Niño pierde la vista por dieta extrema

Según un informe del caso publicado el pasado 2 de octubre en el portal JAMA NETWORK, los padres del chico de 11 años de ascendencia asiático-oriental le llevaron al hospital después de 8 meses de pérdida progresiva de visión, ceguera nocturna y sensibilidad a la luz.

Su historial médico incluyó un diagnóstico de eccema y múltiples alergias alimentarias. Debido a las preocupaciones sobre los factores desencadenantes de su eccema, los médicos descubrieron que el niño llevaba una dieta restrictiva que consistía únicamente en alimentarse a base de patatas, cerdo, cordero, manzanas, pepino y cereales Cheerios.

¿Qué tienen en común estos alimentos? Que ninguno es una buena fuente de vitamina A. De hecho, cuando los médicos midieron los niveles de vitamina A en la sangre del niño, encontraron que tenía una gran deficiencia. Los niveles sanguíneos de vitamina A del niño eran de 14,3 microgramos por decilitro; cuando el rango normal para esta vitamina es de 25,8 a 48,7.

“La deficiencia de vitamina A es muy común en las zonas más pobres del mundo, donde es una de las principales causas de ceguera”, decía el informe. “Pero en las partes más desarrolladas del mundo, es más raro”.

Aún así, “las personas que tienen dietas muy restringidas como la de este niño están en mayor riesgo de deficiencia de vitamina A y de otras deficiencias nutricionales”. La vitamina A es esencial para la visión ya que ayuda a que ciertas células de los ojos funcionen correctamente, por lo que no obtener suficiente vitamina puede llevar a anormalidades en la retina.

Los alimentos que contienen más vitamina A son las zanahorias, las patatas dulces, las verduras de hoja verde y el pescado. Para tratar la deficiencia de vitamina del niño, se le administró por vía intravenosa una “megadosis” de vitamina A diariamente durante dos días, consistente en 200.000 UI (Una dosis normal de vitamina A para un niño de 11 años es de 2.000 UI al día, según la Clínica Mayo). Seis semanas más tarde, la visión de los ojos del niño había mejorado significativamente, según el informe.

Actualmente, los padres del niño están tomando las medidas necesarias para asegurarse de que su hijo recibe suficiente vitamina A diariamente. Sin embargo, aunque en algunos casos la pérdida de la visión ligada a la deficiencia de vitamina A puede ser revertida, en el caso del niño se ha producido ya una gran pérdida de visión que probablemente será permanente, según dicho informe.

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Felicidad influye en la salud

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y apoyado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se basó en testimonios de personas con diferentes niveles de ingresos en nueve países, y ha sido publicado en Globalization and Health, también concluye que las emociones negativas tienen un mayor peso sobre la salud que las emociones positivas.

Tras entrevistar a más de 50.000 personas, los autores argumentan que la felicidad contribuye a tener un mejor estado de salud. El estudio evaluó dos componentes de la felicidad: la felicidad evaluada (cómo de satisfecha está una persona cuando piensa sobre su vida), y la felicidad experimentada (frecuencia e intensidad de las emociones positivas y negativas que siente una persona en su día a día). Así, los resultados mostraron que la felicidad está relacionada con la salud tras controlar el efecto de otros factores como el sexo, la edad, el nivel educativo, el nivel de ingresos, el estado civil y el lugar de residencia.

“La mayoría de la evidencia disponible hasta el momento provenía de países de ingresos altos, principalmente europeos y de Estados Unidos, pero nosotros hemos encontrado que esta relación también se da en países de menores ingresos de Asia, África y América Latina. Esto es importante si tenemos en cuenta que el 85% de la población mundial vive en países de ingresos medios y bajos”, afirma Marta Miret, primera autora del artículo.

Según los investigadores, estos resultados ponen de manifiesto que para mejorar la salud de una población no sólo es necesario elaborar políticas sanitarias. “También es importante realizar intervenciones que ayuden a que las personas se sientan más satisfechas con sus vidas y que pasen menos tiempo realizando actividades que les hacen experimentar menores niveles de felicidad, como disminuir el tiempo que dedican los ciudadanos a los desplazamientos”, ha añadido.

