Obesidad en el embarazo

La obesidad durante el embarazo–aparte de sus consecuencias para la salud como la diabetes–puede representar el riesgo más alto de dar a luz un bebé atípicamente grande, según investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés). El estudio de estos investigadores se da a conocer en JAMA Pediatrics.

“Nuestros resultados subrayan la importancia de alcanzar un peso corporal saludable antes del embarazo”, dijo Cuilin Zhang, M.D., Ph.D., autora principal del estudio e investigadora de la División de Investigación Intramuros de la Salud de la Población del Instituto Nacional de la Salud Infantil y el Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver de los NIH. “También sugieren que los médicos deben vigilar cuidadosamente los embarazos de todas las mujeres obesas, independientemente de si padecen o no afecciones médicas relacionadas con la obesidad”.

La macrosomía–gran tamaño corporal al nacer–es común entre los niños nacidos de mujeres obesas, especialmente aquellas que padecen de diabetes gestacional (alto contenido de azúcar en la sangre durante el embarazo). La macrosomía aumenta el riesgo de que un bebé sufra una fractura ósea durante el nacimiento. También aumenta la probabilidad de que el bebé necesite nacer por cesárea. Tener un bebé grande también incrementa el riesgo de hemorragia postparto, o sangramiento excesivo al dar a luz, para una madre.

En el estudio actual, los investigadores analizaron ecografías tomadas durante el embarazo de más de 2,800 mujeres embarazadas: 443 mujeres obesas sin afecciones médicas acompañantes, como diabetes, y más de 2300 mujeres no obesas. Los investigadores categorizaron el peso de las mujeres según la puntuación de su índice de masa corporal (IMC). Las mujeres con un IMC entre 30 y 44.9 fueron clasificadas como obesas, mientras que aquellas con un IMC de 29.9 fueron consideradas como no obesas.

A partir de la semana 21 del embarazo, las ecografías revelaron que para los fetos de mujeres obesas, el fémur (hueso del muslo) y el húmero (hueso de la parte superior del brazo) eran más largos que los de los fetos de mujeres no obesas. Las diferencias entre los fetos de mujeres obesas y no obesas continuaron hasta la semana 38 del embarazo. Para los fetos en el grupo obeso, la longitud promedio del fémur fue 0.8 milímetro más larga (aproximadamente 0.03 pulgada), en comparación con el grupo no obeso, y la longitud del húmero fue aproximadamente 1.1 milímetros más larga (aproximadamente 0.04 pulgada), en comparación con el grupo no obeso.

El peso promedio al nacer fue aproximadamente 100 gramos (aproximadamente 0.2 libras) más pesado en el grupo obeso. Además, los bebés nacidos de mujeres obesas tuvieron más probabilidad de ser clasificados como grandes para la edad gestacional (peso al nacer superior al percentil 90), en comparación con los bebés nacidos de mujeres no obesas.

El estudio no pudo determinar exactamente por qué los fetos de mujeres obesas eran más grandes y pesados que los fetos en el grupo no obeso. Los investigadores teorizan que debido a que las mujeres obesas tienen más probabilidad de presentar resistencia a la insulina (dificultad para usar la insulina para hacer descender el nivel de azúcar en la sangre), los niveles más altos de azúcar en la sangre pudieran haber impulsado crecimiento excesivo en sus fetos.

Los autores señalaron que estudios previos han indicado que el riesgo más alto de desarrollo excesivo observado en recién nacidos de mujeres obesas puede predisponer a estos infantes a obesidad y enfermedad cardiovascular posteriormente en la vida. Pidieron la realización de estudios adicionales que den seguimiento a los niños nacidos de mujeres obesas para determinar cuáles problemas de salud pueden enfrentar. (Fuente: NIH/Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development)</p>

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Niño pierde la vista por dieta extrema

Según un informe del caso publicado el pasado 2 de octubre en el portal JAMA NETWORK, los padres del chico de 11 años de ascendencia asiático-oriental le llevaron al hospital después de 8 meses de pérdida progresiva de visión, ceguera nocturna y sensibilidad a la luz.

