpo y que ingerimos a través de alimentos como el hígado, los tomates, las espinacas o las coles de Bruselas-, así como el ácido graso omega-3 EPA -presente en pescados grasos y pescados azules- favorecen la pérdida de peso y mejoran la inflamación asociada a obesidad. Así lo concluye un estudio llevado a cabo por Ana Elsa Huerta en el Centro de Investigación en Nutrición de la Universidad de Navarra (España).

“El ácido lipoico, junto con una dieta baja en calorías (hipocalórica), podría resultar efectivo para promover tanto la pérdida peso como la pérdida de masa grasa”, detalla la investigadora. “Asimismo”, añade, “la suplementación dietética con ácido lipoico podría mejorar algunos marcadores sistémicos de inflamación relacionados con el riesgo cardiovascular en personas que sufren sobrepeso u obesidad, independientemente de que estas logren o no perder peso con la ingesta adicional de estos suplementos”.

El estudio, que ha formado parte de su tesis doctoral, parece indicar también que el EPA, un ácido graso omega-3, tendría un efecto positivo en la regulación de la leptina, una hormona que participa en los mecanismos de saciedad del cuerpo. Precisamente esta hormona está relaciona con el temido efecto rebote o yo-yó, por el cual tras finalizar una dieta se recupera de nuevo el peso anterior e incluso se supera. “En nuestro trabajo observamos que este ácido puede prevenir la disminución de la leptina, de modo quepodría ser útil paraprevenir esa recuperación del peso anterior que sufren algunas personas al finalizar una dieta”, destaca la nueva doctora de la Facultad de Farmacia y Nutrición.

No obstante, la experta añade que estos trabajos deben completarse con nuevas investigaciones que confirmen si el ácido lipoico ayuda a contrarrestar la inflamación del tejido adiposo (graso): “La obesidad, además de asociarse a un exceso de masa grasa, está ligada a otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas, lo que lleva a pensar que estas pueden tener su origen precisamente en esa inflamación y en el estrés oxidativo. Todas estas premisas deben confirmarse para seguir avanzando en nuevos compuestos efectivos contra la obesidad”.

La tesis doctoral de Ana Elsa Huertas ha estado codirigida por los catedráticos de la Universidad de Navarra María Jesús Moreno Aliaga y Alfredo Martínez, ambos investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn).

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Investigacion altenativa de leche

Investigadores de la Universidad de Surrey, en Reino Unido, examinaron el contenido de yodo de 47 bebidas alternativas a la leche (incluyendo de soja, almendra, coco, avena, arroz, avellana y cáñamo, para lactantes y niños) y lo comparó con el de la leche de vaca.

Los consumidores de bebidas alternativas a la leche pueden estar en riesgo de deficiencia de yodo, según los resultados de un nuevo estudio que se publica en ‘British Journal of Nutrition’.

Los científicos descubrieron que la mayoría de las bebidas alternativas a la leche no tenían niveles adecuados de yodo, con concentraciones de alrededor del 2 por ciento de las encontradas en la leche de vaca. La leche de vaca y los productos lácteos son la principal fuente de yodo en la dieta de Reino Unido, sin embargo, los resultados del estudio muestran que la mayoría de las bebidas alternativas de leche no son un sustituto adecuado.

Se requiere yodo para producir hormonas tiroideas y es particularmente importante durante el embarazo, ya que es esencial para el desarrollo normal del cerebro fetal. La investigación anterior en esta área realizada por la Universidad de Surrey ha demostrado que el estado bajo del yodo en madres embarazadas se relaciona con coeficiente intelectual más bajo y peor puntuación en lectura en sus niños (hasta 9 años de edad).

La profesora de Medicina Nutricional en la Universidad de Surrey Margaret Rayman señala: “Muchas personas no son conscientes de la necesidad de este mineral vital y es importante que las personas que consumen bebidas alternativas a la leche se den cuenta de que no reemplazarán el yodo de leche de vaca, que es la principal fuente de yodo en Reino Unido, lo que es particularmente importante para las mujeres embarazadas y para quienes planean un embarazo”.

“Un vaso de una bebida alternativa a la leche de vaca sólo proporcionaría alrededor de 2 mcg de yodo, que es una proporción muy pequeña de la ingesta de yodo recomendada por los adultos de 150 mcg/día. En el embarazo, esa recomendación sube a 200 mcg/día”, añade esta investigadora.

La doctora Sarah Bath, profesora de Nutrición en Salud Pública de la Universidad de Surrey y nutricionista, apunta: “Las bebidas alternativas a la leche se utilizan cada vez más como reemplazo de la leche de vaca por una serie de razones que incluyen alergia o intolerancia a la leche de vaca”.

“De manera preocupante, la mayoría de las bebidas alternativas a la leche no están fortificadas con yodo y su contenido de yodo es muy bajo. Si se evita la leche y los productos lácteos, los consumidores deben asegurarse de que obtienen yodo de otras fuentes dietéticas. Si están considerando tomar un suplemento de yodo, se deben evitar las algas marinas que pueden proporcionar cantidades excesivas de yodo”, detalla.