Esto implicaría que, continúa la experta, “el sector sanitario puede colaborar con otros sectores como el sector cultural, de infraestructuras o de planificación urbana con el fin de contribuir a una mejor salud de la población”.

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Alertan de resistencia contra los medicamentos

Científicos que asistieron a una reciente reunión de la Sociedad Americana de Microbiología informaron que habían descubierto una tendencia muy inquietante: las bacterias que contienen un gen conocido como mcr-1, que confiere resistencia al antibiótico colistina, se habían extendido por todo el mundo a un ritmo alarmante desde su descubrimiento hace 18 meses, informa ‘The Guardian’.

La colistina es conocida como el “antibiótico de último recurso”. En muchas partes del mundo los médicos recurren a su uso porque los pacientes ya no responden a ningún otro agente antimicrobiano. Ahora la resistencia a su uso se está extendiendo por todo el mundo: en una zona de China se descubrió que el 25 % de los pacientes hospitalizados la tenían.

En palabras de la asesora principal de asuntos médicos del Gobierno del Reino Unido, Sally Davies, “el mundo se enfrenta a un apocalipsis de los antibióticos”. A menos que se tomen medidas para detener la propagación de la resistencia a los antimicrobianos y se desarrollen nuevos tipos de antibióticos, podríamos volver a los días en los que las cirugías de rutina, las heridas simples o las infecciones directas podían representar amenazas reales a la vida, según la funcionaria.

Una perturbadora aritmética

De acuerdo con los expertos, la aritmética de esta aterradora perspectiva es clara y perturbadora. En la actualidad cerca de 700.000 personas al año mueren por infecciones resistentes a los medicamentos. Sin embargo, esta cifra mundial está creciendo implacablemente y podría llegar a 10 millones al año para 2050.

El mundo podría enfrentar los mismos riesgos que antes de que Alexander Fleming descubriera la penicilina en 1928. “Las cirugías de rutina, los reemplazos articulares, las cesáreas y la quimioterapia dependen de los antibióticos y también estarán en riesgo”, explicó al diario Jonathan Pearced, del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido. “Las infecciones comunes podrían ser letales de nuevo”, alertó.

En cuanto a las causas de esta creciente amenaza, los científicos apuntan al uso generalizado y excesivo de antibióticos y al fracaso de las compañías farmacéuticas para investigar y desarrollar nuevas fuentes de medicamentos generales para el futuro. Los médicos occidentales están prescribiendo demasiados antibióticos a los pacientes, que a su vez esperan recibir un medicamento para cualquier queja que tengan.

Además, el uso generalizado de los antibióticos como promotores del crecimiento de las aves de corral y el ganado ha fomentado la evolución de cepas resistentes y ahora se han propagado entre los seres humanos.

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Te negro mejora la salud y adelgaza

Un nuevo estudio trae a la palestra el té negro, el de siempre, como un buen ayudante para desprenderse de unos cuantos kilos, acelerando el metabolismo. Además, siempre según la investigación, llevada a cabo en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), la infusión favorece la salud intestinal.

Para el estudio, los científicos utilizaron ratones a los que se dividió en cuatro grupos en función de las dietas a que se sometieron: baja en grasas, azúcares altos; alta en grasas y azúcares; alta en grasas, azúcares y extracto de té verde; alta en grasas, azúcares y extracto de té negro. Se pesó a los ratones durante una semana.

Lleno de antioxidantes y muchas otras sustancias, el té verde es una de las bebidas más saludables que existen.

Los resultados mostraron que al final del estudio, los ratones a quienes se suministró extractos de los tés habían adelgazado lo mismo que los que se vieron sometidos a la dieta baja en grasas. Y que, además, los que tomaron extracto de té negro también presentaron una cantidad mayor de Pseudobutyrivibrio -una bacteria que influye en el metabolismo- en sus organismos.

Es la primera vez que el té negro se equipara al té verde en lo referente a la salud intestinal.