Su historial médico incluyó un diagnóstico de eccema y múltiples alergias alimentarias. Debido a las preocupaciones sobre los factores desencadenantes de su eccema, los médicos descubrieron que el niño llevaba una dieta restrictiva que consistía únicamente en alimentarse a base de patatas, cerdo, cordero, manzanas, pepino y cereales Cheerios.

¿Qué tienen en común estos alimentos? Que ninguno es una buena fuente de vitamina A. De hecho, cuando los médicos midieron los niveles de vitamina A en la sangre del niño, encontraron que tenía una gran deficiencia. Los niveles sanguíneos de vitamina A del niño eran de 14,3 microgramos por decilitro; cuando el rango normal para esta vitamina es de 25,8 a 48,7.

“La deficiencia de vitamina A es muy común en las zonas más pobres del mundo, donde es una de las principales causas de ceguera”, decía el informe. “Pero en las partes más desarrolladas del mundo, es más raro”.

Aún así, “las personas que tienen dietas muy restringidas como la de este niño están en mayor riesgo de deficiencia de vitamina A y de otras deficiencias nutricionales”. La vitamina A es esencial para la visión ya que ayuda a que ciertas células de los ojos funcionen correctamente, por lo que no obtener suficiente vitamina puede llevar a anormalidades en la retina.

Los alimentos que contienen más vitamina A son las zanahorias, las patatas dulces, las verduras de hoja verde y el pescado. Para tratar la deficiencia de vitamina del niño, se le administró por vía intravenosa una “megadosis” de vitamina A diariamente durante dos días, consistente en 200.000 UI (Una dosis normal de vitamina A para un niño de 11 años es de 2.000 UI al día, según la Clínica Mayo). Seis semanas más tarde, la visión de los ojos del niño había mejorado significativamente, según el informe.

Actualmente, los padres del niño están tomando las medidas necesarias para asegurarse de que su hijo recibe suficiente vitamina A diariamente. Sin embargo, aunque en algunos casos la pérdida de la visión ligada a la deficiencia de vitamina A puede ser revertida, en el caso del niño se ha producido ya una gran pérdida de visión que probablemente será permanente, según dicho informe.

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Alimentos para controlar el apetito

Con el aumento general de los índices de obesidad, modular el apetito mediante la propia alimentación puede ser un gran aliado para la pérdida de peso y una alternativa al uso de medicamentos.
Algunos alimentos generan una sensación de saciedad prolongada y así favorecen el control del apetito.

“Generalmente las fibras y los granos, si se utilizan de manera adecuada, pueden ayudar a moderar el apetito”, afirma Denise Boia, nutricionista del Centro de Tratamiento de la Obesidad Mórbida del Hospital Badim, en Rio de Janeiro, Brasil.
A continuación te presentamos una lista de tres tipos de alimentos que pueden ayudarte con la sensación de saciedad y la pérdida de peso, y que elaboramos con la ayuda de expertos en nutrición.

1. Fibras y granos

Las frutas, las verduras, las legumbres, las leguminosas y los granos como la avena, la linaza, la chía y el sésamo son ricos en fibras solubles y ayudan a modular el apetito.
“En contacto con el agua las fibras solubles aumentan su volumen gástrico y dan una sensación de saciedad”, explica la nutricionista Tainá Gaspar, que trabaja en la reeducación alimentaria.

Para lidiar con los “ataques de hambre” los nutricionistas sugieren tener a mano opciones como uvas pasas, albaricoques o damascos secos, dátiles, nueces de Brasil y fruta deshidratada.
Otras alternativas son las hojas de lechuga o berro y los cereales en general (arroz integral, avena, centeno, cebada, mijo, maíz, quinua, trigo sarraceno), frutos de plantas oleaginosas (nuez de Brasil, nueces, almendras), semillas (chía, linaza, girasol) y frutos secos (albaricoques o damascos, dátiles y uvas pasas), enumera Boia.
“Estos alimentos, además de se una fuente de fibra, son ricos en triptófano, que es un aminoácido que participa en la síntesis de la serotonina, un neurotransmisor que regula el humor y el sueño”, explica Boia.

