Comer cascara de huevo

Las ventajas nutricionales de los huevos –tanto de la clara como de la yema–son más que conocidas, pero ¿qué pasa con las cáscaras? Todos las tiramos sin contemplaciones, pero hay quien sugiere que pueden tener considerables valores nutricionales.
 
Las cáscaras de huevo están constituidas por un 95% de carbonato de calcio. Eso supone que una sola cáscara proporcionaría cosa de dos gramos de calcio, en comparación con un vaso de zumo de naranja, que contiene 11 miligramos, por ejemplo. Esto no sólo beneficia enormemente a los huesos y los músculos, sino que también puede ayudar a aliviar problemas comunes como el ardor, la indigestión y otros problemas de estómago.
 
“Las cáscaras de huevo son una magnífica fuente de calcio, con casi el doble de la cantidad diaria recomendada en una sola de ellas,” asegura la nutricionista Dra. Frida Harju. También hay estudios que muestran que la cáscara de huevo en polvo podría ser útil para la salud ósea, e incluso reducir el dolor de la osteoporosis.
 
Los riesgos
 
Reciclar las cáscaras de huevo también supone beneficios medioambientales, y se calcula que sólo Estados Unidos es responsable de 150.000 toneladas anuales de cáscaras. Sin embargo, aunque es imposible poner en tela de juicio los beneficios del calcio dietético, antes de comerse las cáscaras de huevo crudas conviene pensárselo dos veces.
 
“Las cáscaras de huevo pueden estar cubiertas de bacterias e incluso portar salmonella, por lo que recomendaría obtener su dosis diaria de calcio de otras fuentes. Una buena alternativa para las cáscaras de huevo es usarlas en polvo en la tierra de las macetas, o las huertas, para así enriquecer las plantas.”
 
Si está pensando en añadir cáscaras de huevo a su dieta, debe asegurarse como primera medida de que no tienen bacterias, empezando por comprar huevos orgánicos.
 
“Para asegurarse de que las cáscaras están totalmente libres de bacterias, primero debe hervirlas y luego secarlas en un horno durante una hora. Para su consumo, asegúrese de molerlas muy finamente, polvo que luego podrá mezclar en el batido de la mañana, o añadir un pellizco a los platos de pasta de la cena.”
 
Alternativas ricas en calcio
 
La buena noticia es que hay muchos otros alimentos muy nutritivos que pueden proporcionarle el deseado aumento de calcio en su dieta.
 
“Podemos obtener nuestra cantidad diaria de calcio de otras fuentes, sobre todo de los productos lácteos, como queso, leche y yogur. Sin embargo, para quien no consuma lácteos, los productos a base de soja, como la leche de soja, están enriquecidos con calcio. Cuando lea las etiquetas mientras hace la compra, asegúrese de que el producto contiene suficiente calcio. Algunas verduras, como el repollo y el brécol son muy nutritivos, al igual que las nueces y ciertos tipos de pescado.”
 
Sin embargo, el exceso calcio puede ser tan peligroso como su escasez, así que asegúrese también de no exagerar: los adultos sólo necesitan un gramo al día.

Azúcar artificial es dañino

El estudio, realizado en Francia, muestra que quienes “siempre o casi siempre” añaden edulcorantes a sus bebidas (en pastillitas, o en polvo) tienen un riesgo 83% superior a quienes no lo hacen “nunca o casi nunca”.

Más contra los refrescos y alimentos “light”. Los edulcorantes artificiales sustitutivos del azúcar incrementan el riesgo de diabetes tipo 2, según un importante estudio.

La diabetes tipo 2 es la forma más común de la diabetes, y constituye uno de los problemas de salud más acuciantes en occidente. Se calcula que en España (2015) hay 5,3 millones de diabéticos, de los que más de dos millones desconocen su dolencia. Es común en personas con exceso de peso y sedentarias.

El aspartamo, el edulcorante más habitual, y más recientemente la sucralosa (o Splenda) han venido usándose hace más de 30 años como sustitutos del azúcar en los refrescos “light”, o “diet”.

Y, curiosamente, a pesar de que su uso se ha multiplicado masivamente ya no sólo en bebidas, sino en cereales, galletas, pasteles, yogures e incluso en algunos medicamentos, no había estudios serios sobre su impacto en la salud.

Tales productos se anuncian como alternativas “bajas en calorías” y por tanto, se los percibe como “sanos”. Esta impresión anima a los consumidores a usar las sacarinas para evitar engordar. Pero, incluso tomadas con moderación, tienen efectos negativos en la salud. Hoy día se cuestionan cada vez más, considerándolos sospechosos de engordar –sí, de engordar– y de ser carcinógenos.