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Flora intestinal influye en el adelgazar

La nueva investigación, publicada en el International Journal of Obesity, ha demostrado que las diferentes proporciones de bacterias intestinales pueden determinar cuánto peso una persona es capaz de perder en determinadas condiciones.

Lo que también sugiere que es inútil pensar en un enfoque generalizado, “talla única”, cara a una alimentación saludable.

Los investigadores, del Departamento de Nutrición, Ejercicio y Deportes de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, examinaron a 62 personas de elevadas tallas de cintura. Los participantes recibieron instrucciones de seguir la “Nueva Dieta Nórdica” (verduras de hoja, bayas, cereales integrales) o la “Dieta Media Danesa” (carne magra, huevos, lechuga, café, sin cereales). A continuación, de les agrupó según los niveles que presentaban de dos tipos diferentes de bacterias intestinales, Prevotella y Bacteroides.

Se encontró que los que tenían una mayor proporción de Prevotella y siguieron la Nueva Dieta Nórdica tuvieron más éxito en el plan de adelgazamiento que los que siguieron la Dieta Media Danesa. Cuando la proporción se invirtió, no hubo diferencia en la pérdida de peso entre las dos dietas.

Del mismo modo, los que tenían niveles más altos de Prevotella también fueron capaces de cambiar la grasa corporal más fácilmente.

“Las bacterias intestinales se han vinculado a la creciente prevalencia de sobrepeso y obesidad, y los científicos han comenzado a investigar el papel que dichas bacterias pueden tener en el tratamiento del sobrepeso. Este es el primer avance que demuestra que ciertas bacterias juegan un papel decisivo en la regulación y pérdida de peso”, explicó el Dr. Arne Astrup, coautor del estudio.

Con carácter general, se puede modificar cualquier desequilibrio en las bacterias intestinales, sustituyendo el azúcar, el alcohol y la cafeína por una dieta saludable, rica en fruta y verduras frescas, y complementada con probióticos, que aumentan la salud intestinal.

Puede valer la pena ver a un nutricionista que evalúe la salud intestinal si se desea una idea más sólida de la propia situación. “Este es un gran paso hacia la nutrición personalizada. La orientación basada en el conocimiento de las bacterias intestinales será probablemente más eficaz que el enfoque de ‘talla única’ que a menudo caracteriza las recomendaciones dietéticas”, afrimó el autor principal, el profesor Dr. Mads Fiil Hjorth.

También se ha destacado que, aunque la muestra del estudio es bastante pequeña, los resultados han sido respaldados por otros dos estudios independientes, lo que avala su fiabilidad.

#NUTRINOTICIAS 📰 International Journal of Obesity

Estar solo sentado, podria matarte

Según la investigación, el riesgo de muerte de las personas sedentarias que no se mueven de la silla es de hasta un 50 por ciento más alto en un periodo de cuatro años. La buena noticia es que hacer una pausa cada media hora, levantarse y caminar un poco ayudaría a reducir ese riesgo.

“Lo más preocupante es que me gusta hacer ejercicio por la mañana y pienso que con eso es suficiente; no lo es, y debería también tener cuidado de no ser sedentario durante periodos largos el resto del día”, apuntó el Dr. Keith Díaz, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y autor del estudio.

“Se trata de algo más que hacer ejercicio”, continuó. “Hay que hacer más. Si se desea tener el riesgo más bajo de morir hay que moverse, ponerse de pie con frecuencia y acabar con los hábitos del sedentarismo. Mucha gente pasa sentada hasta 10 horas al día”.

Pero Díaz advirtió que este estudio, publicado en la revista Annals of Internal Medicine, solo muestra una asociación entre estar sentado y un mayor riesgo de muerte prematura. No puede probar causalidad: que estar sentado provoque el riesgo; y tampoco se sabe exactamente por qué estar sentado durante periodos prolongados se relaciona con ese aumento.

“Hay evidencias que sugieren que quizá se trate de la forma en que el cuerpo gestiona el azúcar en la sangre. Creemos que es a través de algún tipo de problema diabético. Cuando los músculos están inactivos no usan el azúcar de la sangre, y ahora sabemos que el azúcar en la sangre puede tener muy malas consecuencias en el cuerpo. Se cree que un mal control del azúcar en la sangre es una de las formas en que estar sentado aumenta el riesgo de enfermedad cardiaca o muerte”, dijo.

Levantarse y caminar un poco durante unos minutos cada media hora podría ser un cambio conductual importante que quizá reduzca el riesgo de muerte prematura, sugirió Díaz.

En el estudio, Díaz y sus colaboradores revisaron los datos de casi 8.000 adultos de EE. UU. de a partir de 45 años de edad. Los participantes usaron un monitor que midió el tiempo que pasaban sentados.

Los resultados mostraron que de las 16 horas de vigilia de un día, los participantes pasaban poco más de 12 horas sentados. Durante un seguimiento promedio de cuatro años, murieron 340 participantes.

Los que tuvieron el riesgo más bajo de fallecer fueron los que no pasaban más de 30 minutos seguidos sentados.

#NUTRINOTICIAS n Crédito Annals of Internal Medicine