Revelan causas de obesidad, no son la dieta

Un grupo de científicos liderados por Licio Augusto Velloso, de la Universidad de Campinas (Brasil), ha encontrado lo que parece ser la causa determinante de la obesidad, informa un comunicado de prensa en el portal EurekAlert!.

Los expertos ya habían establecido antes otros elementos responsables del epidémico aumento de peso entre los seres humanos. Entre los más importantes está un cambio en la composición de las bacterias intestinales. Estos microorganismos, que aparecen en gran número en personas obesas, estimulan la absorción de nutrientes, con lo cual incluso una simple manzana puede ser más calórica para una persona obesa que para otras con peso normal.

Otra posible razón es la muerte de neuronas en el hipotálamo, la región del cerebro que regula las funciones esenciales, entre ellas las sensaciones de hambre y saciedad.

Ahora, los investigadores brasileños han determinado cuál de estos factores es la causa principal y cuál la consecuencia. Los experimentos se llevaron a cabo en ratones, que fueron sometidos a una dieta rica en ácidos de grasas saturadas durante cuatro meses. Periódicamente, algunos animales fueron sacrificados para el análisis de la microflora intestinal y el cerebro.

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Científicos: La obesidad afecta la memoria y el aprendizaje
Los experimentos demostraron que los daños al hipotálamo ocurren antes que los cambios en la microflora intestinal. Cuando el nivel de lípidos en la sangre aumenta, las células inmunes del sistema nervioso central -microglias- comienzan a producir sustancias inflamatorias que afectan negativamente a las neuronas del hipotálamo. Eventualmente, las células nerviosas mueren.

La conclusión es que los fallos en el hipotálamo ocurren mucho antes de que una persona comience a aumentar de peso, por lo que serían la causa primigenia.

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Investigacion de sobrepeso en adultos

Investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, han descrito cómo los sistemas nerviosos y el sistema inmunológico hablan entre sí para controlar el metabolismo y la inflamación.

Su descubrimiento, publicado en ‘Nature’, ayuda a los científicos a comprender por qué los adultos mayores no queman la grasa del vientre almacenada, lo que eleva el riesgo de enfermedades crónicas y apunta a posibles enfoques terapéuticos para atacar el problema, según los autores.

Los adultos mayores, independientemente del peso corporal, suelen tener un aumento la grasa del vientre. Sin embargo, cuando necesitan gastar energía, las personas mayores no queman la energía almacenada en las células grasas tan eficientemente como los adultos más jóvenes, lo que lleva a la dañina acumulación de grasa del vientre, pero la causa subyacente de esta falta de respuesta en las células grasas se desconoce.

En su trabajo, el director de la investigación, Vishwa Dixit, profesor de Medicina Comparativa e Inmunobiología en la Universidad de Yale, y sus colaboradores del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Tennessee, Estados Unidos, y la Universidad de Bonn, Alemania, se centraron en células inmunitarias especializadas conocidas como macrófagos, que suelen estar involucradas en el control de infecciones.

El laboratorio de Dixit descubrió un nuevo tipo de macrófago que reside en los nervios de la grasa del vientre. Estos macrófagos asociados a los nervios se inflaman con la edad y no permiten que los neurotransmisores, que son mensajeros químicos, funcionen correctamente.

Los científicos también aislaron células inmunes del tejido graso de ratones jóvenes y viejos, y luego secuenciaron el genoma para entender el problema. “Descubrimos que los macrófagos envejecidos pueden descomponer los neurotransmisores llamados catecolaminas y, por lo tanto, no permiten que las células de grasa suministren combustible cuando surge la demanda”, explica Dixit, que también es miembro del Centro de Investigación sobre Envejecimiento de Yale.

Los investigadores encontraron que cuando disminuyeron un receptor específico que controla la inflamación, el inflamasoma NLRP3, en los macrófagos envejecidos, las catecolaminas podrían actuar para inducir la descomposición de la grasa, similar a como sucede en los ratones jóvenes.