El nuevo estudio es fruto del ánimo de ciertos investigadores independientes por aclarar sus efectos reales en la salud, particularmente en las enfermedades metabólicas.

Los hallazgos de la investigación sugieren que deben emplearse con el máximo cuidado. En febrero, se publicó un estudio que mostraba el incremento del riesgo de diabetes con su consumo.

La investigación se basa en una muestra de más de 100.000 mujeres francesas, parte del Epidemiological Study of Women in National Education, o E3N, una de las pocas muestras de este tamaño en el mundo.

Las participantes rellenaron cuestionarios detallados (que incluían fotos) acerca de sus regímenes alimentarios desde 1993, con detalles exhaustivos de todo lo que comían, incluyendo aperitivos de cualquier tipo antes de las comidas, o entre ellas. El estudio finalizó en 2007.

El estudio de dichos datos en 2013 fue capaz de demostrar por primera vez el elevado riesgo de diabetes tipo 2 en comparación con los refrescos normales.

De las más de 66.000 mujeres a quienes se siguió durante el proyecto, se diagnosticó diabetes a 1.369 de ellas. Se elaboró un modelo del riesgo de desarrollar la enfermedad en función del consumo de tres tipos de bebidas: refrescos normales, refrescos con edulcorantes artificiales añadidos (los “light”) y zumos de frutas cien por cien naturales (no industriales). Se tuvo en cuenta otros factores, como el Índice de Masa Corporal, la actividad física y los antecedentes familiares.

Los resultados fueron precisos. Por ejemplo, con un consumo semanal de 1,5 litros, el riesgo de diabetes fue un 60% mayor con bebidas light que con normales. Y hay que tener en cuenta que entonces se consumían menos light que hoy en día. Resulta significativo que los zumos de frutas naturales (o sea con azúcares naturales, no añadidos), no incrementaron en absoluto el riesgo.

Desde un punto de vista psicológico, el mecanismo subyacente a los resultados no está del todo claro. La hipótesis es que los consumidores habituales de los edulcorantes artificiales tienen mayor apetencia por el azúcar, a la vez que una tendencia a comer de más en general.

Se piensa que los edulcorantes artificiales incrementan la sensación de hambre y activan los receptores T1R2 y T1R3, que detectan diversas moléculas de varias estructuras químicas de sabor dulce en el tracto digestivo. Si este es el caso, los edulcorantes no producen el efecto deseado, que es… no engordar, sino al contrario.

Otra hipótesis es que los consumidores a largo plazo de edulcorantes segregan en menor medida la hormona GLP-1 (Glucagon-Like Peptide-1), que provoca la secreción de insulina en el páncreas. Con ello, estos consumidores tendrían peor regulación del metabolismo glucémico.

Un experimento llevado a cabo con ratones en el Weizmann Institute of Science, en Israel, mostró que el alto consumo de ciertos edulcorantes provoca cambios en el microbioma intestinal.

Sabemos que el microbioma –las bacterias del intestino, que regulan las funciones digestivas, metabólicas, de inmunización y neurológicas del cuerpo– es de vital importancia para la salud. Se piensa que su alteración causa intolerancia a la glucosa y resistencia a la insulina, lo que puede resultar en diabetes tipo 2.

Tanto dirigido a quienes quieren adelgazar como a quienes buscan evitar el exceso de azúcar, es el momento de depurar los mensajes sobre los beneficios –mejor: los riesgos– de los llamados alimentos “light”.

Queso podria alargar vida

Un nuevo estudio ha encontrado que los quesos curados, como el manchego, el brie, el cheddar, el parmesano… pueden ayudar a aumentar la esperanza de vida e incluso evitar un cáncer como el hígado.

Los investigadores, de la Texas AM University, descubrieron que este tipo de quesos contiene espermidina, una poliamina, que impide que las células hepáticas dañadas se repliquen. Esto significa que el queso tiene la potencial capacidad de prevenir la cirrosis hepática –que es un incremento del tejido fibroso que da lugar a la aparición de nódulos, con alteración de la estructura normal del órgano – y la forma más común del cáncer de hígado.

Los experimentos, llevados a cabo con ratones, consistieron en suministrarles un suplemento de espermidina durante toda su vida. El equipo encontró que la esperanza de vida de los así tratados aumentó un 25 por ciento.

Y buena noticia para los no amantes del queso (que los hay…): los científicos encontraron que las setas, los productos a base de soja y los cereales integrales proporcionaron beneficios similares.