Además poseen buenas concentraciones de magnesio, cromo, selenio y vitaminas del complejo B. “Estos nutrientes participan en reacciones químicas vitales para el organismo, además de mejorar las defensas del cuerpo”, comenta.

Para aumentar la sensación de saciedad las fibras pueden incluirse en todas las comidas del día, así como en los refrigerios, recomiendan los nutricionistas.

Además, los alimentos ricos en fibras exigen un masticado exhaustivo y permanecen más tiempo en el estómago. “Así, inhiben la producción de grelina, que es una hormona que se produce cuando el estómago está vacío y genera la sensación de hambre”, dice Boia.

2. Proteínas y grasas no saturadas

Tanto las proteínas como las grasas no saturadas retardan el vaciado gástrico, es decir, la salida de los alimentos hacia el intestino, prolongando así la sensación de saciedad durante más tiempo tras las comidas, explica Gaspar.

Las grasas no saturadas ayudan al cuerpo a combatir el colesterol malo.
Entre los alimentos más proteicos están las leguminosas, como las habas, las lentejas, los guisantes, los garbanzos y la soja, además de las carnes, los huevos y los lácteos.

Entre los alimentos ricos en grasas no saturadas están el aguacate, las nueces de Brasil y otras semillas leguminosas, el aceite de oliva y otros aceites vegetales.

Este tipo de grasa, que se encuentra principalmente en los vegetales, también puede tener un efecto positivo en el cuerpo, ayudando al organismo a combatir el colesterol malo, los triglicéridos, y a controlar la presión arterial, además de ayudar a controlar el apetito.

Usados con moderación, estos alimentos pueden tener beneficios para la salud y el bienestar, incluso ayudar a la pérdida de peso, apunta Gaspar. “Además cuando estos nutrientes llegan al intestino, se produce la liberación de una hormona llamada colecistoquinina, que también juega un papel en la generación de saciedad”.

3. Alimentos de acción termogénica

Además de escoger los alimentos que ayudan a controlar el apetito se pueden elegir ingredientes que favorecen una acción termogénica en el organismo; es decir, que aumentan la temperatura corporal y aceleran el metabolismo basal para la producción de energía.
“Así las células de grasa se queman para producir energía”, explica Boia.

La canela es uno de los alimentos que aumentan la temperatura corporal, y así, aceleran el metabolismo basal para la producción de energía.
En general los alimentos que tienen esta característica son condimentos, como detalla a continuación el especialista:
Pimienta roja o chile: tiene la sustancia llamada capsaicina, que ayuda a acelerar la quema de grasa.

Canela: actúa como un hipoglicemiante natural, que ayuda a la quema de grasa al nivelar la glicemia, es decir, la cantidad de glucosa contenida en la sangre.

Cúrcuma: funciona como un antioxidante natural.

Gengibre: además de acelerar la quema de grasas tiene propiedades antiinflamatorias, que ayudan en los casos de obesidad.
“La obesidad es una enfermedad crónica y progresiva que genera inflamación en distintos tejidos del organismo, incluído el hígado y el páncreas, órganos clave de nuestro metabolismo”, explica Boia.

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Te negro mejora la salud y adelgaza

Un nuevo estudio trae a la palestra el té negro, el de siempre, como un buen ayudante para desprenderse de unos cuantos kilos, acelerando el metabolismo. Además, siempre según la investigación, llevada a cabo en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), la infusión favorece la salud intestinal.

Para el estudio, los científicos utilizaron ratones a los que se dividió en cuatro grupos en función de las dietas a que se sometieron: baja en grasas, azúcares altos; alta en grasas y azúcares; alta en grasas, azúcares y extracto de té verde; alta en grasas, azúcares y extracto de té negro. Se pesó a los ratones durante una semana.