“El hallazgo clave es que las células inmunes hablan con el sistema nervioso para controlar el metabolismo”, dice Dixit.

En otros experimentos, los investigadores bloquearon una enzima que se incrementa en macrófagos envejecidos, restaurando el metabolismo normal de grasas en ratones más viejos. Dixit observó que esta enzima, la monoaminO oxidasa-A o MAOA, es inhibida por los fármacos existentes para el tratamiento de la depresión.

“Teóricamente, uno podría reutilizar estos fármacos inhibidores de MAOA para mejorar el metabolismo en individuos de edad”, dice. Pero también advirtió que se necesita más investigación para dirigir específicamente estos fármacos a la grasa del vientre y para probar la seguridad de este enfoque.

En futuras investigaciones, Dixit y sus colegas examinarán más a fondo las células inmunes y su interacción con los nervios, y cómo este diálogo neuro-inmune controla la salud y la enfermedad. Si el control de la inflamación en el envejecimiento de las células inmunes puede mejorar el metabolismo, puede tener otros efectos positivos sobre el sistema nervioso o sobre el proceso de envejecimiento en sí, dicen los investigadores.

“El propósito de nuestra investigación es entender mejor las interacciones de las células inmunes con los nervios y las células de grasa para reducir potencialmente la grasa del vientre, mejorar el metabolismo y mejorar el rendimiento en los ancianos”, apunta Christina D. Camell, primera autora del estudio.

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Proteinas en exceso, pueden causar daños

El exceso de este nutriente puede causar mucho más daño de lo que podría parecer a primera vista, advierten científicos.

Mientras en los países pobres muchas personas sufren desnutrición, en las naciones desarrolladas el consumo de proteínas es más alto de lo realmente necesario.

En España, por ejemplo, un 30% de la población consume más proteínas de las necesarias, mientras en EE.UU. parte de la población está “obsesionada con las proteínas”, según recoge ‘Civil Eats’. El estadounidense medio consume diariamente unos 100 gramos de este nutriente, aproximadamente el doble de lo recomendado por la Academia Nacional de Medicina, que aconseja ingerir 46 gramos en el caso de las mujeres adultas y de 56 en el de los hombres.

Proteínas contra el metabolismo
En opinión del dietista y nutricionista deportivo José Luis Flores, este comportamiento alimenticio podría convertirse en la causa de varios problemas de salud. “Una alimentación hiperproteica podría afectar el metabolismo óseo y aumentar el riesgo renal”, comentó el experto a ‘La Vanguardia’.

Además, según el experto, “el consumo de altas cantidades de proteínas durante mucho tiempo podría inducir a una resistencia metabólica”, explicó.

Según Luis Flores, “lo mejor es comer de forma equilibrada, siguiendo un estilo de alimentación basado en la dieta mediterránea y con la cantidad de proteína necesaria para cada persona, adaptada a su peso, actividad física y objetivos a conseguir”, añadió.

La Fundación Española de la Nutrición (FEN) establece la norma diaria de proteínas en 0,8 g/kg, lo que constituye unos 12% de la ingesta de energía. Alrededor del 80% de la proteína la recibimos de fuentes animales.

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Por ejemplo, tres huevos para el desayuno nos dan 20 gramos de este nutriente, un sándwich de pavo para el almuerzo – otros 20, y una porción pequeña de tan solo 150 gramos de carne para la cena nos dará otros 50. Así fácilmente tenemos 90 gramos al día y un exceso de proteína en el organismo.

Proteína para los músculos
La idea de “cuanto más, mejor” no ayuda aumentar la cantidad del tejido muscular en el cuerpo, afirma José Luis Flores. “Consumir proteínas por encima de las cantidades óptimas no genera ni un mayor aumento de la síntesis proteica ni de la masa muscular, sino que habrá un aumento de la oxidación de los mismos y de la excreción”, explicó el especialista.