“Sabíamos que los polifenoles del té verde son más efectivos y tienen más beneficios que los del té negro, pues los compuestos químicos verdes se absorben mejor por la sangre y los tejidos. Nuestros hallazgos muestran que el té negro puede también contribuir, a través de un mecanismo específico de la flora intestinal (o microbioma) a una mejor salud y a la pérdida de peso en humanos”, dijo la Dra. Susanne Henning, autora del estudio. Y añadió que “los amantes del té negro tienen una nueva razón para no cambiarse al verde”.

Eso sí, hay una cortapisa: el té debe tomarse sin leche, lo que es una mala noticia para quienes lo toman con la clásica nube. Los autores recalcan que si bien estos hallazgos podrían avalar el té negro como ayuda para adelgazar, los ratones son muy diferentes a nosotros y la única manera cien por cien segura de adelgazar es una dieta equilibrada y sana complementada con ejercicio.

El estudio se publicó en la revista European Journal of Nutrition.

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Argentina, primero en obesidad en America Latina

El reciente informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no es alentador para Argentina, y es que el país terminó en primer lugar entre los más obesos de Latinoamérica.

Todavía más preocupante, aparece la cifra de obesidad infantil en el país, que asciende al 27,8% de los menores.

En primer lugar, los expertos ponen a la mala alimentación como uno de los principales causantes de esta epidemia de escala global. En segundo término, la OMS señala que la falta de ejercicio es uno de los pilares en la obesidad, tanto en adultos como niños. Por último, la Organización apunta a la calidad de los alimentos y el abuso del consumo de bebidas endulzadas artificialmente, como dos factores a tener en cuenta si se quiere revertir la situación.

Por lo expuesto, los expertos de la OMS realizaron una serie de recomendaciones para las poblaciones con los mayores indicadores de obesidad en nuestro continente. En el caso de Argentina, apuntan a reemplazar el consumo de carne de res, que a la fecha asciende a 57 kilos per cápita en lo que va de 2017.

Hilando fino, los expertos apuntan a reemplazar los cortes más baratos (a los que acceden las clases populares), por otros tipos de carne magros, como el pollo o el pescado. Es que Argentina tiene un mar muy rico en alimentos, así como una extensiva producción de aves de corral, lo que podría favorecer el reemplazo de la carne de res por una opción más saludable, como la carne de pavo.

Mejorar su conocimiento sobre los tipos de calorías que está consumiendo. En el caso de no disponer del tiempo existen aplicaciones para todo tipo de dispositivo</a>, que ayudan a regular el peso mediante una dieta fácil de seguir. Además, muchos de estos programas están relacionados con otros que ofrecen rutinas de ejercicio muy completas, con la posibilidad de llevar un registro de su progreso a lo largo del tiempo. Las claves para mantener o bajar de peso es alimentarse adecuadamente para la cantidad de energía que necesitamos diariamente, pero además realizar ejercicio para quemar todo exceso.

Además, es muy importante alejarse de algunos platos tradicionales argentinos, cuya composición incluye grasas saturadas y otros ingredientes asociados al incremento de peso, como son el asado (cortes grasos como la entraña o achuras), las empanadas, pastelería frita, el dulce de leche y muchos otros. Una buena opción para reemplazarlas es la gastronomía japonesa.

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Obesidad infantil multiplicada por 10, desde 1975

La obesidad ataca también a los más pequeños. Las últimas cifras, recogidas hoy por la revista The Lancet, sostienen el incremento considerable ocurrido en las últimas cuatro décadas. Así, la tasa aumentó de menos del 1% (equivalente a cinco millones de niñas y seis millones de niños) en 1975 hasta casi el 6% en las niñas (50 millones) y casi el 8% en los niños (74 millones) en 2016.

El estudio, publicado un mes antes del Día Mundial de la Obesidad (12 de noviembre), analiza el peso y estatura de casi 130 millones de personas mayores de cinco años –31,5 millones de 5 a 19 años y 97,4 millones de 20 años o más–, lo que lo convierte en el estudio epidemiológico con mayor número de participantes.

Los resultados subrayan que el número de obesos de 5 a 19 años de edad aumentó más de diez veces en el mundo, pasando de 11 millones en la década de los 70 a 124 millones el año pasado. Otros 213 millones se registraron con sobrepeso en 2016, pero en un rango por debajo del umbral de la obesidad.