Será necesario realizar ensayos en humanos, advirtieron, e investigar si la espermidina puede convertirse en un suplemento para aumentar la esperanza de vida.

Y también señalaron que para ver una mejora significativa, probablemente sería necesario tomar un suplemento de espermidina desde muy niño.

El equipo reveló que hay otras tres cosas que han demostrado ayudar a los animales a vivir más tiempo, según varios estudios.

“Una importante reducción de las calorías consumidas, la restricción de la ingesta de metionina (un aminoácido presente en la carne y otras proteínas), y tomar rapamicina (un inmunosupresor usado habitualmente para prevenir el rechazo de un órgano trasplantado) han demostrado que prolongan la vida de los animales así tratados”, dijo el Dr. Leyuan Liu, de dicha universidad.

Más razones para comer queso

En un artículo publicado en el British Journal of Sports Medicine, tres investigadores afirmaron que la creencia generalizada de que las grasas saturadas (como las que se encuentran en los productos lácteos) obstruyen las arterias es lisa y llanamente falsa.

“La obsesión de eliminar de la dieta las grasas saturadas debe revisarse. A efectos de optimizar la salud cardíaca, es mucho más efectivo una caminata diaria, que minimiza el estrés”, afirmaron.

Y, de acuerdo con una investigación reciente llevada a cabo en el University College de Dublín, los comedores de (mucho) queso no tienen niveles más altos de colesterol.

Hay controversia, sin embargo. El Dr. Mike Knapton, director médico asociado de la British Heart Foundation dijo que las afirmaciones vertidas en el BJSM eran engañosas. “Décadas de investigación han demostrado que una dieta rica en grasa saturada aumenta el colesterol LDL (el “malo”) en la sangre, lo que aumenta el riesgo de un ataque al corazón o de un ictus”, afirmó.

Sin gluten posible diabetes

La investigación, de gran tamaño, con profesionales de la salud estadounidenses, mostró que los que menos gluten comían tenían un riesgo más alto, a medio y largo plazos, de contraer diabetes tipo 2.

Están en el candelero, las dietas sin gluten. El número de personas que afirma haberlo suprimido se ha triplicado entre 2009 y 2014 y seguramente es significativamente superior a día de hoy.

Sabemos que hay personas intolerantes al gluten, los celíacos, para quienes es necesario eliminarlo por completo. Pero está de moda eliminarlo en una dieta supuestamente eficaz. Ahora el nuevo estudio cuestiona sus beneficios.

Los hallazgos no demuestran causalidad, pero el estudio plantea dudas sobre los beneficios a largo plazo de evitar el gluten, aunque últimamente se está dando por sentado que es algo saludable.

Hay poca investigación sobre si los no-celíacos se benefician de no tomar gluten, dijo el Dr. Geng Zong, de la Universidad de Harvard, en Boston, lo que constituye una laguna en los estudios sobre la proteína.

Los nuevos hallazgos se basan en casi 200.000 profesionales de la salud de EE. UU., cuya salud y estilo de vida se controló durante treinta años.

“La moda de la dieta sin gluten no existía cuando empezó el estudio, en los años ochenta”, señaló Zong. “Pero la ingesta de gluten de los participantes dsiminuyó de forma natural, basándose en la frecuencia con que comían alimentos como el pan, cereales y pasta”.

Durante los 30 años, alrededor de 16.000 participantes desarrollaron diabetes tipo 2, una enfermedad en que los niveles de glucosa en sangre son demasiados altos. La obesidad es uno de los más importantes factores de riesgo.

Cuando los investigadores observaron la ingesta de gluten, encontraron que los participantes que comieron menos gluten presentaban un riesgo ligeramente más alto de desarrollar diabetes, con el tiempo.

La mayoría ellos consumieron no más de 12 gramos de gluten al día, con un promedio de entre 6 y 7 gramos. Las que estaban en el 20 por ciento superior en cuanto a la ingesta de gluten tenían un 13 por ciento menos de probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2, en comparación con las que estaban en el 20 por ciento inferior, que comieron normalmente menos de 4 gramos de gluten al día, mostraron los hallazgos.

El equipo tomó en cuenta otros factores, como la cantidad de ejercicio realizado, el peso, la ingesta habitual de calorías y los antecedentes familiares de diabetes. Con todos estos considerandos, la menor ingesta de gluten siguió asociada a un riesgo mayor de diabetes tipo 2.

Los hallazgos se presentaron en la reunión anual de 2017 de la American Heart Association, en Portland, Oregón.