Lleno de antioxidantes y muchas otras sustancias, el té verde es una de las bebidas más saludables que existen.

Los resultados mostraron que al final del estudio, los ratones a quienes se suministró extractos de los tés habían adelgazado lo mismo que los que se vieron sometidos a la dieta baja en grasas. Y que, además, los que tomaron extracto de té negro también presentaron una cantidad mayor de Pseudobutyrivibrio -una bacteria que influye en el metabolismo- en sus organismos.

Es la primera vez que el té negro se equipara al té verde en lo referente a la salud intestinal.

“Sabíamos que los polifenoles del té verde son más efectivos y tienen más beneficios que los del té negro, pues los compuestos químicos verdes se absorben mejor por la sangre y los tejidos. Nuestros hallazgos muestran que el té negro puede también contribuir, a través de un mecanismo específico de la flora intestinal (o microbioma) a una mejor salud y a la pérdida de peso en humanos”, dijo la Dra. Susanne Henning, autora del estudio. Y añadió que “los amantes del té negro tienen una nueva razón para no cambiarse al verde”.

Eso sí, hay una cortapisa: el té debe tomarse sin leche, lo que es una mala noticia para quienes lo toman con la clásica nube. Los autores recalcan que si bien estos hallazgos podrían avalar el té negro como ayuda para adelgazar, los ratones son muy diferentes a nosotros y la única manera cien por cien segura de adelgazar es una dieta equilibrada y sana complementada con ejercicio.

El estudio se publicó en la revista European Journal of Nutrition.

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Brocoli beneficia ante problemas intestinales

Científicos de la Penn State University (Estados Unidos) han descubierto que el consumo habitual de brócoli, u otras verduras como el repollo o las coles de Bruselas, puede ser beneficioso para evitar problemas intestinales, según los resultados de un estudio en ratones cuyos resultados publica en la revista ‘Journal of Functional Foods’.

“Hay muchas razones por las que queremos ayudar a la salud gastrointestinal, tanto para quienes ya tienen problemas como para evitar otras patologías también relacionadas con la inflamación intestinal, como la artritis o las enfermedades cardiovasculares\”, ha señalado Gary Perdew, principal autor del estudio.

Cuando la función de la pared intestinal está sana el órgano está protegido de toxinas y otros microorganismos que puedan ser perjudiciales, al tiempo que permite a los nutrientes continuar su recorrido.

Y, según Perdew, la clave del proceso puede ser un receptor en el intestino llamado receptor de hidrocarburo Aryl o AHR, que ayuda al cuerpo a regular su reacción a ciertos contaminantes ambientales, así como a desencadenar otras respuestas a la exposición a toxinas.

En su investigación, Perdew y su equipo observaron que algunas verduras como el brócoli, las coles de Bruselas o el repollo contienen un compuesto químico orgánico llamado indol glucosinolato, que se descompone en otros compuestos entre los que se encuentra el indolocarbazol (ICZ) en el estómago.

Cuando el ICZ se une y activa el receptor de hidrocarburo Aryl (AHR) en el revestimiento intestinal, ayuda a mantener un equilibrio saludable en la flora intestinal y la vigilancia inmunológica, y mejora la función de barrera ante los organismos huéspedes, según los investigadores.

Y esto puede ayudar a prevenir determinadas patologías como algunos tumores o enfermedad de Crohn, causada por la inflamación en el revestimiento del intestino.

Según Perdew, la hiperactivación de la AHR puede causar toxicidad, pero el uso de brócoli para activar el receptor localmente –en el intestino– en lugar de sistemáticamente podría ayudar a evitar algunos de estos problemas.

“La dioxina, por ejemplo, activa este receptor, y si lo hiperactiva con dioxina, causará toxicidad. Pero lo interesante es que activándolo localmente y de forma natural no causa una activación sistémica”, ha explicado.

Los investigadores usaron dos líneas genéticas de ratones en el estudio para centrarse en la AHR. Una línea tenía una baja capacidad para unir ICZ a la AHR, mientras que la otra línea tenía una alta capacidad.