“En las últimas cuatro décadas, las tasas de obesidad en niños y adolescentes se dispararon en el mundo”, explica Majid Ezzati, investigador del Imperial College de Londres y uno de los autores principales del trabajo.

Según los autores, esta tendencia no hace sino reflejar el impacto de la comercialización de ciertos productos en todo el mundo, con alimentos nutritivos saludables demasiado caros para las comunidades pobres.

El estudio llega en un momento en el que muchos gobiernos comienzan a implementar distintas acciones para frenar la obesidad, como los impuestos a las bebidas azucaradas –una política que está demostrando ser eficaz para mejorar las dietas–.

“La obesidad se encuentra en niveles críticos. El resultado es un terrible aumento del sufrimiento humano, que también conlleva enormes costes económicos”, afirma por su parte Michael R. Bloomberg, embajador de la OMS para las enfermedades no transmisibles.

Al desglosar las cifras país por país, el aumento de las tasas de obesidad infantil y adolescente en los estados con altos ingresos se ha ralentizado y estabilizado. Sin embargo, en los países de ingresos bajos y medios, especialmente en Asia, la tasa se ha visto acelerada en los últimos años.

Con respecto a la tasa de obesidad más alta, en 2016 se dio en Polinesia y Micronesia tanto en niños (22,4%) como niñas (25,4%), seguida por la región de habla inglesa con altos ingresos, es decir, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, Irlanda y el Reino Unido.

Las áreas del mundo con el mayor aumento en el número de niños y adolescentes obesos fueron Asia oriental, la región de habla inglesa de altos ingresos, Oriente Medio y África del Norte. Nauru (Micronesia) fue el país con mayor prevalencia de obesidad en las niñas (33,4%) y las Islas Cook (Pacífico Sur) en los niños (33,3%).

En Europa, las niñas de Malta y los niños de Grecia tuvieron las tasas de obesidad más elevadas, con un 11,3 y un 16,7% de la población, respectivamente; mientras que las niñas y niños de Moldavia tuvieron las tasas más bajas, que comprendían el 3,2 y el 5%, respectivamente.

En cuanto al índice de masa corporal (IMC, una medida que indica si el peso de una persona es saludable), el mayor aumento durante las cuatro décadas se dio en Polinesia y Micronesia tanto para niños como para niñas, y en Centroamérica para las niñas.

De hecho, el país con el mayor aumento en el IMC de las niñas fue Samoa (Polinesia), que incrementó este valor en 5,6 kg/m2, y para los niños fue las islas Cook, con un 4,4 kg/m2 más.

El menor aumento en el IMC durante las cuatro décadas cubiertas por el estudio se observó en Europa oriental. En el caso de España, en 1975 la media del IMC de los jóvenes analizados era de 18,80 para los chicos y de 18,57 para las chicas. A pesar de que en 2016 creció hasta alcanzar un 20,13 y un 20,03, respectivamente, los valores continuan en un rango de peso normal.

Pero si los datos son malos ahora, los expertos sostienen que, de continuar las tendencias posteriores al año 2000, los niveles globales de obesidad infantil y adolescente superarán a los de los jóvenes con bajo peso moderado y severo de la misma edad en 2022.

En 2016, el número global de niñas y niños por debajo del peso normal fue de 75 millones y 117 millones, respectivamente. En estas cuatro décadas, el país con la mayor prevalencia de peso insuficiente ha sido la India (24,4% de las niñas y 39,3% de los niños en 1975, y el 22,7 y el 30,7% en 2016).

El problema radica en que los niños y los adolescentes han pasado rápidamente de ser una mayoría con bajo peso a una mayoría con sobrepeso en muchos países de ingresos medios, incluso en Asia oriental, América Latina y el Caribe.

Para los autores, esto refleja un aumento en el consumo de alimentos calóricos, especialmente carbohidratos altamente procesados que conducen al incremento de peso y a pobres resultados de salud.

