Obesidad en el embarazo

La obesidad durante el embarazo–aparte de sus consecuencias para la salud como la diabetes–puede representar el riesgo más alto de dar a luz un bebé atípicamente grande, según investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés). El estudio de estos investigadores se da a conocer en JAMA Pediatrics.

“Nuestros resultados subrayan la importancia de alcanzar un peso corporal saludable antes del embarazo”, dijo Cuilin Zhang, M.D., Ph.D., autora principal del estudio e investigadora de la División de Investigación Intramuros de la Salud de la Población del Instituto Nacional de la Salud Infantil y el Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver de los NIH. “También sugieren que los médicos deben vigilar cuidadosamente los embarazos de todas las mujeres obesas, independientemente de si padecen o no afecciones médicas relacionadas con la obesidad”.

La macrosomía–gran tamaño corporal al nacer–es común entre los niños nacidos de mujeres obesas, especialmente aquellas que padecen de diabetes gestacional (alto contenido de azúcar en la sangre durante el embarazo). La macrosomía aumenta el riesgo de que un bebé sufra una fractura ósea durante el nacimiento. También aumenta la probabilidad de que el bebé necesite nacer por cesárea. Tener un bebé grande también incrementa el riesgo de hemorragia postparto, o sangramiento excesivo al dar a luz, para una madre.

En el estudio actual, los investigadores analizaron ecografías tomadas durante el embarazo de más de 2,800 mujeres embarazadas: 443 mujeres obesas sin afecciones médicas acompañantes, como diabetes, y más de 2300 mujeres no obesas. Los investigadores categorizaron el peso de las mujeres según la puntuación de su índice de masa corporal (IMC). Las mujeres con un IMC entre 30 y 44.9 fueron clasificadas como obesas, mientras que aquellas con un IMC de 29.9 fueron consideradas como no obesas.

A partir de la semana 21 del embarazo, las ecografías revelaron que para los fetos de mujeres obesas, el fémur (hueso del muslo) y el húmero (hueso de la parte superior del brazo) eran más largos que los de los fetos de mujeres no obesas. Las diferencias entre los fetos de mujeres obesas y no obesas continuaron hasta la semana 38 del embarazo. Para los fetos en el grupo obeso, la longitud promedio del fémur fue 0.8 milímetro más larga (aproximadamente 0.03 pulgada), en comparación con el grupo no obeso, y la longitud del húmero fue aproximadamente 1.1 milímetros más larga (aproximadamente 0.04 pulgada), en comparación con el grupo no obeso.

El peso promedio al nacer fue aproximadamente 100 gramos (aproximadamente 0.2 libras) más pesado en el grupo obeso. Además, los bebés nacidos de mujeres obesas tuvieron más probabilidad de ser clasificados como grandes para la edad gestacional (peso al nacer superior al percentil 90), en comparación con los bebés nacidos de mujeres no obesas.

El estudio no pudo determinar exactamente por qué los fetos de mujeres obesas eran más grandes y pesados que los fetos en el grupo no obeso. Los investigadores teorizan que debido a que las mujeres obesas tienen más probabilidad de presentar resistencia a la insulina (dificultad para usar la insulina para hacer descender el nivel de azúcar en la sangre), los niveles más altos de azúcar en la sangre pudieran haber impulsado crecimiento excesivo en sus fetos.

Los autores señalaron que estudios previos han indicado que el riesgo más alto de desarrollo excesivo observado en recién nacidos de mujeres obesas puede predisponer a estos infantes a obesidad y enfermedad cardiovascular posteriormente en la vida. Pidieron la realización de estudios adicionales que den seguimiento a los niños nacidos de mujeres obesas para determinar cuáles problemas de salud pueden enfrentar. (Fuente: NIH/Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development)</p>

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Aumentan valor nutricional del maiz

Científicos de la Universidad Rutgers-Nuevo Brunswick, en Nueva Jersey, Estados Unidos, han encontrado una manera eficiente de aumentar el valor nutricional del maíz, el mayor cultivo de materias primas del mundo, insertando un gen bacteriano que hace que produzca un nutriente clave llamado metionina.