Añadieron un 15 por ciento de brócoli a las dietas de ambos grupos de ratones. Y después de añadir una sustancia que causa problemas digestivos, los investigadores dijeron que los ratones con una mayor capacidad para unir ambos compuestos estaban protegidos contra un producto químico que indujo problemas digestivos.

La cantidad utilizada en el estudio equivaldría a 3,5 tazas de brócoli al día, según Perdew. “Ahora parece mucho, pero en realidad no es una gran cantidad si se tiene en cuenta que otras verduras pueden jugar el mismo efecto”, declaro.

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Argentina, primero en obesidad en America Latina

El reciente informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no es alentador para Argentina, y es que el país terminó en primer lugar entre los más obesos de Latinoamérica.

Todavía más preocupante, aparece la cifra de obesidad infantil en el país, que asciende al 27,8% de los menores.

En primer lugar, los expertos ponen a la mala alimentación como uno de los principales causantes de esta epidemia de escala global. En segundo término, la OMS señala que la falta de ejercicio es uno de los pilares en la obesidad, tanto en adultos como niños. Por último, la Organización apunta a la calidad de los alimentos y el abuso del consumo de bebidas endulzadas artificialmente, como dos factores a tener en cuenta si se quiere revertir la situación.

Por lo expuesto, los expertos de la OMS realizaron una serie de recomendaciones para las poblaciones con los mayores indicadores de obesidad en nuestro continente. En el caso de Argentina, apuntan a reemplazar el consumo de carne de res, que a la fecha asciende a 57 kilos per cápita en lo que va de 2017.

Hilando fino, los expertos apuntan a reemplazar los cortes más baratos (a los que acceden las clases populares), por otros tipos de carne magros, como el pollo o el pescado. Es que Argentina tiene un mar muy rico en alimentos, así como una extensiva producción de aves de corral, lo que podría favorecer el reemplazo de la carne de res por una opción más saludable, como la carne de pavo.

Mejorar su conocimiento sobre los tipos de calorías que está consumiendo. En el caso de no disponer del tiempo existen aplicaciones para todo tipo de dispositivo</a>, que ayudan a regular el peso mediante una dieta fácil de seguir. Además, muchos de estos programas están relacionados con otros que ofrecen rutinas de ejercicio muy completas, con la posibilidad de llevar un registro de su progreso a lo largo del tiempo. Las claves para mantener o bajar de peso es alimentarse adecuadamente para la cantidad de energía que necesitamos diariamente, pero además realizar ejercicio para quemar todo exceso.

Además, es muy importante alejarse de algunos platos tradicionales argentinos, cuya composición incluye grasas saturadas y otros ingredientes asociados al incremento de peso, como son el asado (cortes grasos como la entraña o achuras), las empanadas, pastelería frita, el dulce de leche y muchos otros. Una buena opción para reemplazarlas es la gastronomía japonesa.

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Obesidad infantil multiplicada por 10, desde 1975

La obesidad ataca también a los más pequeños. Las últimas cifras, recogidas hoy por la revista The Lancet, sostienen el incremento considerable ocurrido en las últimas cuatro décadas. Así, la tasa aumentó de menos del 1% (equivalente a cinco millones de niñas y seis millones de niños) en 1975 hasta casi el 6% en las niñas (50 millones) y casi el 8% en los niños (74 millones) en 2016.

El estudio, publicado un mes antes del Día Mundial de la Obesidad (12 de noviembre), analiza el peso y estatura de casi 130 millones de personas mayores de cinco años –31,5 millones de 5 a 19 años y 97,4 millones de 20 años o más–, lo que lo convierte en el estudio epidemiológico con mayor número de participantes.

Los resultados subrayan que el número de obesos de 5 a 19 años de edad aumentó más de diez veces en el mundo, pasando de 11 millones en la década de los 70 a 124 millones el año pasado. Otros 213 millones se registraron con sobrepeso en 2016, pero en un rango por debajo del umbral de la obesidad.

