Obesidad en el embarazo

La obesidad durante el embarazo–aparte de sus consecuencias para la salud como la diabetes–puede representar el riesgo más alto de dar a luz un bebé atípicamente grande, según investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés). El estudio de estos investigadores se da a conocer en JAMA Pediatrics.

“Nuestros resultados subrayan la importancia de alcanzar un peso corporal saludable antes del embarazo”, dijo Cuilin Zhang, M.D., Ph.D., autora principal del estudio e investigadora de la División de Investigación Intramuros de la Salud de la Población del Instituto Nacional de la Salud Infantil y el Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver de los NIH. “También sugieren que los médicos deben vigilar cuidadosamente los embarazos de todas las mujeres obesas, independientemente de si padecen o no afecciones médicas relacionadas con la obesidad”.

La macrosomía–gran tamaño corporal al nacer–es común entre los niños nacidos de mujeres obesas, especialmente aquellas que padecen de diabetes gestacional (alto contenido de azúcar en la sangre durante el embarazo). La macrosomía aumenta el riesgo de que un bebé sufra una fractura ósea durante el nacimiento. También aumenta la probabilidad de que el bebé necesite nacer por cesárea. Tener un bebé grande también incrementa el riesgo de hemorragia postparto, o sangramiento excesivo al dar a luz, para una madre.

En el estudio actual, los investigadores analizaron ecografías tomadas durante el embarazo de más de 2,800 mujeres embarazadas: 443 mujeres obesas sin afecciones médicas acompañantes, como diabetes, y más de 2300 mujeres no obesas. Los investigadores categorizaron el peso de las mujeres según la puntuación de su índice de masa corporal (IMC). Las mujeres con un IMC entre 30 y 44.9 fueron clasificadas como obesas, mientras que aquellas con un IMC de 29.9 fueron consideradas como no obesas.

A partir de la semana 21 del embarazo, las ecografías revelaron que para los fetos de mujeres obesas, el fémur (hueso del muslo) y el húmero (hueso de la parte superior del brazo) eran más largos que los de los fetos de mujeres no obesas. Las diferencias entre los fetos de mujeres obesas y no obesas continuaron hasta la semana 38 del embarazo. Para los fetos en el grupo obeso, la longitud promedio del fémur fue 0.8 milímetro más larga (aproximadamente 0.03 pulgada), en comparación con el grupo no obeso, y la longitud del húmero fue aproximadamente 1.1 milímetros más larga (aproximadamente 0.04 pulgada), en comparación con el grupo no obeso.

El peso promedio al nacer fue aproximadamente 100 gramos (aproximadamente 0.2 libras) más pesado en el grupo obeso. Además, los bebés nacidos de mujeres obesas tuvieron más probabilidad de ser clasificados como grandes para la edad gestacional (peso al nacer superior al percentil 90), en comparación con los bebés nacidos de mujeres no obesas.

El estudio no pudo determinar exactamente por qué los fetos de mujeres obesas eran más grandes y pesados que los fetos en el grupo no obeso. Los investigadores teorizan que debido a que las mujeres obesas tienen más probabilidad de presentar resistencia a la insulina (dificultad para usar la insulina para hacer descender el nivel de azúcar en la sangre), los niveles más altos de azúcar en la sangre pudieran haber impulsado crecimiento excesivo en sus fetos.

Los autores señalaron que estudios previos han indicado que el riesgo más alto de desarrollo excesivo observado en recién nacidos de mujeres obesas puede predisponer a estos infantes a obesidad y enfermedad cardiovascular posteriormente en la vida. Pidieron la realización de estudios adicionales que den seguimiento a los niños nacidos de mujeres obesas para determinar cuáles problemas de salud pueden enfrentar. (Fuente: NIH/Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development)</p>

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Aumentan valor nutricional del maiz

Científicos de la Universidad Rutgers-Nuevo Brunswick, en Nueva Jersey, Estados Unidos, han encontrado una manera eficiente de aumentar el valor nutricional del maíz, el mayor cultivo de materias primas del mundo, insertando un gen bacteriano que hace que produzca un nutriente clave llamado metionina.