El hallazgo podría beneficiar a millones de personas en países en desarrollo, como Sudamérica y África, que dependen del maíz como alimento básico y podría reducir significativamente los costos de alimentación animal en todo el mundo. El coautor del estudio, Thomas Leustek, profesor del Departamento de Biología Vegetal de la Facultad de Ciencias Ambientales y Biológicas, que ha mejorado el valor nutricional del maíz, el mayor producto cultivado en la Tierra, señala: “La mayoría del maíz se utiliza para la alimentación animal, pero carece de metionina -un aminoácido clave- y encontramos una forma eficaz de añadirlo”.

El estudio, dirigido por José Planta, estudiante de doctorado en el Instituto Waksman de Microbiología, se detalla este lunes en un artículo publicado en la edición digital de Proceedings of the National Academy of Sciences.

La metionina protege las células de los contaminantes y retrasa el envejecimiento celular La metionina, que se encuentra en la carne, es uno de los nueve aminoácidos esenciales que los seres humanos obtienen de los alimentos, según el Centro Nacional de Información Biotecnológica.

Es necesaria para el crecimiento y la reparación de tejidos, mejora el tono y la flexibilidad de la piel y el cabello, y refuerza las uñas. El azufre en la metionina protege las células de los contaminantes, retrasa el envejecimiento celular y es esencial para la absorción de selenio y zinc. Cada año, cuesta varios miles de millones de dólares añadir metionina sintética a la semilla de maíz, que carece de la sustancia en la naturaleza, apunta Joachim Messing, autor del estudio y director el Instituto Waksman de Microbiología.

El otro coautor es Xiaoli Xiang del Departamento de Biología Vegetal de Rutgers y la Academia de Ciencias Agrícolas de Sichuan en China. “Es un proceso costoso y consumidor de energía”, subraya Messing, cuyo laboratorio colaboró con el laboratorio de Leustek para este estudio. “La metionina se añade porque los animales no crecen sin ella, y en muchos países en desarrollo donde el maíz es un alimento básico, la metionina también es importante para las personas, especialmente para los niños”. Incremento de un 60% La alimentación de pollo se prepara normalmente como una mezcla de maíz y soja, y la metionina es el único aminoácido esencial que contiene el azufre que falta, según el estudio.

Los científicos de Rutgers introdujeron un gen bacteriano de E. coli en el genoma de la planta de maíz y cultivaron varias generaciones de maíz. La enzima estimuló la producción de metionina en las hojas de la planta en lugar de toda la planta para evitar la acumulación de subproductos tóxicos, detalla Leustek.

Como resultado, la metionina en los granos de maíz aumentó en un 57%, según los datos de la investigación. Luego, los científicos realizaron una prueba de alimentación de pollos en Rutgers y mostraron que el maíz genéticamente modificado era nutritivo para ellos, destaca Messing. “Para nuestra sorpresa, un resultado importante fue que el crecimiento de las plantas de maíz no se vio afectado”, afirma.

En el mundo desarrollado, incluyendo Estados Unidos, las proteínas de carne generalmente tienen un montón de metionina, describe Leustek; pero en el mundo en desarrollo, los agricultores de subsistencia cultivan maíz para el consumo de sus familias. “Nuestro estudio muestra que no tendrían que comprar suplementos de metionina o alimentos caros que tengan más metionina”, afirma.

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Niño pierde la vista por dieta extrema

Según un informe del caso publicado el pasado 2 de octubre en el portal JAMA NETWORK, los padres del chico de 11 años de ascendencia asiático-oriental le llevaron al hospital después de 8 meses de pérdida progresiva de visión, ceguera nocturna y sensibilidad a la luz.

Su historial médico incluyó un diagnóstico de eccema y múltiples alergias alimentarias. Debido a las preocupaciones sobre los factores desencadenantes de su eccema, los médicos descubrieron que el niño llevaba una dieta restrictiva que consistía únicamente en alimentarse a base de patatas, cerdo, cordero, manzanas, pepino y cereales Cheerios.

¿Qué tienen en común estos alimentos? Que ninguno es una buena fuente de vitamina A. De hecho, cuando los médicos midieron los niveles de vitamina A en la sangre del niño, encontraron que tenía una gran deficiencia. Los niveles sanguíneos de vitamina A del niño eran de 14,3 microgramos por decilitro; cuando el rango normal para esta vitamina es de 25,8 a 48,7.

“La deficiencia de vitamina A es muy común en las zonas más pobres del mundo, donde es una de las principales causas de ceguera”, decía el informe. “Pero en las partes más desarrolladas del mundo, es más raro”.