“En las últimas cuatro décadas, las tasas de obesidad en niños y adolescentes se dispararon en el mundo”, explica Majid Ezzati, investigador del Imperial College de Londres y uno de los autores principales del trabajo.

Según los autores, esta tendencia no hace sino reflejar el impacto de la comercialización de ciertos productos en todo el mundo, con alimentos nutritivos saludables demasiado caros para las comunidades pobres.

El estudio llega en un momento en el que muchos gobiernos comienzan a implementar distintas acciones para frenar la obesidad, como los impuestos a las bebidas azucaradas –una política que está demostrando ser eficaz para mejorar las dietas–.

“La obesidad se encuentra en niveles críticos. El resultado es un terrible aumento del sufrimiento humano, que también conlleva enormes costes económicos”, afirma por su parte Michael R. Bloomberg, embajador de la OMS para las enfermedades no transmisibles.

Al desglosar las cifras país por país, el aumento de las tasas de obesidad infantil y adolescente en los estados con altos ingresos se ha ralentizado y estabilizado. Sin embargo, en los países de ingresos bajos y medios, especialmente en Asia, la tasa se ha visto acelerada en los últimos años.

Con respecto a la tasa de obesidad más alta, en 2016 se dio en Polinesia y Micronesia tanto en niños (22,4%) como niñas (25,4%), seguida por la región de habla inglesa con altos ingresos, es decir, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, Irlanda y el Reino Unido.

Las áreas del mundo con el mayor aumento en el número de niños y adolescentes obesos fueron Asia oriental, la región de habla inglesa de altos ingresos, Oriente Medio y África del Norte. Nauru (Micronesia) fue el país con mayor prevalencia de obesidad en las niñas (33,4%) y las Islas Cook (Pacífico Sur) en los niños (33,3%).

En Europa, las niñas de Malta y los niños de Grecia tuvieron las tasas de obesidad más elevadas, con un 11,3 y un 16,7% de la población, respectivamente; mientras que las niñas y niños de Moldavia tuvieron las tasas más bajas, que comprendían el 3,2 y el 5%, respectivamente.

En cuanto al índice de masa corporal (IMC, una medida que indica si el peso de una persona es saludable), el mayor aumento durante las cuatro décadas se dio en Polinesia y Micronesia tanto para niños como para niñas, y en Centroamérica para las niñas.

De hecho, el país con el mayor aumento en el IMC de las niñas fue Samoa (Polinesia), que incrementó este valor en 5,6 kg/m2, y para los niños fue las islas Cook, con un 4,4 kg/m2 más.

El menor aumento en el IMC durante las cuatro décadas cubiertas por el estudio se observó en Europa oriental. En el caso de España, en 1975 la media del IMC de los jóvenes analizados era de 18,80 para los chicos y de 18,57 para las chicas. A pesar de que en 2016 creció hasta alcanzar un 20,13 y un 20,03, respectivamente, los valores continuan en un rango de peso normal.

Pero si los datos son malos ahora, los expertos sostienen que, de continuar las tendencias posteriores al año 2000, los niveles globales de obesidad infantil y adolescente superarán a los de los jóvenes con bajo peso moderado y severo de la misma edad en 2022.

En 2016, el número global de niñas y niños por debajo del peso normal fue de 75 millones y 117 millones, respectivamente. En estas cuatro décadas, el país con la mayor prevalencia de peso insuficiente ha sido la India (24,4% de las niñas y 39,3% de los niños en 1975, y el 22,7 y el 30,7% en 2016).

El problema radica en que los niños y los adolescentes han pasado rápidamente de ser una mayoría con bajo peso a una mayoría con sobrepeso en muchos países de ingresos medios, incluso en Asia oriental, América Latina y el Caribe.

Para los autores, esto refleja un aumento en el consumo de alimentos calóricos, especialmente carbohidratos altamente procesados que conducen al incremento de peso y a pobres resultados de salud.