El hallazgo podría beneficiar a millones de personas en países en desarrollo, como Sudamérica y África, que dependen del maíz como alimento básico y podría reducir significativamente los costos de alimentación animal en todo el mundo. El coautor del estudio, Thomas Leustek, profesor del Departamento de Biología Vegetal de la Facultad de Ciencias Ambientales y Biológicas, que ha mejorado el valor nutricional del maíz, el mayor producto cultivado en la Tierra, señala: “La mayoría del maíz se utiliza para la alimentación animal, pero carece de metionina -un aminoácido clave- y encontramos una forma eficaz de añadirlo”.

El estudio, dirigido por José Planta, estudiante de doctorado en el Instituto Waksman de Microbiología, se detalla este lunes en un artículo publicado en la edición digital de Proceedings of the National Academy of Sciences.

La metionina protege las células de los contaminantes y retrasa el envejecimiento celular La metionina, que se encuentra en la carne, es uno de los nueve aminoácidos esenciales que los seres humanos obtienen de los alimentos, según el Centro Nacional de Información Biotecnológica.

Es necesaria para el crecimiento y la reparación de tejidos, mejora el tono y la flexibilidad de la piel y el cabello, y refuerza las uñas. El azufre en la metionina protege las células de los contaminantes, retrasa el envejecimiento celular y es esencial para la absorción de selenio y zinc. Cada año, cuesta varios miles de millones de dólares añadir metionina sintética a la semilla de maíz, que carece de la sustancia en la naturaleza, apunta Joachim Messing, autor del estudio y director el Instituto Waksman de Microbiología.

El otro coautor es Xiaoli Xiang del Departamento de Biología Vegetal de Rutgers y la Academia de Ciencias Agrícolas de Sichuan en China. “Es un proceso costoso y consumidor de energía”, subraya Messing, cuyo laboratorio colaboró con el laboratorio de Leustek para este estudio. “La metionina se añade porque los animales no crecen sin ella, y en muchos países en desarrollo donde el maíz es un alimento básico, la metionina también es importante para las personas, especialmente para los niños”. Incremento de un 60% La alimentación de pollo se prepara normalmente como una mezcla de maíz y soja, y la metionina es el único aminoácido esencial que contiene el azufre que falta, según el estudio.

Los científicos de Rutgers introdujeron un gen bacteriano de E. coli en el genoma de la planta de maíz y cultivaron varias generaciones de maíz. La enzima estimuló la producción de metionina en las hojas de la planta en lugar de toda la planta para evitar la acumulación de subproductos tóxicos, detalla Leustek.

Como resultado, la metionina en los granos de maíz aumentó en un 57%, según los datos de la investigación. Luego, los científicos realizaron una prueba de alimentación de pollos en Rutgers y mostraron que el maíz genéticamente modificado era nutritivo para ellos, destaca Messing. “Para nuestra sorpresa, un resultado importante fue que el crecimiento de las plantas de maíz no se vio afectado”, afirma.

En el mundo desarrollado, incluyendo Estados Unidos, las proteínas de carne generalmente tienen un montón de metionina, describe Leustek; pero en el mundo en desarrollo, los agricultores de subsistencia cultivan maíz para el consumo de sus familias. “Nuestro estudio muestra que no tendrían que comprar suplementos de metionina o alimentos caros que tengan más metionina”, afirma.

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Paises de america que crecio el hambre

Así lo indica el informe Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2017, que acaba de ser publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

En comparación con el trienio anterior 2,4 millones de personas más pasan hambre en la región, alcanzando así un total de 42,5 millones de personas.

¿Cuántos alimentos se desperdician en América Latina?
Esa población sería similar a la de un país como Argentina: 42 millonesde “personas que no contaron con la cantidad suficiente de alimentos para cubrir sus necesidades calóricas diarias”.

El documento destaca el caso de Venezuela como el más “significativo”: “En ese país la subalimentación creció en 3,9 puntos porcentuales con respecto al trienio inmediatamente anterior”.
En términos absolutos, esto significa un aumento de 1,3 millones de personas subalimentadas en Venezuela, lo que explica más de la mitad del aumento observado en Sudamérica.