Desde hace años, la OMS anima a los países a reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, altos en calorías y pobres en nutrientes, así como el tiempo que los niños gastan en actividades de ocio sedentarias. Una alimentación sana y una vida activa ayudarán a acabar con la lacra de la obesidad en las futuras generaciones.

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Estudian efecto dieta sobre alzheimer

Un grupo de científicos argentinos formará parte de un consorcio internacional seleccionado por la Unión Europea (UE) para estudiar el impacto de la dieta y la microbiota (o flora) intestinal en la progresión de la enfermedad de Alzheimer. El estudio, que arranca en enero de 2018 y se prolongará durante tres años en el marco del programa “EU-LAC Health Neurodegeneration”, apunta a identificar o proponer nuevos enfoques preventivos para una patología que afecta a uno de cada dos mayores de 80 años.

“Si comprobamos que estos factores contribuyen a la aceleración de la enfermedad de Alzheimer, estaríamos en condiciones de diseñar estrategias para retrasar el deterioro cognitivo y aliviar la carga social de la demencia”, señaló la responsable del grupo argentino, la doctora Laura Morelli, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Amiloidosis y Neurodegeneración que lidera el doctor Eduardo Castaño en la Fundación Instituto Leloir (FIL), en Argentina.

“Estamos pensando en intervenciones simples de gran valor agregado”, agregó Morelli, quien junto a otros colegas de la FIL y de Alemania, Chile, España, Portugal y Uruguay recibirán 584.500 euros de la Unión Europea y las agencias financiadoras de cada uno de los países participantes (incluyendo el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva).

Una de las causas o elementos que desencadenan o avivan la neuroinflamación y el subsecuente daño neuronal serían los hábitos alimentarios no saludables y su impacto sobre la microbiota intestinal. “Esto es algo que no se ha estudiado en profundidad”, destacó Morelli, quien también es directora del Programa de Medicina Traslacional para Innovaciones en Investigación, Diagnóstico y Tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer, que cuenta con apoyo de la cartera de ciencia.

Para determinar los mecanismos biológicos que vincularían la dieta y la microbiota intestinal en la progresión del Alzheimer, la red internacional de investigadores realizará estudios en pacientes de Argentina, España y Alemania, así como en modelos animales. “La información que recabemos se volcará a una base de datos para comparar los hallazgos”, subrayó Morelli.

El grupo del Leloir proveerá ratas transgénicas que simulan la enfermedad de Alzheimer para diferenciar los efectos de la dieta de alto contenido de grasas en estadios tempranos y avanzados del deterioro cognitivo. En particular, los científicos buscarán correlacionar alteraciones del aprendizaje y la memoria con la composición de la flora y la presencia de biomarcadores de inflamación en el plasma.

Paralelamente, los investigadores argentinos reclutarán en los centros médicos asociados pacientes con Alzheimer y controles con el propósito de evaluar su alimentación y analizar muestras de heces y de sangre durante un lapso de dos años.

De acuerdo con Morelli, “es preciso redoblar el esfuerzo de transferir los hallazgos de ciencia básica y convertirlos en diagnósticos y tratamientos más efectivos que mejoren la calidad de vida de millones de personas”.

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2016: 2° causa de muerte, la alimentacion

El Global Burden Disease Study (o estudio de carga global de enfermedades), llevado a cabo en 195 países -o sea prácticamente todo el mundo- publicado en The Lancet este mes de septiembre, muestra que el tabaco provocó 7,1 millones de muertes y que la mala alimentación se asoció a uno de cada cinco fallecimientos en 2016.

También encontró que 1.100 millones de personas sufrían trastornos mentales y derivados del abuso de sustancias, y que la depresión mayor estaba entre los 10 principales problemas de salud en todos los países, excepto en cuatro.

Las enfermedades no contagiosas provocaron un 72 por ciento de muertes. A la enfermedad cardiaca, principal causa de muerte prematura, se le atribuyen 9,5 millones de las muertes, lo que supone un aumento del 19 por ciento desde 2006. La diabetes, por su parte, provocó 1,43 millones de fallecimientos, un aumento del 31 por ciento desde el mismo año. El estudio también señaló que las muertes por armas de fuego, guerras y terrorismo han aumentado.