Aún así, “las personas que tienen dietas muy restringidas como la de este niño están en mayor riesgo de deficiencia de vitamina A y de otras deficiencias nutricionales”. La vitamina A es esencial para la visión ya que ayuda a que ciertas células de los ojos funcionen correctamente, por lo que no obtener suficiente vitamina puede llevar a anormalidades en la retina.

Los alimentos que contienen más vitamina A son las zanahorias, las patatas dulces, las verduras de hoja verde y el pescado. Para tratar la deficiencia de vitamina del niño, se le administró por vía intravenosa una “megadosis” de vitamina A diariamente durante dos días, consistente en 200.000 UI (Una dosis normal de vitamina A para un niño de 11 años es de 2.000 UI al día, según la Clínica Mayo). Seis semanas más tarde, la visión de los ojos del niño había mejorado significativamente, según el informe.

Actualmente, los padres del niño están tomando las medidas necesarias para asegurarse de que su hijo recibe suficiente vitamina A diariamente. Sin embargo, aunque en algunos casos la pérdida de la visión ligada a la deficiencia de vitamina A puede ser revertida, en el caso del niño se ha producido ya una gran pérdida de visión que probablemente será permanente, según dicho informe.

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Felicidad influye en la salud

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y apoyado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se basó en testimonios de personas con diferentes niveles de ingresos en nueve países, y ha sido publicado en Globalization and Health, también concluye que las emociones negativas tienen un mayor peso sobre la salud que las emociones positivas.

Tras entrevistar a más de 50.000 personas, los autores argumentan que la felicidad contribuye a tener un mejor estado de salud. El estudio evaluó dos componentes de la felicidad: la felicidad evaluada (cómo de satisfecha está una persona cuando piensa sobre su vida), y la felicidad experimentada (frecuencia e intensidad de las emociones positivas y negativas que siente una persona en su día a día). Así, los resultados mostraron que la felicidad está relacionada con la salud tras controlar el efecto de otros factores como el sexo, la edad, el nivel educativo, el nivel de ingresos, el estado civil y el lugar de residencia.

“La mayoría de la evidencia disponible hasta el momento provenía de países de ingresos altos, principalmente europeos y de Estados Unidos, pero nosotros hemos encontrado que esta relación también se da en países de menores ingresos de Asia, África y América Latina. Esto es importante si tenemos en cuenta que el 85% de la población mundial vive en países de ingresos medios y bajos”, afirma Marta Miret, primera autora del artículo.

Según los investigadores, estos resultados ponen de manifiesto que para mejorar la salud de una población no sólo es necesario elaborar políticas sanitarias. “También es importante realizar intervenciones que ayuden a que las personas se sientan más satisfechas con sus vidas y que pasen menos tiempo realizando actividades que les hacen experimentar menores niveles de felicidad, como disminuir el tiempo que dedican los ciudadanos a los desplazamientos”, ha añadido.

Esto implicaría que, continúa la experta, “el sector sanitario puede colaborar con otros sectores como el sector cultural, de infraestructuras o de planificación urbana con el fin de contribuir a una mejor salud de la población”.

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Alimentos para controlar el apetito

Con el aumento general de los índices de obesidad, modular el apetito mediante la propia alimentación puede ser un gran aliado para la pérdida de peso y una alternativa al uso de medicamentos.
Algunos alimentos generan una sensación de saciedad prolongada y así favorecen el control del apetito.

“Generalmente las fibras y los granos, si se utilizan de manera adecuada, pueden ayudar a moderar el apetito”, afirma Denise Boia, nutricionista del Centro de Tratamiento de la Obesidad Mórbida del Hospital Badim, en Rio de Janeiro, Brasil.
A continuación te presentamos una lista de tres tipos de alimentos que pueden ayudarte con la sensación de saciedad y la pérdida de peso, y que elaboramos con la ayuda de expertos en nutrición.

1. Fibras y granos

Las frutas, las verduras, las legumbres, las leguminosas y los granos como la avena, la linaza, la chía y el sésamo son ricos en fibras solubles y ayudan a modular el apetito.
“En contacto con el agua las fibras solubles aumentan su volumen gástrico y dan una sensación de saciedad”, explica la nutricionista Tainá Gaspar, que trabaja en la reeducación alimentaria.