Si esta tendencia no se modifica, América Latina y el Caribe no cumplirán con la meta de erradicar el hambre y la malnutrición en 2030, comprometida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
“Vamos por mal camino. La región ha dado un paso atrás importante en una lucha que venía ganando. No podemos tolerar los niveles actuales de hambre y la obesidad, ya que paralizará a toda una generación de latinoamericanos y caribeños”, advirtió el Representante Regional de la FAO, Julio Berdegué.

¿Qué países tienen los mayores y menores índices de subalimentación?

Bolivia tiene uno de los índices de subalimentación más altos de la región, con un 20,2%. Pero esa cifra es menor que en el trienio anterior.

Sin embargo los datos a nivel de país confirman la heterogeneidad de la región, ya que en 21 naciones sí se redujo la subalimentación en el último trienio entre 2014 y 2016.
Este índice es una estimación del porcentaje de la población que no logra cubrir sus requerimientos alimentarios mínimos.

Brasil, Cuba y Uruguay son los países con menor proporción de personas subalimentadas, con menos del 2,5% de la población, un porcentaje que se mantiene igual al menos desde 2010.

Los siguen Argentina, Chile y México, con un porcentaje inferior al 5%.

“Me acuesto llorando porque no tengo nada que darles a mis hijos”: especial de BBC Mundo sobre el impacto de la crisis del hambre en Venezuela

No obstante en Argentina el número de personas subalimentadas subió del 3,4% al 3,6%, alcanzando el mismo nivel que cinco años atrás.

Al otro extremo de la lista se encuentra de lejos Haití, que bajó de un 48,2% a un 46,8%.

Lo preceden Bolivia, con un 20,2%, Nicaragua, con un 17% y Honduras, con un 14,8%.

Aunque en años recientes Perú se ha convertido en un ejemplo mundial de reducción de pobreza, según el informe de la FAO y la PAHO esa progresión se estancó en 2014.

Perú es un ejemplo para el mundo de cómo atacar de forma efectiva el retraso en el crecimiento en los niños.

Así, de acuerdo a las cifras, el índice de subalimentación entre 2004 y 2006 era del 19,6%.

En 10 años el país logró reducir a la mitad esa cifra, alcanzando un 7,6% en el trienio de 2013-2015.
Pero entre 2014 y 2016 ese número se elevó ligeramente hasta un 7,9%.
Cómo Perú atacó la desnutrición crónica en niños y se convirtió en un ejemplo mundial según Bill Gates

Cómo Perú deslumbró al mundo al reducir más de 50% de la pobreza en 10 años

¿Y si comparamos la situación actual con la de hace una década?
A pesar de que 21 países de la región redujeron el índice de subalimentación en el último trienio, si comparamos las cifras actuales con las de hace una década encontramos casos en los que la situación es peor.

Venezuela es uno de cuatro países en América Latina en los que más gente pasa hambre ahora que hace 10 años.

Hay cuatro países en América Latina en los que más gente pasa hambre ahora que hace 10 años:

Costa Rica, que pasó de un 5,4 a un 5,6%

El Salvador, que pasó de un 10,7 a un 12,3%

Paraguay, que pasó de un 11,9 a un 12%

Venezuela, que pasó de un 10,5 a un 13%, la mayor diferencia negativa en la región.

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito BBC / FAO / OMS

Determinan proteina contra la obesidad

Investigadoras del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) de Madrid han identificado una proteína que podría servir como potencial objetivo terapéutico para reducir la obesidad en el futuro.

La investigación, dirigida por las científicas del CNIC Guadalupe Sabio y Nuria Matesanz, ha demostrado que la proteína denominada MKK6 controla la transformación de la grasa blanca —acumuladora de lípidos— en grasa marrón —la que quema los lípidos para mantener nuestra temperatura corporal (reduciendo así la obesidad)—. El estudio, hecho en colaboración con científicos del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de Santiago de Compostela y de la Universidad de Extremadura, se ha publicado esta semana en Nature Communications.

A día de hoy, la obesidad ya se considera epidemia: unos 2.200 millones de personas sufren sobrepeso u obesidad en el mundo. Con la colaboración de investigadores del Hospital Universitario de Salamanca, el grupo de investigación de Guadalupe Sabio analizó muestras de grasa de pacientes obesos y descubrió una proteína, la MKK6, que está presente en mayor cantidad de lo habitual.