Pero, en general, el informe muestra que las tasas de mortalidad se han reducido en todos los grupos de edad. La mayor disminución tuvo lugar entre los niños menores de 5 años, al reducirse por primera vez a menos de 5 millones en 2016, en comparación con 16,4 millones en 1970, lo que resulta positivo, si es que se puede ver algo positivo en esa cifra de niños menores de cinco años muertos.

El informe está coordinado por el Institute of Health Metrics and Evaluation, de la Universidad de Washington, en Seattle.

“Los hallazgos indican que se vive más tiempo y a lo largo de la última década se ha producido un progreso real en la reducción de tasas de mortalidad por algunas de las peores enfermedades y afecciones existentes, como por ejemplo la malaria y la mortalidad de los menores de 5 años”, comentó el Dr. Christopher Murray, director del IHME.

“Pero a pesar de ese progreso, el mundo se enfrenta a tres problemas que no mejoran en muchos países y comunidades: la obesidad, los conflictos y las enfermedades mentales, incluyendo las derivadas del uso de sustancias”, señaló en un comunicado de prensa de la revista.

El estudio informa de que en 2016 la esperanza de vida era de 75,3 años para las mujeres y de 69,8 años para los hombres. Japón tenía la esperanza de vida más alta: 83,9 años (hombres) y 87 años (mujeres). España se sitúa en segundo lugar, con 81 y 86 años respectivamente. La República Centroafricana tiene la más baja, con una esperanza global de 50,2 años.

En 2016 nacieron vivos 128,8 millones, y murieron un total de 54,7 millones, frente a los 42,8 millones de 1970.

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Ni sal ni azucar, a menores de 1 año

No se debería añadir ni azúcar ni sal durante el primer año vida de un bebé. Después, es conveniente utilizar pequeñas cantidades de sal yodada.

Los edulcorantes artificiales sólo deberían usarse en la infancia como alternativa, cuando otras formas de prevención de la obesidad no sean suficientes, a excepción del uso del chicle sin azúcar para prevenir la caries o su uso en productos farmacéuticos.

Según explica la Asociación Española de Pediatría (AEP) los azúcares se encuentran de forma natural en muchos alimentos, como en los lácteos en forma de lactosa, y en las frutas en forma de fructosa. Sin embargo, muchos alimentos y bebidas tienen azúcares agregados y edulcorantes que, a menudo, aportan calorías sin nutrientes.

En este sentido, recuerda que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Organización Mundial de la Salud (FAO/OMS) aconsejan un consumo de azúcares simples inferior al 10% del valor calórico total de la dieta, tratando de que estos formen parte de una alimentación saludable en la que se limite el consumo de bebidas azucaradas.

“El consumo de azúcares, de un modo equilibrado y natural con los alimentos que lo contienen, tiene propiedades positivas para el organismo (desarrollo de las funciones cognitivas y de la actividad física). No obstante, el abuso de azúcares podría estar relacionado con la diabetes o la obesidad\”, avisa.

Al mismo tiempo, precisa que un edulcorante es un aditivo alimentario que confiere un sabor dulce y que, habitualmente, no aporta o proporciona muy poca energía. “En las últimas décadas ha aumentado su consumo para prevenir la caries y para cumplir las dietas en casos de obesidad o diabetes, por ejemplo”, añade.
En este sentido, el doctor José Manuel Moreno Villares, coordinador del Comité de Nutrición de la AEP, y especialista del servicio de Pediatría en el Hospital 12 de Octubre de Madrid recuerda a Infosalus que no es recomendable que los menores consuman sal en su primer año de vida, “e incluso más adelante tampoco\”, porque su aprendizaje es por exposición.

PROBLEMAS FUTUROS
“Si se aprende a comer salado no se será capaz de comer sin sal y habrá personas con tendencia a tener hipertensión. Aunque el azúcar sea necesaria para hacer funcionar el cuerpo, el sabor dulce no se aprende. Además, la leche materna es dulce y el bebé ya lo sabe”, añade.