Para lidiar con los “ataques de hambre” los nutricionistas sugieren tener a mano opciones como uvas pasas, albaricoques o damascos secos, dátiles, nueces de Brasil y fruta deshidratada.
Otras alternativas son las hojas de lechuga o berro y los cereales en general (arroz integral, avena, centeno, cebada, mijo, maíz, quinua, trigo sarraceno), frutos de plantas oleaginosas (nuez de Brasil, nueces, almendras), semillas (chía, linaza, girasol) y frutos secos (albaricoques o damascos, dátiles y uvas pasas), enumera Boia.
“Estos alimentos, además de se una fuente de fibra, son ricos en triptófano, que es un aminoácido que participa en la síntesis de la serotonina, un neurotransmisor que regula el humor y el sueño”, explica Boia.

Además poseen buenas concentraciones de magnesio, cromo, selenio y vitaminas del complejo B. “Estos nutrientes participan en reacciones químicas vitales para el organismo, además de mejorar las defensas del cuerpo”, comenta.

Para aumentar la sensación de saciedad las fibras pueden incluirse en todas las comidas del día, así como en los refrigerios, recomiendan los nutricionistas.

Además, los alimentos ricos en fibras exigen un masticado exhaustivo y permanecen más tiempo en el estómago. “Así, inhiben la producción de grelina, que es una hormona que se produce cuando el estómago está vacío y genera la sensación de hambre”, dice Boia.

2. Proteínas y grasas no saturadas

Tanto las proteínas como las grasas no saturadas retardan el vaciado gástrico, es decir, la salida de los alimentos hacia el intestino, prolongando así la sensación de saciedad durante más tiempo tras las comidas, explica Gaspar.

Las grasas no saturadas ayudan al cuerpo a combatir el colesterol malo.
Entre los alimentos más proteicos están las leguminosas, como las habas, las lentejas, los guisantes, los garbanzos y la soja, además de las carnes, los huevos y los lácteos.

Entre los alimentos ricos en grasas no saturadas están el aguacate, las nueces de Brasil y otras semillas leguminosas, el aceite de oliva y otros aceites vegetales.

Este tipo de grasa, que se encuentra principalmente en los vegetales, también puede tener un efecto positivo en el cuerpo, ayudando al organismo a combatir el colesterol malo, los triglicéridos, y a controlar la presión arterial, además de ayudar a controlar el apetito.

Usados con moderación, estos alimentos pueden tener beneficios para la salud y el bienestar, incluso ayudar a la pérdida de peso, apunta Gaspar. “Además cuando estos nutrientes llegan al intestino, se produce la liberación de una hormona llamada colecistoquinina, que también juega un papel en la generación de saciedad”.

3. Alimentos de acción termogénica

Además de escoger los alimentos que ayudan a controlar el apetito se pueden elegir ingredientes que favorecen una acción termogénica en el organismo; es decir, que aumentan la temperatura corporal y aceleran el metabolismo basal para la producción de energía.
“Así las células de grasa se queman para producir energía”, explica Boia.

La canela es uno de los alimentos que aumentan la temperatura corporal, y así, aceleran el metabolismo basal para la producción de energía.
En general los alimentos que tienen esta característica son condimentos, como detalla a continuación el especialista:
Pimienta roja o chile: tiene la sustancia llamada capsaicina, que ayuda a acelerar la quema de grasa.

Canela: actúa como un hipoglicemiante natural, que ayuda a la quema de grasa al nivelar la glicemia, es decir, la cantidad de glucosa contenida en la sangre.

Cúrcuma: funciona como un antioxidante natural.

Gengibre: además de acelerar la quema de grasas tiene propiedades antiinflamatorias, que ayudan en los casos de obesidad.
“La obesidad es una enfermedad crónica y progresiva que genera inflamación en distintos tejidos del organismo, incluído el hígado y el páncreas, órganos clave de nuestro metabolismo”, explica Boia.

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Paises de america que crecio el hambre

Así lo indica el informe Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2017, que acaba de ser publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

En comparación con el trienio anterior 2,4 millones de personas más pasan hambre en la región, alcanzando así un total de 42,5 millones de personas.

¿Cuántos alimentos se desperdician en América Latina?
Esa población sería similar a la de un país como Argentina: 42 millonesde “personas que no contaron con la cantidad suficiente de alimentos para cubrir sus necesidades calóricas diarias”.