Al analizar su funcionamiento, las investigadoras del CNIC encontraron que dicha proteína reduce la transformación de la grasa blanca (acumuladora de lípidos) en grasa marrón, que consume esos lípidos para generar calor. Y es que, la grasa corporal es esencial para mantener el equilibrio energético y ayudar a regular la temperatura del cuerpo, pero no toda la grasa es igual, sino que nuestro metabolismo cuenta con dos tipos de tejido graso: un tejido adiposo blanco que almacena calorías extra, y el marrón o pardo, una grasa ‘buena’ que quema energía para mantener la temperatura adecuada.

La incapacidad de transformar la grasa blanca en parda está causada por la proteína llamada MKK6 La grasa parda puede activarse por el frío y “genera calor en lugar de almacenar grasa”, explica Sabio. Pero lo más interesante es que la grasa blanca normal “puede llegar a transformarse en parda y aumentar así la temperatura corporal”, un hallazgo que ha convertido a la grasa parda en una posible diana terapéutica para tratar de eliminar el sobrepeso.

Según explica Nuria Matesanz, sus resultados indican que “las personas obesas pierden esta capacidad de activar la grasa parda o de transformar la grasa blanca en parda y, por tanto, de perder peso mediante este proceso”. En el estudio, las investigadoras han visto que esta incapacidad de transformar la grasa blanca en parda está causada por la proteína llamada MKK6, que está aumentada en la grasa de las personas obesas.

Con modelos animales han podido demostrar que dicha proteína provoca que la grasa blanca no se pueda transformar en parda. Así, los ratones que carecen de esta proteína tienen una mayor cantidad de grasa parda y, en consecuencia, se encuentran protegidos ante la obesidad al eliminar la energía sobrante en forma de calor.

Las investigadoras han demostrado incluso que la eliminación de esta proteína, una vez los ratones son obesos, serviría para frenar la obesidad y reducir peso. Todos estos datos confirman que la MKK6 podría convertirse en una diana terapéutica en la lucha contra la obesidad.

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito Centro Nacional de Investigacion Cardiovascular Carlos III

Te negro mejora la salud y adelgaza

Un nuevo estudio trae a la palestra el té negro, el de siempre, como un buen ayudante para desprenderse de unos cuantos kilos, acelerando el metabolismo. Además, siempre según la investigación, llevada a cabo en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), la infusión favorece la salud intestinal.

Para el estudio, los científicos utilizaron ratones a los que se dividió en cuatro grupos en función de las dietas a que se sometieron: baja en grasas, azúcares altos; alta en grasas y azúcares; alta en grasas, azúcares y extracto de té verde; alta en grasas, azúcares y extracto de té negro. Se pesó a los ratones durante una semana.

Lleno de antioxidantes y muchas otras sustancias, el té verde es una de las bebidas más saludables que existen.

Los resultados mostraron que al final del estudio, los ratones a quienes se suministró extractos de los tés habían adelgazado lo mismo que los que se vieron sometidos a la dieta baja en grasas. Y que, además, los que tomaron extracto de té negro también presentaron una cantidad mayor de Pseudobutyrivibrio -una bacteria que influye en el metabolismo- en sus organismos.

Es la primera vez que el té negro se equipara al té verde en lo referente a la salud intestinal.

“Sabíamos que los polifenoles del té verde son más efectivos y tienen más beneficios que los del té negro, pues los compuestos químicos verdes se absorben mejor por la sangre y los tejidos. Nuestros hallazgos muestran que el té negro puede también contribuir, a través de un mecanismo específico de la flora intestinal (o microbioma) a una mejor salud y a la pérdida de peso en humanos”, dijo la Dra. Susanne Henning, autora del estudio. Y añadió que “los amantes del té negro tienen una nueva razón para no cambiarse al verde”.

Eso sí, hay una cortapisa: el té debe tomarse sin leche, lo que es una mala noticia para quienes lo toman con la clásica nube. Los autores recalcan que si bien estos hallazgos podrían avalar el té negro como ayuda para adelgazar, los ratones son muy diferentes a nosotros y la única manera cien por cien segura de adelgazar es una dieta equilibrada y sana complementada con ejercicio.