Imagen ilustrativaEsto es lo que le pasa a nuestro cuerpo si solo comemos papas
Además, el experto señaló, que los batidos de proteínas, los que utilizan muchos deportistas, realmente tienen varios beneficios: “Este suplemento no es malo para la salud, pero no puede actuar como sustituto de cualquier comida. Hay diferentes tipos, como por ejemplo la proteína ‘whey’, de soja o extraída de la ternera, y hay que saber elegirla, evitando la proteína concentrada y eligiendo siempre la proteína aislada debido a su composición nutricional”.

“La proteína concentrada contiene mayor concentración de azúcar y menor cantidad de proteínas, mientras que la aislada apenas contiene azúcar y tiene mayor cantidad de proteínas”, concluyó el especialista.

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Hombre con dieta de papas, por un año

Un año comiendo papas. Es el resumen de la dieta seguida en los últimos doce meses por el australiano Andrew Taylor. Gracias a alimentarse exclusivamente de este tubérculo el residente en Melbourne logró reducir su peso de 151,7 kilogramos a 99. Taylor concluyó su experimento en 2016 y afirmó entonces sentirse “un hombre completamente nuevo”.

“Las patatas aparecieron como la mejor opción”, comentó Taylor a ‘Daily Mail Australia’. “Contienen todos los carbohidratos y proteínas, grasas y minerales, fibra y todo lo demás”, recordó.

Aunque es improbable que su dieta sea aprobada por la comunidad médica, los expertos no niegan algunos de sus beneficios. Por ejemplo, un reciente informe de la revista especializada ‘Australian Popular Science’ recoge que los humanos pueden obtener de las patatas los nutrientes necesarios para mantener un buen estado de salud.

Según el reporte, la papa blanca contiene todos los aminoácidos esenciales que necesitamos para sintetizar proteínas, reparar células y combatir enfermedades. Por ello, la ingesta de solo cinco de estos tubérculos al día sería suficiente para nuestro organismo. En cualquier caso, si nos limitáramos a comer patatas durante un prolongado período de tiempo empezaríamos a presentar deficiencias de vitaminas y minerales.

Para combatir este problema es necesario incluir en la alimentación también las patatas dulces, señalan los investigadores. Las batatas contienen la cantidad de vitamina A y vitamina E que nuestro cuerpo necesita diariamente. Además, las patatas dulces también ayudan a evitar las deficiencias de vitamina C, que puede provocar escorbuto, una famosa enfermedad producida por la falta de este nutriente.

¿Cien patatas al día?
Sin embargo, incluso cumpliendo con esta combinación todavía necesitaremos consumir decenas de patatas cada día para cubrir las necesidades de ciertos nutrientes. Por ejemplo, se requieren 34 patatas dulces al día o 84 patatas blancas para darle al cuerpo la cantidad de calcio que necesita. Además, cada día se requerirán 25 patatas blancas para obtener la cantidad recomendada de proteína, advierten los investigadores.

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Flora intestinal influye en el adelgazar

La nueva investigación, publicada en el International Journal of Obesity, ha demostrado que las diferentes proporciones de bacterias intestinales pueden determinar cuánto peso una persona es capaz de perder en determinadas condiciones.

Lo que también sugiere que es inútil pensar en un enfoque generalizado, “talla única”, cara a una alimentación saludable.

Los investigadores, del Departamento de Nutrición, Ejercicio y Deportes de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, examinaron a 62 personas de elevadas tallas de cintura. Los participantes recibieron instrucciones de seguir la “Nueva Dieta Nórdica” (verduras de hoja, bayas, cereales integrales) o la “Dieta Media Danesa” (carne magra, huevos, lechuga, café, sin cereales). A continuación, de les agrupó según los niveles que presentaban de dos tipos diferentes de bacterias intestinales, Prevotella y Bacteroides.