El documento destaca el caso de Venezuela como el más “significativo”: “En ese país la subalimentación creció en 3,9 puntos porcentuales con respecto al trienio inmediatamente anterior”.
En términos absolutos, esto significa un aumento de 1,3 millones de personas subalimentadas en Venezuela, lo que explica más de la mitad del aumento observado en Sudamérica.

Si esta tendencia no se modifica, América Latina y el Caribe no cumplirán con la meta de erradicar el hambre y la malnutrición en 2030, comprometida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
“Vamos por mal camino. La región ha dado un paso atrás importante en una lucha que venía ganando. No podemos tolerar los niveles actuales de hambre y la obesidad, ya que paralizará a toda una generación de latinoamericanos y caribeños”, advirtió el Representante Regional de la FAO, Julio Berdegué.

¿Qué países tienen los mayores y menores índices de subalimentación?

Bolivia tiene uno de los índices de subalimentación más altos de la región, con un 20,2%. Pero esa cifra es menor que en el trienio anterior.

Sin embargo los datos a nivel de país confirman la heterogeneidad de la región, ya que en 21 naciones sí se redujo la subalimentación en el último trienio entre 2014 y 2016.
Este índice es una estimación del porcentaje de la población que no logra cubrir sus requerimientos alimentarios mínimos.

Brasil, Cuba y Uruguay son los países con menor proporción de personas subalimentadas, con menos del 2,5% de la población, un porcentaje que se mantiene igual al menos desde 2010.

Los siguen Argentina, Chile y México, con un porcentaje inferior al 5%.

“Me acuesto llorando porque no tengo nada que darles a mis hijos”: especial de BBC Mundo sobre el impacto de la crisis del hambre en Venezuela

No obstante en Argentina el número de personas subalimentadas subió del 3,4% al 3,6%, alcanzando el mismo nivel que cinco años atrás.

Al otro extremo de la lista se encuentra de lejos Haití, que bajó de un 48,2% a un 46,8%.

Lo preceden Bolivia, con un 20,2%, Nicaragua, con un 17% y Honduras, con un 14,8%.

Aunque en años recientes Perú se ha convertido en un ejemplo mundial de reducción de pobreza, según el informe de la FAO y la PAHO esa progresión se estancó en 2014.

Perú es un ejemplo para el mundo de cómo atacar de forma efectiva el retraso en el crecimiento en los niños.

Así, de acuerdo a las cifras, el índice de subalimentación entre 2004 y 2006 era del 19,6%.

En 10 años el país logró reducir a la mitad esa cifra, alcanzando un 7,6% en el trienio de 2013-2015.
Pero entre 2014 y 2016 ese número se elevó ligeramente hasta un 7,9%.
Cómo Perú atacó la desnutrición crónica en niños y se convirtió en un ejemplo mundial según Bill Gates

Cómo Perú deslumbró al mundo al reducir más de 50% de la pobreza en 10 años

¿Y si comparamos la situación actual con la de hace una década?
A pesar de que 21 países de la región redujeron el índice de subalimentación en el último trienio, si comparamos las cifras actuales con las de hace una década encontramos casos en los que la situación es peor.

Venezuela es uno de cuatro países en América Latina en los que más gente pasa hambre ahora que hace 10 años.

Hay cuatro países en América Latina en los que más gente pasa hambre ahora que hace 10 años:

Costa Rica, que pasó de un 5,4 a un 5,6%

El Salvador, que pasó de un 10,7 a un 12,3%

Paraguay, que pasó de un 11,9 a un 12%

Venezuela, que pasó de un 10,5 a un 13%, la mayor diferencia negativa en la región.

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No desperdiciar la comida, por nuestro bien

La FAO estima que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo (1.300 toneladas) se pierde o se desperdicia. En países desarrollados como España —que desperdicia unos 7,7 millones de toneladas de comida al año—, los alimentos desechados por los hogares, las industrias distribuidoras y el sector de la restauración liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero. En los países en desarrollo, las plagas, las estructuras de almacenamiento defectuosas y las cadenas de suministro ineficientes contribuyen en gran medida a las pérdidas de alimentos.

Esta realidad es especialmente dolorosa en una época en la que casi 800 millones de personas pasan hambre y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros bienes utilizados en la producción de alimentos. Si fuéramos capaces de salvar tan solo una cuarta parte de la comida que actualmente se desperdicia en todo el mundo, sería suficiente para alimentar a todas las personas que sufren de inseguridad alimentaria, sin dejar a nadie atrás.