El estudio se publicó en la revista European Journal of Nutrition.

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito UCLA

Buscan preservar metabolismo toda la vida

Investigadores han encontrado que, en un modelo de ratón, puede ser posible alcanzar la salud metabólica durante toda la vida. Científicos de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard,

En Boston, Massachusetts, Estados Unidos, descubrieron que los ratones que carecen de proteínas de unión a ácidos grasos (FABP, por sus siglas en inglés) exhiben una protección sustancial contra la obesidad, la inflamación, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y la enfermedad hepática grasa a medida que envejecen frente a roedores con FABP.

Sin embargo, no se detectó que esta notable extensión de la salud metabólica alargue la vida útil

“Desde una perspectiva de salud pública, extender el número de años que las personas son saludables sería un gran logro”, afirma Gökhan S. Hotamisligil, profesor de Genética y Metabolismo y presidente del Departamento de Genética y Enfermedades Complejas y del Centro Sabri Ülker en la Escuela Chan de Harvard.

“Nuestros resultados demuestran que esto puede ser posible a través de un mecanismo que puede traducirse a las poblaciones humanas a través de intervenciones farmacológicas y nutricionales”, agrega este experto, cuyo trabajo se detalla en la edición digital de este martes de ‘Cell Reports’.

Las FABP son proteínas escolta o “chaperones lípidos” que se enclavan en las moléculas de grasa, las transportan dentro de las células y dictan sus efectos biológicos. Trabajos previos del laboratorio de Hotamisligil revelaron que cuando los ratones deficientes en FABP recibían dietas altas en grasas o con alto contenido de colesterol, no desarrollaron diabetes tipo 2, hígado graso o enfermedad cardiaca.

La salud metabólica normalmente se deteriora con la edad y los investigadores creen que esto contribuye a las patologías crónicas asociadas con la edad y la mortalidad. Los estudios han demostrado que las dietas altas en calorías deterioran el metabolismo y aceleran el envejecimiento; por el contrario, se ha demostrado que la restricción calórica previene las enfermedades metabólicas relacionadas con la edad y prolonga la vida útil.

En el nuevo estudio, Hotamisligil, los coprimeros autores Khanichi Charles y Min-Dian Li, y colegas examinaron la función metabólica en múltiples cohortes de ratones carentes de FABP a lo largo de su vida.

Encontraron que la deficiencia de FABP redujo notablemente el aumento de peso relacionado con la edad, la inflamación, el deterioro de la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina y otras disfunciones metabólicas; un efecto que fue más fuertemente detectado en ratones femeninos que en machos.

Sin embargo, sorprendentemente, no encontraron ninguna mejora en la vida ni en la preservación de las funciones musculares, cognitivas o cardiacas con la edad.

Los investigadores observaron similitudes entre las alteraciones en la expresión génica de los tejidos y las firmas de metabolitos en el modelo genético con deficiencia de FABP desarrollado para este estudio y las alteraciones que se producen debido a la restricción de calorías.

Los hallazgos sugieren que puede ser posible imitar parte de los beneficios metabólicos de la restricción de calorías dirigiéndose a FABPs. Además, al examinar las diferencias moleculares entre estos modelos, también puede ser posible identificar otras vías que contribuyen a una mayor esperanza de vida o estrategias alternativas para prevenir enfermedades metabólicas.

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Argentina, primero en obesidad en America Latina

El reciente informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no es alentador para Argentina, y es que el país terminó en primer lugar entre los más obesos de Latinoamérica.

Todavía más preocupante, aparece la cifra de obesidad infantil en el país, que asciende al 27,8% de los menores.

En primer lugar, los expertos ponen a la mala alimentación como uno de los principales causantes de esta epidemia de escala global. En segundo término, la OMS señala que la falta de ejercicio es uno de los pilares en la obesidad, tanto en adultos como niños. Por último, la Organización apunta a la calidad de los alimentos y el abuso del consumo de bebidas endulzadas artificialmente, como dos factores a tener en cuenta si se quiere revertir la situación.

Por lo expuesto, los expertos de la OMS realizaron una serie de recomendaciones para las poblaciones con los mayores indicadores de obesidad en nuestro continente. En el caso de Argentina, apuntan a reemplazar el consumo de carne de res, que a la fecha asciende a 57 kilos per cápita en lo que va de 2017.