Desde hace años, la OMS anima a los países a reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, altos en calorías y pobres en nutrientes, así como el tiempo que los niños gastan en actividades de ocio sedentarias. Una alimentación sana y una vida activa ayudarán a acabar con la lacra de la obesidad en las futuras generaciones.

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Investigacion altenativa de leche

Investigadores de la Universidad de Surrey, en Reino Unido, examinaron el contenido de yodo de 47 bebidas alternativas a la leche (incluyendo de soja, almendra, coco, avena, arroz, avellana y cáñamo, para lactantes y niños) y lo comparó con el de la leche de vaca.

Los consumidores de bebidas alternativas a la leche pueden estar en riesgo de deficiencia de yodo, según los resultados de un nuevo estudio que se publica en ‘British Journal of Nutrition’.

Los científicos descubrieron que la mayoría de las bebidas alternativas a la leche no tenían niveles adecuados de yodo, con concentraciones de alrededor del 2 por ciento de las encontradas en la leche de vaca. La leche de vaca y los productos lácteos son la principal fuente de yodo en la dieta de Reino Unido, sin embargo, los resultados del estudio muestran que la mayoría de las bebidas alternativas de leche no son un sustituto adecuado.

Se requiere yodo para producir hormonas tiroideas y es particularmente importante durante el embarazo, ya que es esencial para el desarrollo normal del cerebro fetal. La investigación anterior en esta área realizada por la Universidad de Surrey ha demostrado que el estado bajo del yodo en madres embarazadas se relaciona con coeficiente intelectual más bajo y peor puntuación en lectura en sus niños (hasta 9 años de edad).

La profesora de Medicina Nutricional en la Universidad de Surrey Margaret Rayman señala: “Muchas personas no son conscientes de la necesidad de este mineral vital y es importante que las personas que consumen bebidas alternativas a la leche se den cuenta de que no reemplazarán el yodo de leche de vaca, que es la principal fuente de yodo en Reino Unido, lo que es particularmente importante para las mujeres embarazadas y para quienes planean un embarazo”.

“Un vaso de una bebida alternativa a la leche de vaca sólo proporcionaría alrededor de 2 mcg de yodo, que es una proporción muy pequeña de la ingesta de yodo recomendada por los adultos de 150 mcg/día. En el embarazo, esa recomendación sube a 200 mcg/día”, añade esta investigadora.

La doctora Sarah Bath, profesora de Nutrición en Salud Pública de la Universidad de Surrey y nutricionista, apunta: “Las bebidas alternativas a la leche se utilizan cada vez más como reemplazo de la leche de vaca por una serie de razones que incluyen alergia o intolerancia a la leche de vaca”.

“De manera preocupante, la mayoría de las bebidas alternativas a la leche no están fortificadas con yodo y su contenido de yodo es muy bajo. Si se evita la leche y los productos lácteos, los consumidores deben asegurarse de que obtienen yodo de otras fuentes dietéticas. Si están considerando tomar un suplemento de yodo, se deben evitar las algas marinas que pueden proporcionar cantidades excesivas de yodo”, detalla.

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El tiempo del cuerpo, influye en el peso

Un grupo de investigadores estadounidenses han investigado la influencia de las pautas de sueño en los hábitos alimenticios y parece que existe una asociación entre ambos.

El equipo analizó los datos de 110 voluntarios de entre 18 y 22 años, documentando el sueño y los comportamientos circadianos de sus rutinas diarias. Mediante una aplicación, se registró también la ingesta de alimentos a lo largo de siete días. La composición del cuerpo, así como el momento de liberación de la melatonina (que fija el inicio del sueño) se evaluaron en el laboratorio.

Se encontró que los participantes con mayores porcentajes de grasa corporal ingerían una parte importante de las calorías diarias poco antes de acostarse, lo que sugiere que el factor más importante a efectos de adelgazar es separar unas horas la cena y el irse a la cama, lo que daría tiempo al cuerpo para digerirla.

Por el contrario, los voluntarios con porcentajes más bajos de grasa corporal tendían a permanecer despiertos varias horas después de cenar.