Se encontró que los que tenían una mayor proporción de Prevotella y siguieron la Nueva Dieta Nórdica tuvieron más éxito en el plan de adelgazamiento que los que siguieron la Dieta Media Danesa. Cuando la proporción se invirtió, no hubo diferencia en la pérdida de peso entre las dos dietas.

Del mismo modo, los que tenían niveles más altos de Prevotella también fueron capaces de cambiar la grasa corporal más fácilmente.

“Las bacterias intestinales se han vinculado a la creciente prevalencia de sobrepeso y obesidad, y los científicos han comenzado a investigar el papel que dichas bacterias pueden tener en el tratamiento del sobrepeso. Este es el primer avance que demuestra que ciertas bacterias juegan un papel decisivo en la regulación y pérdida de peso”, explicó el Dr. Arne Astrup, coautor del estudio.

Con carácter general, se puede modificar cualquier desequilibrio en las bacterias intestinales, sustituyendo el azúcar, el alcohol y la cafeína por una dieta saludable, rica en fruta y verduras frescas, y complementada con probióticos, que aumentan la salud intestinal.

Puede valer la pena ver a un nutricionista que evalúe la salud intestinal si se desea una idea más sólida de la propia situación. “Este es un gran paso hacia la nutrición personalizada. La orientación basada en el conocimiento de las bacterias intestinales será probablemente más eficaz que el enfoque de ‘talla única’ que a menudo caracteriza las recomendaciones dietéticas”, afrimó el autor principal, el profesor Dr. Mads Fiil Hjorth.

También se ha destacado que, aunque la muestra del estudio es bastante pequeña, los resultados han sido respaldados por otros dos estudios independientes, lo que avala su fiabilidad.

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2016: 2° causa de muerte, la alimentacion

El Global Burden Disease Study (o estudio de carga global de enfermedades), llevado a cabo en 195 países -o sea prácticamente todo el mundo- publicado en The Lancet este mes de septiembre, muestra que el tabaco provocó 7,1 millones de muertes y que la mala alimentación se asoció a uno de cada cinco fallecimientos en 2016.

También encontró que 1.100 millones de personas sufrían trastornos mentales y derivados del abuso de sustancias, y que la depresión mayor estaba entre los 10 principales problemas de salud en todos los países, excepto en cuatro.

Las enfermedades no contagiosas provocaron un 72 por ciento de muertes. A la enfermedad cardiaca, principal causa de muerte prematura, se le atribuyen 9,5 millones de las muertes, lo que supone un aumento del 19 por ciento desde 2006. La diabetes, por su parte, provocó 1,43 millones de fallecimientos, un aumento del 31 por ciento desde el mismo año. El estudio también señaló que las muertes por armas de fuego, guerras y terrorismo han aumentado.

Pero, en general, el informe muestra que las tasas de mortalidad se han reducido en todos los grupos de edad. La mayor disminución tuvo lugar entre los niños menores de 5 años, al reducirse por primera vez a menos de 5 millones en 2016, en comparación con 16,4 millones en 1970, lo que resulta positivo, si es que se puede ver algo positivo en esa cifra de niños menores de cinco años muertos.

El informe está coordinado por el Institute of Health Metrics and Evaluation, de la Universidad de Washington, en Seattle.

“Los hallazgos indican que se vive más tiempo y a lo largo de la última década se ha producido un progreso real en la reducción de tasas de mortalidad por algunas de las peores enfermedades y afecciones existentes, como por ejemplo la malaria y la mortalidad de los menores de 5 años”, comentó el Dr. Christopher Murray, director del IHME.

“Pero a pesar de ese progreso, el mundo se enfrenta a tres problemas que no mejoran en muchos países y comunidades: la obesidad, los conflictos y las enfermedades mentales, incluyendo las derivadas del uso de sustancias”, señaló en un comunicado de prensa de la revista.