España desperdicia unos 7,7 millones de toneladas de comida al año
Como parte de nuestro compromiso como embajadores de Buena Voluntad de la ONU, nos hemos involucrado en el proyecto Food Africa del Fondo de Naciones Unidas para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Fondo ODS), que está tratando de mejorar la vida de los habitantes de Kaduna, una región agrícola en el noroeste de Nigeria. En Kaduna, la producción de tomates y otras hortalizas es vital para alimentar a la población, así como para la generación de empleo e ingresos económicos. Lamentablemente, la falta de instalaciones adecuadas para su almacenaje y la limitada información sobre los mercados terminan traduciéndose en pérdidas del 70% de las cosechas cada año.

Junto a varias agencias especializadas de Naciones Unidas (la Organización Mundial de Alimentos, la Organización Mundial del Trabajo y el Centro Internacional de Comercio), el Gobierno regional, empresarios locales y cooperativas de agricultores, estamos trabajando para introducir buenas prácticas sostenibles en la cadena de valor del tomate, reducir las pérdidas de los cultivos e impulsar los beneficios de los pequeños propietarios agrícolas. Gracias a la contribución inicial de España al Fondo ODS, el programa construirá una instalación de procesamiento que servirá también como centro de excelencia para incrementar los beneficios de los agricultores y reducir las pérdidas de las cosechas. El centro, además, proporcionará formación relacionada con la seguridad alimentaria, el planeamiento de nuevos negocios y la diversificación de la producción.

Agricultores de Jere Kaduna toman notas de la demostracion de cocina con los hermanos Roca.
Agricultores de Jere Kaduna toman notas de la demostracion de cocina con los hermanos Roca. SDG FUND
Precisamente, este mismo mes hemos comenzado con los primeros cursos de formación con medio centenar de hombres y mujeres jóvenes agricultores. Con ellos estamos compartiendo técnicas de conservación, preparación y distribución sostenibles para sus producciones de tomate. Además de esta formación práctica y supervisión técnica, estamos explorando también nuevos canales, mercados y consumidores para dirigir parte de la producción local de tomates y darle una salida internacional.

Asimismo, coincidiendo hoy con el Día Mundial de la Alimentación, tendremos el placer de anunciar través de las redes sociales a los ganadores del primer concurso global de cocina sostenible.

Durante seis meses fuimos proponiendo diferentes retos de cocina sostenible para que los participantes las resolvieran a través Facebook, Twitter, YouTube o Instagram a partir de sus propias recetas originales. El resultado ha sido magnífico: hemos recibido más de 2.000 recetas desde todos los rincones del mundo. Y hemos descubierto que hay muchísimas personas comprometidas con la sostenibilidad y la nutrición que, además, son muy creativas en la cocina.

En definitiva, defendemos que alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible relativos a la lucha contra el hambre y para la seguridad alimentaria es una responsabilidad de todos. Los gobiernos y organismos internacionales deben contribuir a reducir al mínimo las pérdidas que se producen durante el almacenamiento y el transporte y disminuir el desperdicio de alimentos de distribuidores y consumidores; aumentar las opciones de los consumidores por medio de un etiquetado apropiado; alentar el compromiso de productores, minoristas y consumidores en todos los países; y lograr avances gracias a nuevos incentivos financieros, promesas colectivas, tecnologías adaptadas a las necesidades locales y cambios en el comportamiento del consumo.

Podemos comprar fruta fea, que es igual de sabrosa, y evitar que termine en la basura de los supermercados
Pero también, todos nosotros, desde nuestros hogares, podemos lograr cambios muy significativos introduciendo pequeñas acciones cotidianas a la hora de elegir y cocinar nuestros alimentos.

Por ejemplo, podemos comprar fruta fea, que es igual de sabrosa y tiene las mismas propiedades, y evitar que termine en el contenedor de la basura de los supermercados.

Es muy recomendable también planificar las comidas de la semana y hacer una lista de la compra detallada; nos evitará las compras compulsivas en el supermercado con productos que no necesitamos y que solo servirían para gastar más dinero y generar más desperdicios.

Si a esto le sumamos el buen uso de todos los productos disponibles en nuestra cocina a través de recetas creativas y saludables, entre todos estaremos aportando los ingredientes necesarios para reducir el desecho de alimentos en el mundo y acercarnos un poco más al objetivo de erradicar el hambre. Es, sin duda, una gran receta.

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