Hilando fino, los expertos apuntan a reemplazar los cortes más baratos (a los que acceden las clases populares), por otros tipos de carne magros, como el pollo o el pescado. Es que Argentina tiene un mar muy rico en alimentos, así como una extensiva producción de aves de corral, lo que podría favorecer el reemplazo de la carne de res por una opción más saludable, como la carne de pavo.

Mejorar su conocimiento sobre los tipos de calorías que está consumiendo. En el caso de no disponer del tiempo existen aplicaciones para todo tipo de dispositivo</a>, que ayudan a regular el peso mediante una dieta fácil de seguir. Además, muchos de estos programas están relacionados con otros que ofrecen rutinas de ejercicio muy completas, con la posibilidad de llevar un registro de su progreso a lo largo del tiempo. Las claves para mantener o bajar de peso es alimentarse adecuadamente para la cantidad de energía que necesitamos diariamente, pero además realizar ejercicio para quemar todo exceso.

Además, es muy importante alejarse de algunos platos tradicionales argentinos, cuya composición incluye grasas saturadas y otros ingredientes asociados al incremento de peso, como son el asado (cortes grasos como la entraña o achuras), las empanadas, pastelería frita, el dulce de leche y muchos otros. Una buena opción para reemplazarlas es la gastronomía japonesa.

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Un buen desayuno para proteger las arterias

Un estudio realizado por la Progression and Early Detection of Atherosclerosis (PESA), del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) (España), liderado por su director, Valentín Fuster, determinaron que un desayuno escaso, que contenga menos del 5% de las calorías diarias recomendadas –100 calorías para una dieta de 2.000–, duplica el riesgo de lesiones ateroscleróticas independientemente de los factores de riesgo típicos, como el tabaco, el colesterol elevado y el sedentarismo.

Estos son algunas de las conclusiones de los resultados, publicados en The Journal of American College of Cardiology (JACC) indican que saltarse esta comida podría servir como marcador de unos hábitos alimenticios y de un estilo de vida poco saludables.

En el estudio PESA, más de 4.000 individuos de edad intermedia son controlados a largo plazo mediante técnicas de imagen. A edades tempranas, las placas ateroscleróticas –acumulación de grasas en las paredes de las arterias– ya empiezan a desarrollarse, aunque no haya síntomas. El objetivo de PESA es caracterizar la prevalencia y la tasa de progresión de las lesiones ateroscleróticas latentes –que no han dado ningún síntoma– y estudiar su asociación con factores moleculares y ambientales, incluyendo los hábitos alimentarios, la actividad física, los biorritmos, las características psicosociales y la exposición a contaminantes ambientales.

Los investigadores han analizado la relación entre tres patrones de desayuno y los factores de riesgo cardiovasculares para averiguar si saltarse el desayuno normal se asocia con aterosclerosis subclínica (que no ha dado ningún síntoma). Para ello se analizó la presencia de placas ateroscleróticas en diferentes regiones: arterias carótidas y femorales, aorta y coronarias, en una población sin antecedentes de enfermedad cardiovascular.

En este trabajo, el 20% de los participantes tomaba un desayuno con alto valor energético (20% de las calorías diarias), el 70% un desayuno de bajo valor energético (entre 5% y 20% de las calorías diarias), y un 3% desayunaba muy poco o nada (5% de las calorías diarias).

Estos últimos apenas invertían cinco minutos en desayunar un café o un zumo de naranja, o incluso omitían esta comida. Su dieta era menos saludable y tenían mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular. José María Ordovás, coautor del trabajo, agrega que “no desayunar podría ser un verdadero marcador o incluso un factor de riesgo para estas fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica”.

Gracias a los estudios con ecografía vascular, los investigadores observaron una presencia hasta 1,5 veces mayor en el número de placas ateroscleróticas y una afectación de hasta 2,5 veces más en el grupo que se saltaba el desayuno respecto al que tomaba un desayuno más potente, explica lIrina Uzhova, investigadora del CNIC y primera autora del trabajo.