El estudio informa de que en 2016 la esperanza de vida era de 75,3 años para las mujeres y de 69,8 años para los hombres. Japón tenía la esperanza de vida más alta: 83,9 años (hombres) y 87 años (mujeres). España se sitúa en segundo lugar, con 81 y 86 años respectivamente. La República Centroafricana tiene la más baja, con una esperanza global de 50,2 años.

En 2016 nacieron vivos 128,8 millones, y murieron un total de 54,7 millones, frente a los 42,8 millones de 1970.

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Crean parche para eliminar llantitas

Durante un proceso de investigación, realizado sobre ratones obesos, el parche transfirió fármacos que convertían el tejido adiposo blanco -las grasas blancas- en grasa “parda” (también conocida como multilocular, primaria o marrón). Esto dio como resultado un 20% menos de exceso de grasa y una reducción en el tiempo de recuperación de los niveles de glucosa. En ratones sanos, el parche incrementó la absorción de oxígeno en un 20%.

Desarrollan un parche que podría eliminar los michelines
Contaba el maestro Fernando Lázaro Carreter que cuando la Real Academia se planteó la inclusión de la voz “michelín” en el Diccionario (lo que acabó sucediendo), se discutieron varias propuestas para nombrar a esa grasa que se acumula en la cintura y en las caderas: los (hoy) michelines, o lorzas. Hubo alguna sugerencia realmente pintoresca, como “rollitos de manteca”, se regocijaba el insigne académico. Anécdotas aparte, es conocido que esos rollitos pueden tener serias consecuencias en la salud.

Ahora, unos científicos han dado los primeros pasos para el desarrollo de un parche cutáneo que podría “derretir” los michelines.

La grasa blanca no es necesariamente mala en sí, pero sí lo es su exceso. La acumulación de este tejido adiposo en la parte media del cuerpo puede acarrear riesgos para la salud, incluida la enfermedad metabólica. La grasa marrón, o parda, es la genera calor al quemar calorías; se piensa que este tipo de grasa tiene una cierta función en mantener a alguien delgado.

El parche, de un centímetro cuadrado, convierte la grasa blanca en grasa parda. Consiste en agujas microscópicas llenas de nanopartículas, que contienen dos fármacos conocidos para esa conversión. Dichas partículas fueron diseñadas para retener eficazmente el fármaco y liberarlo gradualmente en el tejido cercano.

El parche aún no se ha probado en seres humanos y se necesita más investigación, pero los investigadores creen que nos acerca a técnicas no invasivas para combatir la obesidad y la diabetes.

“Hay varios fármacos disponibles para convertir la grasa blanca en parda, pero deben administrarse en píldoras o en inyecciones. Esto expone a todo el cuerpo a los medicamentos, lo que puede provocar efectos secundarios como malestar estomacal, aumento de peso y debilidad ósea. Nuestro parche parece aliviar estas complicaciones al administrar los fármacos directamente al tejido graso”, dijo a Medical News Today el Dr. Li Qiang, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y participante en el estudio.

“Mucha gente se ilusionará sin duda con esta noticia: una técnica que podría acabar sustituyendo a la liposucción. Sin minimizar esta ventaja, creemos que es aún más importante que nuestro parche pueda proporcionar un medio seguro y eficaz para tratar la obesidad y los trastornos metabólicos relacionados, como la diabetes”, añadió.

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Ni sal ni azucar, a menores de 1 año

No se debería añadir ni azúcar ni sal durante el primer año vida de un bebé. Después, es conveniente utilizar pequeñas cantidades de sal yodada.

Los edulcorantes artificiales sólo deberían usarse en la infancia como alternativa, cuando otras formas de prevención de la obesidad no sean suficientes, a excepción del uso del chicle sin azúcar para prevenir la caries o su uso en productos farmacéuticos.

Según explica la Asociación Española de Pediatría (AEP) los azúcares se encuentran de forma natural en muchos alimentos, como en los lácteos en forma de lactosa, y en las frutas en forma de fructosa. Sin embargo, muchos alimentos y bebidas tienen azúcares agregados y edulcorantes que, a menudo, aportan calorías sin nutrientes.