Por su parte, Rosaura Leis, profesora titular de pediatría, y especialista del Hospital Clínico de Santiago, señala a Infosalus que los alimentos ya tienen tanto azúcares como sal en su composición.

“No se recomienda añadirlas porque la dieta tiene que ser proporcionada en cuanto a los macro y a los micronutrientes. Por un lado, el dar azúcares añadidos o sal a los niños supera las recomendaciones del aporte de nutrientes a la dieta del niño. Hay que fijar la educación nutricional, en sabores”, subraya la experta.

La también coordinadora del grupo de nutrición pediátrica de la Sociedad española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, destaca que en la actualidad se sabe que es muy importante la alimentación de los niños en sus primeros mil días de vida, ya contando desde el útero materno, y teniendo en cuenta la alimentación de la madre, porque es ahí donde adquiere sus preferencias alimentarias.

“Como ejemplo, los niños que toman lactancia materna les resulta más fácil introducir los alimentos a partir de los seis meses porque la leche de mujer tiene distintos sabores y el niño está acostumbrado a tomar distintos sabores. Es importante destacar la importancia de la nutrición en estos periodos, incluso en la alimentación de la madre, para el desarrollo de enfermedades a largo plazo. Los niños con bajo o mucho peso al nacimiento tienen riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas en edades adultas”, aclara la especialista.

Así, defiende que el poquito de azúcar o de sal hay que marcarlo, y una vez que el niño hace la dieta familiar, a partir del año o de los dos años, se le puede condimentar un poco la comida, \”pero sólo un poco\”. En este sentido, resalta la importancia de que nunca esté en la mesa el salero o la azucarera para que uno se sirva.

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Estar solo sentado, podria matarte

Según la investigación, el riesgo de muerte de las personas sedentarias que no se mueven de la silla es de hasta un 50 por ciento más alto en un periodo de cuatro años. La buena noticia es que hacer una pausa cada media hora, levantarse y caminar un poco ayudaría a reducir ese riesgo.

“Lo más preocupante es que me gusta hacer ejercicio por la mañana y pienso que con eso es suficiente; no lo es, y debería también tener cuidado de no ser sedentario durante periodos largos el resto del día”, apuntó el Dr. Keith Díaz, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y autor del estudio.

“Se trata de algo más que hacer ejercicio”, continuó. “Hay que hacer más. Si se desea tener el riesgo más bajo de morir hay que moverse, ponerse de pie con frecuencia y acabar con los hábitos del sedentarismo. Mucha gente pasa sentada hasta 10 horas al día”.

Pero Díaz advirtió que este estudio, publicado en la revista Annals of Internal Medicine, solo muestra una asociación entre estar sentado y un mayor riesgo de muerte prematura. No puede probar causalidad: que estar sentado provoque el riesgo; y tampoco se sabe exactamente por qué estar sentado durante periodos prolongados se relaciona con ese aumento.

“Hay evidencias que sugieren que quizá se trate de la forma en que el cuerpo gestiona el azúcar en la sangre. Creemos que es a través de algún tipo de problema diabético. Cuando los músculos están inactivos no usan el azúcar de la sangre, y ahora sabemos que el azúcar en la sangre puede tener muy malas consecuencias en el cuerpo. Se cree que un mal control del azúcar en la sangre es una de las formas en que estar sentado aumenta el riesgo de enfermedad cardiaca o muerte”, dijo.

Levantarse y caminar un poco durante unos minutos cada media hora podría ser un cambio conductual importante que quizá reduzca el riesgo de muerte prematura, sugirió Díaz.

En el estudio, Díaz y sus colaboradores revisaron los datos de casi 8.000 adultos de EE. UU. de a partir de 45 años de edad. Los participantes usaron un monitor que midió el tiempo que pasaban sentados.

Los resultados mostraron que de las 16 horas de vigilia de un día, los participantes pasaban poco más de 12 horas sentados. Durante un seguimiento promedio de cuatro años, murieron 340 participantes.

Los que tuvieron el riesgo más bajo de fallecer fueron los que no pasaban más de 30 minutos seguidos sentados.

#NUTRINOTICIAS n Crédito Annals of Internal Medicine