Estudios poblacionales anteriores han demostrado que desayunar bien está relacionado con menor peso, una dieta más saludable y un menor riesgo de desarrollar factores de riesgo cardiovascular, como colesterol elevado, hipertensión o diabetes.

Además, se sabe que ciertos factores asociados con el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares son modificables mediante cambios en el estilo de vida. Por ello, la dieta es un objetivo principal de las estrategias de prevención.

El coordinador científico del estudio PESA, Antonio Fernández-Ortiz, señala que “necesitamos marcadores de riesgo más precoces y precisos en las fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica que nos permitan mejorar la prevención en el riesgo de sufrir un infarto, un ictus o muerte súbita. Y los resultados de este trabajo contribuyen definitivamente a ello”.

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Acido lipoico ayuda el reducir peso

El ácido lipoico -que produce naturalmente nuestro cuerpo y que ingerimos a través de alimentos como el hígado, los tomates, las espinacas o las coles de Bruselas-, así como el ácido graso omega-3 EPA -presente en pescados grasos y pescados azules- favorecen la pérdida de peso y mejoran la inflamación asociada a obesidad. Así lo concluye un estudio llevado a cabo por Ana Elsa Huerta en el Centro de Investigación en Nutrición de la Universidad de Navarra (España).

“El ácido lipoico, junto con una dieta baja en calorías (hipocalórica), podría resultar efectivo para promover tanto la pérdida peso como la pérdida de masa grasa”, detalla la investigadora. “Asimismo”, añade, “la suplementación dietética con ácido lipoico podría mejorar algunos marcadores sistémicos de inflamación relacionados con el riesgo cardiovascular en personas que sufren sobrepeso u obesidad, independientemente de que estas logren o no perder peso con la ingesta adicional de estos suplementos”.

El estudio, que ha formado parte de su tesis doctoral, parece indicar también que el EPA, un ácido graso omega-3, tendría un efecto positivo en la regulación de la leptina, una hormona que participa en los mecanismos de saciedad del cuerpo. Precisamente esta hormona está relaciona con el temido efecto rebote o yo-yó, por el cual tras finalizar una dieta se recupera de nuevo el peso anterior e incluso se supera. “En nuestro trabajo observamos que este ácido puede prevenir la disminución de la leptina, de modo quepodría ser útil paraprevenir esa recuperación del peso anterior que sufren algunas personas al finalizar una dieta”, destaca la nueva doctora de la Facultad de Farmacia y Nutrición.

No obstante, la experta añade que estos trabajos deben completarse con nuevas investigaciones que confirmen si el ácido lipoico ayuda a contrarrestar la inflamación del tejido adiposo (graso): “La obesidad, además de asociarse a un exceso de masa grasa, está ligada a otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas, lo que lleva a pensar que estas pueden tener su origen precisamente en esa inflamación y en el estrés oxidativo. Todas estas premisas deben confirmarse para seguir avanzando en nuevos compuestos efectivos contra la obesidad”.

La tesis doctoral de Ana Elsa Huertas ha estado codirigida por los catedráticos de la Universidad de Navarra María Jesús Moreno Aliaga y Alfredo Martínez, ambos investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn).

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito U. Navarra

Obesidad infantil multiplicada por 10, desde 1975

La obesidad ataca también a los más pequeños. Las últimas cifras, recogidas hoy por la revista The Lancet, sostienen el incremento considerable ocurrido en las últimas cuatro décadas. Así, la tasa aumentó de menos del 1% (equivalente a cinco millones de niñas y seis millones de niños) en 1975 hasta casi el 6% en las niñas (50 millones) y casi el 8% en los niños (74 millones) en 2016.

El estudio, publicado un mes antes del Día Mundial de la Obesidad (12 de noviembre), analiza el peso y estatura de casi 130 millones de personas mayores de cinco años –31,5 millones de 5 a 19 años y 97,4 millones de 20 años o más–, lo que lo convierte en el estudio epidemiológico con mayor número de participantes.

Los resultados subrayan que el número de obesos de 5 a 19 años de edad aumentó más de diez veces en el mundo, pasando de 11 millones en la década de los 70 a 124 millones el año pasado. Otros 213 millones se registraron con sobrepeso en 2016, pero en un rango por debajo del umbral de la obesidad.