En este sentido, recuerda que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Organización Mundial de la Salud (FAO/OMS) aconsejan un consumo de azúcares simples inferior al 10% del valor calórico total de la dieta, tratando de que estos formen parte de una alimentación saludable en la que se limite el consumo de bebidas azucaradas.

“El consumo de azúcares, de un modo equilibrado y natural con los alimentos que lo contienen, tiene propiedades positivas para el organismo (desarrollo de las funciones cognitivas y de la actividad física). No obstante, el abuso de azúcares podría estar relacionado con la diabetes o la obesidad\”, avisa.

Al mismo tiempo, precisa que un edulcorante es un aditivo alimentario que confiere un sabor dulce y que, habitualmente, no aporta o proporciona muy poca energía. “En las últimas décadas ha aumentado su consumo para prevenir la caries y para cumplir las dietas en casos de obesidad o diabetes, por ejemplo”, añade.
En este sentido, el doctor José Manuel Moreno Villares, coordinador del Comité de Nutrición de la AEP, y especialista del servicio de Pediatría en el Hospital 12 de Octubre de Madrid recuerda a Infosalus que no es recomendable que los menores consuman sal en su primer año de vida, “e incluso más adelante tampoco\”, porque su aprendizaje es por exposición.

PROBLEMAS FUTUROS
“Si se aprende a comer salado no se será capaz de comer sin sal y habrá personas con tendencia a tener hipertensión. Aunque el azúcar sea necesaria para hacer funcionar el cuerpo, el sabor dulce no se aprende. Además, la leche materna es dulce y el bebé ya lo sabe”, añade.

Por su parte, Rosaura Leis, profesora titular de pediatría, y especialista del Hospital Clínico de Santiago, señala a Infosalus que los alimentos ya tienen tanto azúcares como sal en su composición.

“No se recomienda añadirlas porque la dieta tiene que ser proporcionada en cuanto a los macro y a los micronutrientes. Por un lado, el dar azúcares añadidos o sal a los niños supera las recomendaciones del aporte de nutrientes a la dieta del niño. Hay que fijar la educación nutricional, en sabores”, subraya la experta.

La también coordinadora del grupo de nutrición pediátrica de la Sociedad española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, destaca que en la actualidad se sabe que es muy importante la alimentación de los niños en sus primeros mil días de vida, ya contando desde el útero materno, y teniendo en cuenta la alimentación de la madre, porque es ahí donde adquiere sus preferencias alimentarias.

“Como ejemplo, los niños que toman lactancia materna les resulta más fácil introducir los alimentos a partir de los seis meses porque la leche de mujer tiene distintos sabores y el niño está acostumbrado a tomar distintos sabores. Es importante destacar la importancia de la nutrición en estos periodos, incluso en la alimentación de la madre, para el desarrollo de enfermedades a largo plazo. Los niños con bajo o mucho peso al nacimiento tienen riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas en edades adultas”, aclara la especialista.

Así, defiende que el poquito de azúcar o de sal hay que marcarlo, y una vez que el niño hace la dieta familiar, a partir del año o de los dos años, se le puede condimentar un poco la comida, \”pero sólo un poco\”. En este sentido, resalta la importancia de que nunca esté en la mesa el salero o la azucarera para que uno se sirva.

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Funda de plastico contra la diabetes y obesidad

La funda de plástico para el intestino que puede ser una alternativa no quirúrgica a la banda gástrica para pacientes con obesidad y diabetes.

Como idea parece bastante rústica: una funda de plástico para forrar el interior del intestino. Pero parece ser que funciona, según los resultados de un estudio en Reino Unido.

Sus autores concluyen que esta especie de manga es una alternativa no quirúrgica segura y eficaz a la cirugía de banda gástrica, a la que muchos pacientes obesos se someten para reducir el tamaño del estómago.