“Encontramos que los mayor porcentajes de grasa corporal y más elevados índices de masa corporal estaban asociados al momento de la secreción de la melatonina, el marcador de la noche biológica de la persona, y no con la hora del día, ni con la cantidad o la composición de los alimentos”, afrimó el autor principal Dr. Andrew McHill, de la Oregon Health and Science University,en Portland, Oregon.

“Estos hallazgos sugieren que el momento en que se consumen las calorías, en relación con el propio momento biológico, es más importante para la salud que la hora real del día”, añadió. El estudio se publicó en la revista American Journal of Clinical Nutrition.

A pesar de la juventud de los voluntarios, con lo que la muestra podría no ser representativa, los resultados apuntan que comer conforme a los relojes corporales individuales podría desempeñar un papel importante en el control de peso a largo plazo.

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Proteinas en exceso, pueden causar daños

El exceso de este nutriente puede causar mucho más daño de lo que podría parecer a primera vista, advierten científicos.

Mientras en los países pobres muchas personas sufren desnutrición, en las naciones desarrolladas el consumo de proteínas es más alto de lo realmente necesario.

En España, por ejemplo, un 30% de la población consume más proteínas de las necesarias, mientras en EE.UU. parte de la población está “obsesionada con las proteínas”, según recoge ‘Civil Eats’. El estadounidense medio consume diariamente unos 100 gramos de este nutriente, aproximadamente el doble de lo recomendado por la Academia Nacional de Medicina, que aconseja ingerir 46 gramos en el caso de las mujeres adultas y de 56 en el de los hombres.

Proteínas contra el metabolismo
En opinión del dietista y nutricionista deportivo José Luis Flores, este comportamiento alimenticio podría convertirse en la causa de varios problemas de salud. “Una alimentación hiperproteica podría afectar el metabolismo óseo y aumentar el riesgo renal”, comentó el experto a ‘La Vanguardia’.

Además, según el experto, “el consumo de altas cantidades de proteínas durante mucho tiempo podría inducir a una resistencia metabólica”, explicó.

Según Luis Flores, “lo mejor es comer de forma equilibrada, siguiendo un estilo de alimentación basado en la dieta mediterránea y con la cantidad de proteína necesaria para cada persona, adaptada a su peso, actividad física y objetivos a conseguir”, añadió.

La Fundación Española de la Nutrición (FEN) establece la norma diaria de proteínas en 0,8 g/kg, lo que constituye unos 12% de la ingesta de energía. Alrededor del 80% de la proteína la recibimos de fuentes animales.

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Por ejemplo, tres huevos para el desayuno nos dan 20 gramos de este nutriente, un sándwich de pavo para el almuerzo – otros 20, y una porción pequeña de tan solo 150 gramos de carne para la cena nos dará otros 50. Así fácilmente tenemos 90 gramos al día y un exceso de proteína en el organismo.

Proteína para los músculos
La idea de “cuanto más, mejor” no ayuda aumentar la cantidad del tejido muscular en el cuerpo, afirma José Luis Flores. “Consumir proteínas por encima de las cantidades óptimas no genera ni un mayor aumento de la síntesis proteica ni de la masa muscular, sino que habrá un aumento de la oxidación de los mismos y de la excreción”, explicó el especialista.

Imagen ilustrativaEsto es lo que le pasa a nuestro cuerpo si solo comemos papas
Además, el experto señaló, que los batidos de proteínas, los que utilizan muchos deportistas, realmente tienen varios beneficios: “Este suplemento no es malo para la salud, pero no puede actuar como sustituto de cualquier comida. Hay diferentes tipos, como por ejemplo la proteína ‘whey’, de soja o extraída de la ternera, y hay que saber elegirla, evitando la proteína concentrada y eligiendo siempre la proteína aislada debido a su composición nutricional”.

“La proteína concentrada contiene mayor concentración de azúcar y menor cantidad de proteínas, mientras que la aislada apenas contiene azúcar y tiene mayor cantidad de proteínas”, concluyó el especialista.

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