“En las últimas cuatro décadas, las tasas de obesidad en niños y adolescentes se dispararon en el mundo”, explica Majid Ezzati, investigador del Imperial College de Londres y uno de los autores principales del trabajo.

Según los autores, esta tendencia no hace sino reflejar el impacto de la comercialización de ciertos productos en todo el mundo, con alimentos nutritivos saludables demasiado caros para las comunidades pobres.

El estudio llega en un momento en el que muchos gobiernos comienzan a implementar distintas acciones para frenar la obesidad, como los impuestos a las bebidas azucaradas –una política que está demostrando ser eficaz para mejorar las dietas–.

“La obesidad se encuentra en niveles críticos. El resultado es un terrible aumento del sufrimiento humano, que también conlleva enormes costes económicos”, afirma por su parte Michael R. Bloomberg, embajador de la OMS para las enfermedades no transmisibles.

Al desglosar las cifras país por país, el aumento de las tasas de obesidad infantil y adolescente en los estados con altos ingresos se ha ralentizado y estabilizado. Sin embargo, en los países de ingresos bajos y medios, especialmente en Asia, la tasa se ha visto acelerada en los últimos años.

Con respecto a la tasa de obesidad más alta, en 2016 se dio en Polinesia y Micronesia tanto en niños (22,4%) como niñas (25,4%), seguida por la región de habla inglesa con altos ingresos, es decir, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, Irlanda y el Reino Unido.

Las áreas del mundo con el mayor aumento en el número de niños y adolescentes obesos fueron Asia oriental, la región de habla inglesa de altos ingresos, Oriente Medio y África del Norte. Nauru (Micronesia) fue el país con mayor prevalencia de obesidad en las niñas (33,4%) y las Islas Cook (Pacífico Sur) en los niños (33,3%).

En Europa, las niñas de Malta y los niños de Grecia tuvieron las tasas de obesidad más elevadas, con un 11,3 y un 16,7% de la población, respectivamente; mientras que las niñas y niños de Moldavia tuvieron las tasas más bajas, que comprendían el 3,2 y el 5%, respectivamente.

En cuanto al índice de masa corporal (IMC, una medida que indica si el peso de una persona es saludable), el mayor aumento durante las cuatro décadas se dio en Polinesia y Micronesia tanto para niños como para niñas, y en Centroamérica para las niñas.

De hecho, el país con el mayor aumento en el IMC de las niñas fue Samoa (Polinesia), que incrementó este valor en 5,6 kg/m2, y para los niños fue las islas Cook, con un 4,4 kg/m2 más.

El menor aumento en el IMC durante las cuatro décadas cubiertas por el estudio se observó en Europa oriental. En el caso de España, en 1975 la media del IMC de los jóvenes analizados era de 18,80 para los chicos y de 18,57 para las chicas. A pesar de que en 2016 creció hasta alcanzar un 20,13 y un 20,03, respectivamente, los valores continuan en un rango de peso normal.

Pero si los datos son malos ahora, los expertos sostienen que, de continuar las tendencias posteriores al año 2000, los niveles globales de obesidad infantil y adolescente superarán a los de los jóvenes con bajo peso moderado y severo de la misma edad en 2022.

En 2016, el número global de niñas y niños por debajo del peso normal fue de 75 millones y 117 millones, respectivamente. En estas cuatro décadas, el país con la mayor prevalencia de peso insuficiente ha sido la India (24,4% de las niñas y 39,3% de los niños en 1975, y el 22,7 y el 30,7% en 2016).

El problema radica en que los niños y los adolescentes han pasado rápidamente de ser una mayoría con bajo peso a una mayoría con sobrepeso en muchos países de ingresos medios, incluso en Asia oriental, América Latina y el Caribe.

Para los autores, esto refleja un aumento en el consumo de alimentos calóricos, especialmente carbohidratos altamente procesados que conducen al incremento de peso y a pobres resultados de salud.

Desde hace años, la OMS anima a los países a reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, altos en calorías y pobres en nutrientes, así como el tiempo que los niños gastan en actividades de ocio sedentarias. Una alimentación sana y una vida activa ayudarán a acabar con la lacra de la obesidad en las futuras generaciones.

#NUTRINOTICIAS 📰 Crédito OMS