Los pacientes con obesidad y diabetes de tipo 2 que la probaron perdieron una media de 15 kg y experimentaron una mejoría en el control de su enfermedad.

Eso concluyen las pruebas clínicas del estudio, cuyos resultados se acaban de presentar en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes.

La funda, llamada Endobarrier, es extraíble y se puede implantar en menos de una hora a través de la boca, mediante una endoscopia bajo anestesia.

Pero como no requiere de cirugía ni estadía en el hospital, los investigadores del estudio lo consideran un método menos invasivo y más seguro que una operación de banda gástrica, ya que acarrea menos riesgo de infección.

50 pacientes obesos y con diabetes de tipo 2 participaron en el ensayo clínico de Reino Unido, en el City Hospital de Birmingham, parte del sistema británico de salud pública, (NHS, por sus siglas en inglés).

El estudio, liderado por el doctor Robert Ryder, se centró en los primeros 31 pacientes cuyas fundas fueron retiradas.
Con la funda los participantes perdieron una media de 15kg, mejoraron el control del nivel de glucosa en la sangre y redujeron sustancialmente la presión sanguínea así como la cantidad de grasa en el hígado.

Entre los que se inyectaban insulina, la mitad de los casos estudiados, la cantidad media diaria se redujo de 100 a 30 unidades.
Según los fabricantes de Endobarrier, las complicaciones más comunes reportadas por los pacientes son náuseas, vómitos y dolores abdominales en los primeros días y semanas de implantación.

Otros riesgos menos comunes pueden ser más severos. A dos pacientes que participaron en el estudio del NHS se les extrajo la funda antes de tiempo debido a una hemorragia gastrointestinal y a un absceso en el hígado.

Seis meses después del tratamiento, el 65% de los pacientes que habían tenido la funda mantenían las mejorías logradas en términos de pérdida de peso y control diabético.

Ante estos resultados, Ryder consideran que la Endobarrier podría ser un tratamiento seguro y económico para pacientes con una obesidad y diabetes difíciles de tratar, para los que no han funcionado otras estrategias.

“No hemos visto hasta ahora un tratamiento tan simple”, le dijo a la BBC.

La segunda parte del estudio clínico evaluará si los pacientes logran mantener un peso saludable a largo plazo tras la extracción de la funda.

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Integrales reducen tipos de cancer

Consumir granos integrales de forma diaria, como arroz integral o pan de trigo integral, reduce el riesgo de sufrir cáncer colorrectal, siendo menor este cuanto más comamos de tales alimentos. Esta es la conclusión a la que se ha llegado en una revisión de resultados de investigaciones realizada por el equipo del Dr. Edward L. Giovannucci, de la Escuela TH Chan de Salud Pública adscrita a la Universidad Harvard en Estados Unidos.

Giovannucci y sus colaboradores han determinado que comer aproximadamente tres raciones (90 gramos) de granos integrales reduce el riesgo de cáncer colorrectal en un 17 por ciento.

Ello se suma a evidencias previas que muestran que los alimentos que contienen fibra disminuyen el riesgo de sufrir este tipo de cáncer.

En esta revisión de resultados de investigaciones también se ha llegado a la conclusión de que las personas que son más activas físicamente afrontan un riesgo inferior de padecer cáncer de colon en comparación con aquellas que desarrollan una muy escasa actividad física. No se observó una relación significativa entre grado de actividad física y cáncer de recto.

El cáncer colorrectal es muy común en el mundo. Solo en Estados Unidos, cada día se diagnostican 371 casos, según algunas estimaciones. Y es aquí el tercer cáncer más común tanto entre hombres como entre mujeres. El AICR (Instituto Estadounidense para Investigación del Cáncer) estima que se podría prevenir anualmente el 47 por ciento de casos de cáncer colorrectal a través de cambios hacia estilos de vida saludables, en la población estadounidense y presumiblemente en otras.

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